30 AÑOS DEL GOLPE MILITAR
Los dirigentes del golpe
El gobernador José Luis Gioja contó detalles no conocidos de su detención y de los difíciles días en cautiverio. Monseñor Alfonso Delgado reveló que tiene un hermano desaparecido que formó parte de la Agrupación Montoneros y dirigentes políticos de la provincia relataron qué estaban haciendo el día del golpe e hicieron una reflexión a 30 años de aquellos hechos.
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| CLAUDIO LEIVA |
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Monseñor Alfonso Delgado / Arzobispo de San Juan de Cuyo - "Tengo un hermano desaparecido"
El máximo pastor de la Iglesia sanjuanina, monseñor Alfonso Delgado, contó por primera vez en una entrevista exclusiva con DIARIO DE CUYO que tiene un hermano desaparecido durante la dictadura militar y también relató cómo vivió los días previos al golpe. Sobre el papel de la Iglesia dijo que "hizo lo que pudo" y que le duele cuando dicen que la institución fue "cómplice" de las atrocidades que se estaban cometiendo.
-¿Qué hacía durante los días previos a la caída del gobierno?
-Yo era sacerdote y vivía en ese tiempo en la Ciudad de Córdoba, que se convirtió después en un centro de actividades subversivas y antisubversivas. Antes del golpe el país estaba sumido en un caos de violencia, en la dirigencia social y política, se hablaba de un golpe como si se anticipara la visita de un circo y los medios de comunicación se acoplaban a lo que era políticamente correcto.
-¿Cómo vivió su familia aquellos hechos?
-En mi familia sufrimos muchas dificultades porque un hermano mío es desaparecido. Palpamos de cerca lo que era la violencia.
-¿Qué actividad tenía su hermano?
-Era joven, trabajaba, era un idealista y creo que tuvo vinculación con Montoneros. Tenía en aquel momento 28 años.
-¿Y la Iglesia que hacía en aquellas circunstancias?
-La Iglesia Católica tenía dificultades para hacer llegar a las parroquias una comunicación de la Conferencia Episcopal llamando a la reflexión, a la cordura, a la paz y a la vigencia de la ley. Yo fui ayudado por muchos sacerdotes y tuve que ayudar a muchas personas, consolarlas, porque no teníamos acceso a nada.
-¿Qué papel concreto cumplió la Iglesia?
-La Iglesia hizo lo que pudo, anunciar el Evangelio de Jesucristo en la situación tremenda que vivió el país, con los datos y los conocimientos que se tenían en ese momento. Con el tiempo se vivió que tras el golpe se usaban las mismas tácticas de los terroristas, no había ninguna vigencia de la ley y se cometían impunidades, pero revestidos de toda la fuerza de la autoridad de la Nación. Me duele mucho que la dirigencia, los medios, las instituciones que en aquel momento se arrodillaron ante el sistema aparecieron después cuando volvió la vida democrática como acusando a la Iglesia de complicidad, cuando esta hizo lo que se podía hacer.
-¿La Iglesia hizo una revisión de cómo actuó?
-Hemos examinado esa conducta y hemos visto que quizás podríamos haber hecho mucho más, pero en aquel momento se hizo lo que se pudo, al margen de alguna conducta concreta de algún eclesiástico que quizás con alguna ideología podía expresar su opinión personal, que no reflejaba la voz de la Iglesia.
-¿Qué reflexión hace a 30 años del golpe?
-Creo que la historia nos debe ayudar a reconciliarnos entre nosotros, a mirarnos como hermanos, a no discriminarnos políticamente, religiosamente, socialmente, por ser de la capital o del interior o por tener la nariz torcida o derecha. Saber que hay caminos marcados por la ley para ejercer nuestra condición de ciudadanos, que no se ejerce solamente en el voto sino cada día, sumando al bien común de la sociedad.
