Domingo, 18 de Noviembre de 2007 | San Juan, República Argentina Registrar | Contáctenos | Ayuda

 
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EDICIÓN ESPECIAL
Los pétalos del vino
La rosicultora María Inés Peñafort de Montes realizó una minuciosa investigación acerca de la relación que existe entre la vid y el rosal. Encontró que ambas plantas comparten una sociedad de armonía perfecta a partir de sus características de rusticidad y nobleza.
Fotos y texto: María Inés Peñafort de Montes, Presidenta y Jurado de la Asociación Argentina de Rosicultura Filial San Juan.





El rosal y la vid conforman una sociedad ideal. comparten numerosas características, necesidades y expresiones, que se manifiestan en sus soberbios frutos: la rosa y el vino.

En esto se basa una minuciosa investigación de la rosicultora María Inés Peñafort de Montes, tarea que tuvo su corolario en la integración a gran escala de rosales y viñas en los campos de la Bodega Casa Montes, ubicados en la localidad de Pozo de los Algarrobos, Caucete.

El texto del trabajo, del cual se publica un extracto a continuación, será expuesto próximamente por la autora ante un auditorio internacional en la ciudad de Vancouver, Canadá.

La asociación de los rosales y los viñedos es un ensamble tan armónico que parece que siempre se hubiera dado así.

Los rosales y sus esplendorosas flores acompañan al hombre en los más diversos climas y latitudes, encontrando siempre adaptación en todas las partes del mundo. Por eso en San Juan, zona desértica con soles brillantes y cielos luminosos, la rosa adquiere una expresión llamativa en colores y aromas, que retribuye con otro deleite y otro encanto a los rosicultores sanjuaninos, que han aprendido que una rosa, en nuestro suelo, es un regalo de Dios.

PORQUE LOS ROSALES JUNTO A LA VIDES



En el año 1851, en Francia, específicamente en Borgoña, se difundió una gran enfermedad (procedente de Bélgica) en los viñedos llamada oidio. Pronto se identificó como una forma de mildiu llamada Oidium tuckeri, de origen inglés. Sus esporas se propagaron con gran velocidad, de manera que en dos años la región se vio presa del pánico. Nunca antes la vid se había enfrentado a una enfermedad tan seria.

El oidio atacó a diferentes variedades de vides y en tipos distintos de suelos. Mató los brotes tiernos de las plantas y redujo prácticamente a nada la cosecha. Solamente la Iglesia Católica, que necesitaba vino para celebrar las misas, era capaz de garantizar su continuidad y la supervivencia de la vitivinicultura.

Los viñedos se encontraban precisamente alrededor de monasterios y catedrales. Los monjes cistercienses de Borgoña fueron los primeros en estudiar el suelo, llegando incluso a llevarse a la boca la tierra para tener una percepción más aguda de sus cualidades y de sus anomalías. Se los describe realmente como geólogos que se valían de nariz y paladar para conocer la estructura del suelo de cada región.

Fueron además los primeros en transformar los viñedos seleccionando las mejores plantas, en experimentar con la poda y en elegir las parcelas no expuestas a las heladas, que eran las que daban las uvas más maduras. Y aquí aparece nuestro tema: cercaban sus mejores viñedos con rosales.

Cuando el oidio entró en Europa los monjes cistercienses pudieron salvar sus vides, ya que los rosales fueron los primeros en contaminarse con la enfermedad, anticipando el problema. Los religiosos aplicaron entonces una cura a sus rosales, que consistía en espolvorear las plantas con azufre. Luego lo hicieron en sus parras, que poco a poco recobraron su salud. Así, aplicaron desde entonces regularmente esta receta. Hoy la mezcla de azufre y agua se llama caldo bordelés, y se sigue utilizando en la mayoría de los viñedos.

Los rosales se convirtieron desde entonces en plantas avisadoras de enfermedades para el viñatero. Por este motivo, y heredando las costumbres de nuestros antepasados, hoy plantamos rosales junto a las vides, ya que también influyen en el ambiente con su aroma embriagador. Por ejemplo, en Persia el poeta Hafiz tenía la costumbre de beber los agrestes vinos de la época mezclados con esencia de rosas para mejorar su sabor.

