30/07/2005 BLANCO & NEGRO

Al "Negro" Ernesto Picot

Dr. Raúl de la Torre

     

Hace muchos años, niños aún, sentados en los viejos tablones de la tribuna de aquel Independiente de Av. España y República del Líbano, esperábamos la salida del equipo a la cancha. Ese día debutaría entre nosotros Ernesto Picot, una figura ya de gran renombre en América, que antes de retirarse venía a probar sus últimos cartuchos a un humilde club de provincia, a darnos un testimonio de grandeza. ¿Cómo fue posible su llegada? No lo sé. Sí puedo asegurar que se trató de algo inusual, que provocó mucha expectación y repercusión en el ambiente deportivo, en esos años cuando las canchas se colmaban y San Juan era habitual campeón argentino del fútbol no amateur.

Picot había jugado en el Santos de Brasil, que fue el equipo insignia de Pelé, en San Lorenzo de Almagro y varias otras instituciones de América. Cuando salió a la cancha, entre murmullos y aplausos de la concurrencia azorada, ya se le notó en el trote elegante y sutil la marca brasileña, y cuando tocó la primera pelota, se le vio la chapa de crack. Esa figura elegante que trataba la redonda como a una criatura o una flor.

Cuando al fin colgó los botines y cuando nada lo hacía sospechar, en lugar de abandonarnos con el recuerdo de su paso brillante por estas tierras, acá se quedó. Acá echó raíces profundas. Eso se le nota cuando habla de esta provincia. Se vinculó luego a Atlético de la Juventud Alianza, hasta nuestros días. En esa institución se dedicó a las divisiones inferiores, donde mostró sus dotes de gran maestro, verdadero padre de tantos chiquillos ilusionados con este deporte.

Hoy es un hombre grande, a la par de su condición de gran ser humano. Por estas calles de una ciudad que le fue cordial y seguramente donde fue feliz haciendo lo que le dicta el corazón, se lo ve a menudo con ese tranco que sólo los de su estirpe poseen.

El deporte sigue dando figuras señeras. Ese ámbito por naturaleza noble, donde sus protagonistas enfrentan sus destrezas en procura de un triunfo, no siempre es usina de éxitos. En el deporte se gana y se pierde; eso es de su esencia. Sin embargo, muchas veces la falta de comprensión de lo que la competencia deportiva significa, lanza a la vida fracasos y dolores, seres destrozados o estrangulados por la ambición absurda.

Don Ernesto (el gran "Negro" Picot) tomó el camino correcto. Usted lo nota en su semblante, esa tranquilidad de espíritu que se le vuela en la mirada transparente, ese rostro que ha sido diseñado por una vida al modo de la belleza, la honradez y el amor a la obra que se emprende.

     

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