EDITORIAL
Anticuerpo del autoritarismo
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Toda política se funda en la opinión pública; la democracia misma se sustenta directamente en ella. No basta el carácter social o colectivo, que por supuesto es esencial, ni tampoco que cada uno sepa que lo saben los demás. Hace falta una condición sutil, pero de extremada importancia: que eso "conste". Cuando en una asamblea alguien solicita que algo "conste en acta" no está pidiendo que se enteren los demás, que lo suscriban o lo apoyen. Simplemente se está requiriendo que tenga existencia pública, es decir, poseyendo una instancia a la cual se pueda recurrir.
Todos saben que han pasado o pasan muchas cosas, perfectamente conocidas y, sin embargo, "no constan", por lo cual no se puede apelar a ellas. La opinión pública, que viene revelada cuando existe la libertad de expresión y de prensa, es un elemento esencial en la convivencia humana y democrática. Cuando un pueblo vive de ignorancias o carencia de verdades, se falsifica la historia y no se poseen los anticuerpos necesarios, capaces de rechazar la falsedad. Estar al servicio de la verdad, aunque cuando ésta venga proclamada pueda molestar a algunos, es colaboración para la efectiva convivencia, permitiendo que pueda ser respetuosa en medio de las discrepancias y que, a pesar de los desacuerdos, no venga herida la concordia.
Según el filósofo español Julián Marías, hay tres formas de comunicación pública: la retórica, la propaganda y la administración. La primera, nacida en Grecia, es el arte de conmover a los hombres sin profanarlos, desde la verdad potenciada por la belleza de la palabra. La propaganda no es otra cosa que la tentativa de influenciar mediante la demagogia a la sociedad. La administración, es la notificación gris e inerte, que impide que la verdad luzca. Verdad -en griego "alétheia"- es desvelamiento, manifestación e iluminación. Si lo real no aparece, no resplandecerá en su verdad.
En estos días, en que el presidente Néstor Kirchner se empeña en descalificar a medios y a periodistas que objetan conductas y cuestionan acciones políticas de su gobierno, convendría recordar lo que en 1787 escribió el presidente norteamericano Thomas Jefferson: "Siendo la base de nuestro gobierno, la opinión del pueblo, si me correspondiera a mí decidir si debiéramos tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría ni un instante en preferir lo segundo". |
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