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Gustavo
El desafío. Apenas llegó a Malvinas, Gustavo rindió su homenaje a los caídos mendocinos en el cementerio. Varios días le demandó armar la logística para la prueba, en la que fue acompañado por dos embarcaciones.
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UNIÓ A NADO LAS DOS ISLAS EN MENOS DE DOS HORAS
Gustavo Oriozabala, el otro héroe de Malvinas
Es mendocino y su hazaña fue vista el domingo pasado por América 2.
Mendoza, Corresponsal

A los 35 años, el nadador mendocino Gustavo Oriozabala se ha dado casi todos los gustos en esto de desafiar las correntadas en varias partes del mundo, en aguas cálidas o entre hielos, en ríos, estrechos, lagos o mar abierto. Pero nunca como ahora el corazón le latió tan fuerte y jamás había lagrimeado tanto al tocar tierra, como lo hizo el 21 de marzo pasado.

Es que ese día, tras ser el primero en unir las dos islas Malvinas -Gran Malvina y Soledad- nadando a través de las heladas aguas del estrecho que las une -entre Saint Mont y puerto San Carlos- Gustavo, al borde del congelamiento, rindió emocionado su homenaje a los caídos y sobrevivientes de la Guerra de Malvinas, de la cual se cumplieron 24 años el domingo pasado.

Esta gesta en recordación -denominada Malvinas, el gran desafío- se filmó íntegramente con apoyo de varias empresas y medios de difusión locales y nacionales (Grupo Vila y América 2) y fue emitido para todo el país el domingo pasado a las 23 por América TV, con la conducción del periodista Facundo Pastor.

"Sabía que iba a ser la prueba más exigente, porque desde hace más de dos años cuando la imaginamos con un grupo de amigos, tuvo una carga emotiva muy fuerte. Y ya en el agua, desde el arranque estuve muy emocionado por estar en el sitio en que combatieron nuestros hombres", dijo ayer Gustavo a la prensa, convertido en el héroe del día.

"Dos veces estuve a punto de ceder por el intenso frío del agua (NdelaR: entre 3 y 5 grados), el viento y el fuerte oleaje que me provocaban casi hipotermia y me retardaban el avance, pero creo que precisamente la emoción me mantuvo firme. El apoyo del grupo que me acompañaba y el recuerdo de Malvinas me llevó hasta la costa", agregó.

Tras años de gestiones para lograr el permiso, este desafío fue el punto más alto en la vida de grandes desafíos de Oriozabala, que ya sabe del cruce del Canal de la Mancha (1993), de Paraná a Rosario (1994, récord mundial); del Río de la Plata (1997), del Estrecho de Magallanes (ida y vuelta, 2001) y del Canal de Beagle (2003), entre otros, porque no sólo era su proeza sino una "obligación" -como manifestó en el documental- para con los muertos y sobrevivientes de la Guerra.

"Desde 1988 que vivo dedicado a estos desafíos, pero éste fue concebido como mucho más que una gesta deportiva. El propósito fue homenajear con este esfuerzo a nuestros héroes. Aquí puso su esfuerzo mucha gente", expresó agradecido.

Aún no sabe si persistirá en estas cruzadas contra la adversidad, pero Oriozabala -un especialista en aguas abiertas, que fue campeón argentino de la especialidad en 1988 y en 1992 fue segundo a nivel mundial en Canadá- dice que es "lo máximo que he podido hacer, no sólo por la adversidad y la entrega deportiva, sino por la carga emotiva que me animó siempre. Va a ser difícil encontrar algo más motivador", dijo.

Gustavo -que con otro socio, se dedicó a los natatorios y a los spa (aquí son muy conocidos los centros de deportes, rehabilitación y recuperación física, que ha montado en la capital mendocina)- unió las islas por el Estrecho de San Carlos en la parte más angosta (poco más de 8 kilómetros).

En la primera parte, el nadador estuvo acompañado en el agua por su médico Eduardo Alonso -lo ha seguido en todas sus travesías- y untó su cuerpo con una mezcla de lanonina y vaselina, para evitar el shock que produce el tomar contacto con el agua helada.

Cuando concluyó la prueba, al tocar tierra, Oriozabala registraba una temperatura corporal de 31 grados y presentaba un cuadro de hipotermia. En los últimos tramos, paró el braceo dos veces porque el frío parecía detenerlo, pero por la asistencia de los profesionales, amigos y periodistas que lo acompañaron, completó el esfuerzo en poco más de una hora y media.

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