15/10/2007 BLANCO & NEGRO

La indiferencia cívica

Antonio Claro - Profesor en Letras

     

La Constitución de la Nación Argentina, establece que el pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes. Para tal fin elige a las autoridades que deben gobernar, por medio del voto o sufragio, en los comicios convocados en jurisdicción de su domicilio. Imprescindible resulta que la ciudadanía acreciente paulatinamente su capacidad de juicio y responsabilidad, para consagrar como representantes a aquellas personas capacitadas moral e intelectualmente, para dirigir con acierto la marcha del país.

La ley rodea a los ciudadanos de las suficientes garantías, para que puedan sufragar sin trabas de ninguna especie. Se necesita fundamentalmente que los votantes posean la educación cívica suficiente para no desentenderse de todo lo que atañe a los problemas políticos: su voto puede ser decisivo; su indiferencia y abstención fatal. Máxime en un mundo en que pretenden imponerse sistemas que intentan violar las leyes naturales de la libertad, la seguridad y dignidad del hombre. Inculcar a la juventud, que hoy acude a las aulas argentinas, el entusiasmo de lo nacional, el conocimiento de los problemas que en la actualidad aquejan al país e interiorizarse de su verdadera historia.

Por su parte a los órganos de difusión de la opinión publica y a los partidos políticos, les compete una gran responsabilidad en la educación democrática del pueblo, bregar por la exaltación de los valores cívicos e incentivar una participación cada vez mayor.

La ley electoral de 1912, conocida también con el nombre de su inspirador Roque Sáenz Peña, fue precisamente la que estableció la obligatoriedad del voto, a fin de lograr un mayor caudal de sufragantes e imponiendo sanción, a aquellos electores que sin causa justificada, dejaran de emitir su voto, en toda jornada electoral, convocada en su distrito.

La educación política, es la única fuerza capaz de despertar, el interés por la cosa publica, asociado al cumplimiento por parte de los políticos de sus proyectos electorales, que son los que contribuyen a reavivar en los individuos la fe en el sistema democrático y en las instituciones republicanas.

     

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