EDITORIAL
La prevención del suicidio
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La Organización Mundial de la Salud estima que las muertes por suicidio ascenderán a 1,5 millones en el 2020, en tanto especialistas argentinos piden un plan nacional para la prevención de ese fenómeno que afecta especialmente a jóvenes en situación de urgencia social, en el que converjan salud y educación.
En nuestro país hay un suicidio cada tres horas, con una tasa de mortalidad superior a 8 cada 100.000 habitantes, menor a la de los países más afectados, pero podría bajar si hubiera un plan global. Las últimas Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud de la Nación, indican que 3.137 personas se quitaron la vida en el 2004: 2.482 hombres y 655 mujeres. De aquel total, 814 personas que se suicidaron el último año tenían entre 15 y 24 años, una franja donde se concentra el 25% de los suicidios. La escuela es el lugar ideal para hacer la prevención y detectar el sujeto en riesgo, pero además son indispensables las redes sociales de apoyo, que contienen a las personas con crisis suicidas, al igual que la intervención del Estado para revertir esta tasa de mortalidad.
La intención expresa de un adolescente de quitarse la vida, nunca debería ser desatendida, aún cuando algunos de estos chicos no vayan a efectivamente intentar suicidarse. Lo importante es que algunos sí lo harán, según indican las estadísticas. Sin embargo, para no pocos especialistas en problemáticas adolescentes, muchos de los intentos pueden ser confundidos por profesionales poco experimentados con conductas transgresoras y descontrol en el comportamiento. Cuando un adolescente expresa tener serios problemas emocionales y, especialmente, cuando hace verbal su deseo de no vivir más, quienes lo asisten o conviven con él, no deben minimizar en absoluto ese riesgo. La mayoría de los jóvenes que se suicidan manifestaron su deseo de morir o, concretamente, amenazaron con suicidarse.
En una sociedad consumista que prepara casi exclusivamente para el éxito a toda costa será difícil superar confiadamente la angustia, el temor grave ante las dificultades y el mismo sufrimiento. De ahí que formar en la fortaleza desde la niñez y la juventud ayudará a descubrir que la vida siempre tiene sentido y que merece vivirse en serio. |
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