Jueves, 23 de Noviembre de 2006 | San Juan, República Argentina Registrar | Contáctenos | Ayuda

EDITORIAL
Los EEUU ante otro Vietnam

George W. Bush, al llegar a Hanoi, dijo que "Treinta años atrás, Vietnam nos dio una lección. No nos iremos de Irak y venceremos si no nos retiramos". Las palabras del presidente en la cumbre del XIV Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) no parecen las más adecuadas por el lugar elegido, ya que la guerra entablada por Estados Unidos en aquel país es una herida abierta aún hoy en la conciencia norteamericana.

El conflicto iraquí corre el riesgo de seguir la misma huella vietnamita si es que no se encuentra una solución eficaz. El cansancio y la preocupación por parte de la opinión pública estadounidense respecto a Irak no se han convertido aún en un pedido explícito de retiro inmediato e incondicionado de las tropas. La misma elite del Partido Demócrata, que durante la reciente campaña electoral ha legítimamente subrayado el fracaso de Bush en la conducción de la guerra, no ha elaborado todavía una estrategia alternativa a la actual y se muestra reticente respecto a la idea de que todos los soldados regresen. Más aún, los representantes demócratas que debían elegir al reemplazante de Nancy Pelosi convertida en presidenta de la Cámara de Representantes, han descartado a John Murta quien siempre se mostró favorable a un retiro militar al estilo del presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, y han decidido optar por un moderado como es Stany Hoyer.

El punto neurálgico de cualquier reflexión al respecto lo constituye el hecho de que la guerra en Irak nunca debería haber comenzado. Frente a la situación actual, un Irak abandonado a sí mismo, al vaivén de la anarquía o de la guerra civil, se agravaría más aún las consecuencias marcadas por una incertidumbre letal. Hasta este momento el número de bajas aliadas en Irak y Afganistán ha casi superado el de las víctimas del 11-S.

La guerra se encuentra en el epílogo de su cuarto año y se hace difícil percibir la conclusión, pero nos encontramos muy lejos de los casi tres lustros que duró la guerra en Vietnam. En ésta, Henry Kissinger y Richard Nixon fueron capaces de salir del Sudeste asiático, ya que esa era la condición para conseguir el apoyo chino en clave antisoviética. Así pues, para ganar a China, los EEUU decidieron que Vietnam era sacrificable, pero Medio Oriente no es el Sudeste asiático. Y no se percibe a cambio de qué y a favor de quién, el país del Norte podría aceptar "un nuevo Vietnam".
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