13/06/2005 LEYENDAS URBANAS

Brujas que chillan desde el Villicum

El cerro, ubicado en Albardón, es considerado un centro de energía negativa por quienes creen en la magia negra. Las brujas lo saben y lo aprovechan para sus andanzas, aseguran en la zona, donde el tema es motivo de charla a diario. Daniel Tejada y Jorge Puga

     

El Villicum es uno de los cerros mas conocidos de San Juan. Está cerca del centro y su paisaje agreste y desértico resulta muy atractivo para los turistas. Sin embargo es mucho mas que eso. En el imaginario colectivo este cerro es el escenario donde se monta una versión más de la pelea mas antigua de la humanidad: la lucha entre el Bien y el Mal, la Luz y la Oscuridad. Y ese enfrentamiento ha dejado cicatrices en uno y otro lado.

El lado oscuro de la fuerza son las brujas. Según los testimonios de la zona, ellas se juntan a realizar ritos cerca del cerro, amparadas en lo que se estima una emanación de energía negativa irradiada desde el mismo centro del Villicum. Todas las mañanas se encuentran restos de esos rituales. Círculos de sal, limones, fotos rotas, pelo quemado aun humeante. Esa esa es la marca de las brujas.

Al otro lado, la claridad, lo encarnan muchos fieles católicos, quienes durante el día le rezan a una enorme cruz de cemento entronizada en esas mismas cerranías, donde termina el barrio Villicum, para espantar tanta negrura de espíritu.

Así, día tras día, se perpetua la lucha mas antigua del mundo, ahí nomás, en el cerro más vistoso cuando se mira al Norte desde la ciudad.

Las brujas

En la zona dicen que durante las noches, sobre todo de martes y jueves, es el momento de sus rituales. Se habla de "ellas" y no "ellos", a pesar de que también, dicen, hay hombres entre las brujas. El relato asegura que al cabo del ritual se transforman, dejan su cuerpo, y conquistan volando o deslizándose de alguna otra manera buena parte del espacio cercano al cerro. Eso incluye a villa cabecera de Albardón, que está casi a los pies del Villicum. Por eso cuando muchos albardoneros, de madrugada, oyen chillar a un pájaro desde la copa de un eucalipto o un pimiento, se les hiela la sangre: Interpretan que es una bruja que no puede volver a su cuerpo, que dejó la noche anterior recostado en alguna de las cuevas que hay en el cerro Villicum.

Muchos albardoneros lo cuentan como una rutina diaria. "Las brujas del Villucum se desprenden de la cintura para arriba y se convierten en pájaros durante la noche, pájaros de plumaje negro y rostro humano. Dejan su cuerpo inerte en las cuevas, hasta que regresen de su recorrida maligna. Sus árboles preferidos para posarse son el eucalipto y el pimiento", aseguran casi sin inmutarse.

La clase de brujería se completa: Si un mortal cualquiera da vuelta el cuerpo inerte de una bruja en las cuevas del Villicum, esa bruja se hará presente para cumplirle un deseo con tal de que su cuerpo vuelva a la posición original, de espaldas contra la pared interna de la cueva. Si no lo consigue, jamás podrá regresar a su forma humana.

Según muchos vecinos de Albardón, todo eso pasa en el Villicum y sus alrededores. Con la naturalidad de quien cuenta lo que hizo el día anterior, un joven kiosquero de la villa cabecera repite el comentario que ya está cansado de escuchar en la zona: "Dicen que se ríen. Es como una carcajada lo que hacen, más que un chillido. La mayoría de las veces dicen que son brujos, son varios, no uno solo. También dicen que por ahí hubo casos de haberlos visto peleando".

Cuando uno pregunta en Albardón por las historias de brujas, todos están dispuestos a contar algún relato que escucharon de otra persona. Pero cuando se les dice que es para el diario y se les pregunta si pueden contarlo con nombre y apellido, se cierran inmediatamente.

Explicaciones

"Esto de las brujas es una cultura. Aquí hay mucha gente que te cura hasta el dolor de muela. Es como una tradición que tenemos", completa el kiosquero quien se excusa con un "es que me conoce mucha gente" para no dar su nombre.

Muy pocos son los que hablan abiertamente, más allá de que las charlas acerca de brujas, aparecidos y velas son cosa de todos los días, de comentario obligado en el almacén.

La profesora Patricia Sosa, albardonera de pura cepa y docente del área Lengua en un colegio de ese departamento, se anima a hablar. Explica el fenómeno como parte del "realismo mágico" de la literatura latinoamericana.

El "realismo mágico" data de 1925, como un movimiento posterior al surrealismo, a lo onírico. "Ahora no se contrapone lo real con lo mágico, sino que se complementa", explica la docente. Y da un ejemplo muy suyo: "A mí me contó mi abuela que vivía en una loma y que a las doce de la noche se escuchaba como que afuera arrastraban cadenas. Es real, porque me lo contó mi abuela. Pero no le puedo dar una explicación".

Otro punto de vista llega desde una de las mujeres más señaladas en la zona como bruja, a pesar de que ella misma se indigna cuando la nombran así. Ella entiende, como la profesora, que no hay mucho por explicar. Sin incluirse en el ramo, asegura que la brujería existe y que dentro de ella hay buenos y malos, como en cualquier otro grupo de personas.

A kilómetro y medio de la ruta que comunica Albardón con Ullum está su casa. Ese camino, una sinuosa huella que comunica la ruta 40 con la que va Ullum a la altura de la bahía de las tablas, es uno de los sitios elegidos para los rituales por quienes practican la magia negra. Todo eso dicho por los mismos albardoneros.

En lo de "la bruja" no hay lechuzas en la cornisa ni escobas voladoras, simplemente una vivienda de barrio, con un coqueto jardín en el frente, que sirve de "sala de espera" para las veinte personas que esperan ser atendidas.

La señora dueña de casa atiende gentilmente y habla sólo después de haberle garantizado la reserva de su nombre. Y cero fotografías. Niega ser bruja. Se confiesa "sólo" poseedora de un "don" que debió aprender a usar para no volverse loca hace 27 años, dice. "Hay algo en mí que no lo puedo explicar", sostiene. "Vienen a verme médicos, abogados", asegura. Y remata con un dato numérico: "Yo he hecho 40 exorcismos".

En esos exorcismos afirma haber conversado con el "cola-larga". Siempre cuida no pronunciar su nombre. "Me dijo: te envidio el poder que tenés, que te da el viejo de la chiva", cuenta la mujer que usa un dorado crucifijo. A pocos metros, una mujer ceba mate y otra plancha una prenda. Parece ser una camisa blanca. Ninguna demuestra asombro o susto con el relato de la dueña de casa.

     

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"Es real porque me lo contó mi abuela. Pero no le puedo dar una explicación"

Patricia Sosa, profesora de Literatura

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