La experiencia del gobernador José Luis Gioja - De paquetes de Jockey Club y visitas de encapuchados
No lo recuerda bien, pero sabe que estaba en un hotel de Buenos Aires, cree que esperando ver un partido de fútbol, cuando empezó a sonar una marcha en la radio y en la televisión. Entonces, José Luis Gioja confirmó un miedo que ya llevaba. El golpe militar era un hecho que le habían preanunciado en sus círculos más íntimos, porque él estaba como interventor del IPV como funcionario del peronista Eloy Camus.
Entonces, se tomó un tren y llegó a San Juan un viernes, encontrando un panorama desolador: su hermano César, entonces el más joven diputado que tenía la Legislatura provincial, ya estaba entre rejas. Su padre, que había conseguido la libertad cuando capturaron al mayor de los Gioja, le dijo a su hijo apenas llegó, que lo andaban buscando. José Luis se escondió en la casa de un cuñado.
Se levantó temprano ese lunes, y se fue a despedir del personal del IPV. Hasta ahí llegó "la chancha" policial y lo detuvieron, sin forcejeos, ante los ojos de Gutiérrez -el entonces ministro de Obras- y de todos los empleados.
Llegó al Penal, tras una breve estadía en la Central, y empezaron los golpes, que siguieron hasta que lo alojaron en un centro clandestino de detención, justo debajo de las tribunas del Estadio Cubierto, donde iban a parar los presos políticos, especialmente los que eran funcionarios.
Perdió la noción del tiempo, pero estuvo como 3 días soportando la rigidez del trato militar, con los ojos vendados y las manos atadas. César también estaba ahí, muy cerca, recibiendo los mismos rigores.
Adentro, a los presos los paraban en filita, pasaban lista y el que daba un paso al frente, lo trasladaban, con destino incierto. En ese reparto, César fue llevado a La Plata, donde el régimen se ponía aún más duro.
José Luis Gioja contó 9 meses y 3 días de prisión, resguardado de la desaparición forzosa bajo el rótulo de preso a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, el registro por el que confiaba seguir con vida.
Rosa lo esperaba en su casa, con dos de sus hijos pequeños y uno en camino. Con ella se habían comunicado a través de las cartas que pudo mandarle a través de un capellán del Penal, como Mazón, o a través de algún gendarme amigo, como Aballay, de los que recuerda hoy muy bien sus apellidos. En tiempos de celda, hasta el envoltorio de los cigarrillos se convertía en un buen papel de carta, como el que muestra la foto, con un pedido y cariños de José Luis para Rosa.
Ya libre, la pesadilla se reeditó para el primer aniversario del golpe, en marzo de 1977. Una decena de encapuchados con traje militar le golpearon la puerta en el Barrio Edilco. Rosa fue llevada a la habitación mientras José Luis pensaba en gritar por ayuda. Creyó que los días en la oscuridad volvían a su vida.
Respiró cuando vio cómo los hombres desvalijaban la casa, sin hacerle daño a la familia. Hasta un Dodge, que tenía maña para arrancar, y que tuvieron que llevarse empujándolo. Por el susto, se refugió una semana con la familia en la Iglesia de Andacollo, con asistencia del padre Paquito. Y se fue a vivir a Buenos Aires, donde nació su hijo y hasta que volvió la tranquilidad.
Wbaldino Acosta - Partido Bloquista
- Por aquel entonces ya era abogado y presidente del Colegio de Abogados de la provincia. El día del golpe, a las 9, estaba en la mesa de entradas de la Corte de Justicia porque había ido a pedir el expediente de un accidente de tránsito. Fue el último fallo de esa Corte integrada por Castellano, De León y Vitta, porque fueron destituidos esa mañana y ellos habían firmado el escrito la tarde anterior.
- A la distancia puedo decir que se trató de un pronunciamiento militar que interrumpió el orden institucional de la república de modo que, al apartarse groseramente de la norma constitucional, trajo como consecuencia el desorden en el país, que luego se tradujo en una suerte de anarquía social. Con solamente haber respetado la estabilidad institucional, naturalmente se hubiese corregido la situación.
