REALIDAD
La meta es convivir
"No se debe claudicar en el desarrollo del pensamiento humanista ni en la restauración de los códigos de vida. No se puede criticar a la juventud sin hacer nada por ella."
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| Lena Burtin - DIARIO DE CUYO |
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La comunidad argentina está bajo la presión de síntomas que tiempos atrás hubieran sido inimaginables. La violencia escolar, la negación de la realidad y los constantes estados de duda y confusión que a menudo se generan, demandan una interpretación más profunda de los hechos para revertir ciertas deformaciones sociales que apuntan.
El ser humano necesita vivir con seguridad y ser receptor de la verdad de todos los acontecimientos de la vida cotidiana que lo involucren para poder proyectar y construir su propia vida y sumar su esfuerzo a causas comunes. Eso es lo que necesita el ciudadano y la comunidad a la cual pertenece. Empecemos -entonces- por reconocer la realidad.
Violencia escolar. Que un chico de 12 años degüelle a un compañero de la escuela después de haber planificado el crimen como sucedió en Corrientes, no es un hecho común dentro de lo que ya se empieza a observar como una gran perturbación en el ámbito educativo. Dicho suceso puede ser jurídicamente calificado con ciertas precisiones pero sería conveniente que se convirtiera en el portal de una reflexión que no hay que demorar.
Hay sumas nefastas. Cinco ladrones -varios de ellos adolescentes- ingresaron a un ciber de Moreno, se apoderaron del dinero de la caja y exigieron las pertenencias a los clientes. Algunos se resistieron y tres personas recibieron heridas cortantes. En Mataderos -el mismo día- ingresaron a una casa para robar, dos de los apresados tenían 16 años.
Estos hechos tienen distintos orígenes y todos deben ser interpretados, pero sólo uno es el básico y fundamental: hay una crisis de valores sin precedentes en el mundo juvenil pero con signos muy especiales según las regiones, Sudamérica es en ese sentido todo un tema. Y, hay comparaciones sencillas: en Europa, la educación es un tema que está en permanente discusión e innovación y en Europa central la situación cambia favorablemente porque la ciudadanía es más educada.
La Argentina tuvo una población muy educada pero se está produciendo un deterioro acelerado desde arriba hacia abajo. Se habla y se actúa de tal manera que lo primero que queda al descubierto es la pérdida de los códigos de la convivencia.
¿Qué son los códigos...? Son conjuntos de normas que regulan las actividades humanas. ¿Y qué pasa cuando no se observan los códigos....?. Se desvirtúa algo. Vamos a dar un ejemplo en una afirmación pública del Ministro del Interior, Aníbal Fernández, en un momento en el que pareció no poder responder cuando le preguntaron sobre los gastos de la campaña oficial para las elecciones. Dijo..."lo que no está prohibido está permitido, en nuestro país...". (Radio Continental 7.20 am del miércoles 3).
Si ésto fuera verdad quedaría un espacio infinito para hacer libremente todo aquello que no esté contenido en una prohibición legal, lo que es impensable.
Por ello, es necesario establecer un compromiso común -familias, escuelas, medios...- para no alejarse de lo que es verdad y hay que repetir y enseñar que el desarrollo del pensamiento humanista es la base del recto conocimiento de la vida y que por ello incorpora naturalmente el derecho de los otros.
Cuando no se dice la verdad una o dos veces la gente duda y la duda corta todas las posibilidades ordenadas, tal como lo dijo hace más de 250 años el gran poeta germano Goethe. Y esta afirmación que arranca de una fuente poético-filosófica, se puede comprobar fácilmente en la vida diaria personal y comunitaria.
Un ejemplo en estos momentos es el de la inflación que se menciona oficialmente con la negación o con verdades a medias pese la experiencia cotidiana que todos tenemos. Al respecto, hay una estadística que no se divulgó mucho y que se hizo para el presidente Néstor Kirchner y su esposa. Los resultados generales indican que el 72.7% de los consultados está preocupado por la inflación y el 64.5% -de ellos- muy preocupados, en tanto el 77% de los encuestados no cree en las estadísticas oficiales.
¿A quién le conviene generar la desconfianza implícita en el mencionado 77%?. A nadie. Ni al gobierno que niega ni a la ciudadanía que está preocupada y o sufre.
Convivir es -sin dudas- un mandato irrenunciable en esta época en la que el mundo vive aceleradamente experiencias que nunca supuso. Acechan peligros como un ataque nuclear -según mandatarios de Francia y Alemania- la contaminación de la atmósfera y el agua, la escasez de energías convencionales están en las puertas de la realidad cotidiana y se avecina la escasez de agua potable. Entonces, cómo enfrentar la vida y sus acontecimientos sino a través de la convivencia que es simple y profundamente vivir en compañía de otros.
No se debe claudicar en el desarrollo del pensamiento humanista ni en la restauración de los códigos de vida. No se puede criticar a la juventud sin hacer nada por ella y no se puede hablar de futuro alegremente si no nos sumamos a las causas que beneficien y multipliquen las oportunidades para al alcanzar una real convivencia ciudadana. |
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