Alfredo Avelín - Cruzada Renovadora
- El golpe militar me encontró en el consultorio de mi casa, en la avenida Córdoba 236 Oeste, que es donde vivo actualmente. Estaba atendiendo mis pacientes cuando escuché la radio y me enteré de lo que estaba pasando. Sentí una gran tristeza porque lo ideal hubiera sido que adelanten las elecciones, como intenté hacer yo durante mi gobierno, pero no me dejaron.
- Todo golpe de Estado es una lesión a la pulpa de la democracia por cuanto no se respeta la voluntad soberana del pueblo. Me parece bien que haya conciencia en los dirigentes políticos y en los gobernantes sobre que no deben existir los golpes de Estado. Vale la pena acudir al pueblo cuando hay dificultades para que se manifieste como expresión soberana, nos guste o no el resultado.
Rodolfo Colombo - Actuar
- Ese día había en mi casa de la calle Mitre una gran conmoción. El teléfono no paraba de sonar porque mi padre, Ricardo Colombo, era el presidente de la UCR de San Juan. Luego la casa de llenó de gente, eran todos dirigentes preocupados. A los pocos días viajó a Buenos Aires para reunirse con Ricardo Balbín. Mi padre estaba muy afligido y hasta lo ví lagrimear.
- Creo que el mejor homenaje que podemos rendir a los que dieron su vida es honrar la política y participar en la toma de decisiones. Con la democracia que se recobró en el \'83 los políticos todavía estamos en deuda. Es que todavía queda mejorar las instituciones, darles calidad y avanzar con una nueva dirigencia política, porque la conducción actual es la misma de hace 20 años.
Roberto Basualdo - Producción y Trabajo
- Por aquel entonces ya había empezado a estudiar Administración de Empresas en la Facultad de Ciencias Sociales. Ese día había ido a trabajar al supermercado que tenía mi padre y me encontré con la noticia del golpe. Lo que no voy a olvidar es que esa misma noche los militares fueron hasta el negocio a pedir mercadería y por supuesto no pagaron.
- Ahora, con la democracia, podemos elegir, bien o mal, se puede hablar, opinar y nadie impone a las autoridades. El golpe fue un retroceso grande para el país y la peor masacre de la historia contemporánea son los desaparecidos. Además, la dictadura significó un retroceso económico para el país y para Argentina fue un retroceso frente al resto de los países del mundo.
Enrique Conti - Partido Bloquista
- Yo era estudiante de Ciencias Económicas en la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza, y estaba por entrar a segundo año de la carrera de contador. Justamente ese día tenía que rendir Derecho Civil I, pero suspendieron la mesa. Estábamos repasando y escuchamos por la radio las primeras noticias del golpe. Me quedé en Mendoza, pero todo cambió y hasta nos palpaban para entrar a las aulas.
- El golpe militar fue la conclusión de un desgobierno grande. Los políticos debemos tener la habilidad de mantener la institucionalidad, como lo hizo después Alfonsín, cuando se fue antes del gobierno y le dejó el cargo a Menem. Creo también que fue una atrocidad hacer desaparecer gente y apropiarse de los hijos de los desaparecidos porque, como somos los argentinos, todos miraban para otro lado.
Alfredo Marún - Unión Cívica Radical
- Era estudiante de Ciencias Económicas en la Universidad Católica de Cuyo pero, además de los estudios, ya había empezado a trabajar en la bodega y en la finca que eran propiedad de la familia. Justo ese día estaba en la bodega y escuché por la radio la noticia del golpe. Aunque todavía no había empezado a militar en política ni lo tenía planeado, sentí una gran preocupación por lo que estaba pasando.
- Debemos reflexionar como sociedad sobre todo lo que nos pasó y la sociedad debe dialogar consigo misma y actuar en consecuencia para que esta fecha no se congele como un mero hecho histórico. Solo así, con la verdad, reconociendo nuestros errores y sin sentido de revancha y pidiendo perdón, podremos limpiar las heridas para poder reconciliarnos con nosotros mismos, con nuestros hermanos y fundamentalmente con nuestra historia.
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| Monseñor Alfonso Delgado - Arzobispo de San Juan de Cuyo |
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