CULTIVO EN POZO DE LOS ALGARROBOS

A continuación me referiré al cultivo de rosales basada solamente en mi experiencia en San Juan, como conocedora de su clima, suelo y con la pasión que me despertó esta flor que nunca acaba de sorprendernos.

En el año 2005 comenzamos plantando rosales en los cercos de la finca de la Bodega Casa Montes, en la localidad de Pozo de los Algarrobos (Caucete). Se escogieron trepadores como Don Juan y Heidelberg, éste último con un crecimiento arbustivo muy marcado y al que, por lo tanto, no le dimos tratamiento de apoyante.

Luego, ya en el 2006, la selección fue más difícil, porque los rosales se plantarían directamente junto a las vides. Después de un exhaustivo estudio de rosas modernas que reunieran las condiciones de avisadoras de enfermedades y que cumplieran con las exigencias de armonizar colores y aromas entre las rosas y las variedades de nuestras uvas, llegamos a la siguiente conclusión: el rosal sería Híbrido de Té. Para las uvas tintas elegimos rosas rojas y perfumadas, como Mister Lincoln, Perle Noire, Víctor Hugo y Pharaon. Para las uvas blancas el color ideal fue el de las Just Joey y Gloria Dei, también perfumadas.

Para asegurarnos la excelencia de nuestros futuros rosales, se encargaron en el mes de enero a Los Alamos de Rosauer después de largas interconsultas telefónicas con Juan José Rosauer, su titular.

Contábamos en la finca de Pozo de los Algarrobos con muy buen suelo; la composición de la tierra era la correcta, a la cual había que agregarle como es sabido compost (materia orgánica). Pero no queríamos traer nada de afuera, ya que nuestro fin era usar todos los elementos naturales que nos proporcionaban la finca y la bodega. Así fue que investigamos hasta que descubrimos el famoso orujo agotado, que no es más que el deshecho de la molienda compuesto por el hollejo y la semilla de la uva. Estos sobrantes (orujo fermentado) son trasladados a una planta de tratamiento, donde se los somete a altas temperaturas para el agotamiento del alcohol contenido en el orujo por arrastre de vapor.

El orujo agotado queda transformado en una materia orgánica excelente, aportando los elementos fertilizantes de su composición química con los siguientes promedios: nitrógeno, de 1,2 a 1,6 %; fósforo, de 1,8 a 2,10%; y potasio de 2,5 a 3,10%, con un pH neutro.

Fue un logro maravilloso: decidimos hacer una mezcla con el 50% de tierra de la finca y el 50% de orujo agotado. Luego se hicieron los pozos para probar el drenaje del suelo, con muy buenos resultados. En un lugar cercano preparamos nuestra tierra, que trasladábamos en catangos.

El 22 de junio llegaron los ansiados rosales en cajas, con su embalaje correcto. Fue emotivo ver las plantas con mucho vigor en sus raíces, con buen injerto y vigorosos tallos que anunciaban buenos augurios. Fueron mantenidas 48 horas en agua para la hidratación en un galpón sin luz y tapadas. Luego emprendimos la tarea: plantamos los rosales con nuestra tierra ya preparada, se los cubrió totalmente con pasto seco de fardo y arriba se les colocó una palada de tierra para que los vientos no volaran la cubierta.

Nuestro temor era el zonda, viento muy cálido que sopla en nuestra provincia, que podía quemar los brotes incluso más que alguna helada. Al cabo de tres semanas asomaron unos brotes; luego, a las seis semanas los descubrimos con muchísimo cuidado, encontrándonos con plantas extraordinarias. Sus yemas habían explotado y sus hojas rojizas anunciaban que la plantación había resultado un éxito. Sólo restaba regarlos regularmente: primero una vez por semana y luego dos veces, dependiendo del clima y teniendo en cuenta la evaporación producida por el calor y la humedad del ambiente.

El agua para el riego llega por ríos y canales desde las altas cumbres de la cordillera, donde la nieve acumulada en el invierno se derrite en el período estival. Así llega por acequias impermeabilizadas hasta el reservorio de la finca, que es el lugar donde se almacena el agua. Mide 80 metros de ancho por 120 de largo, conteniendo 55 millones de litros de agua que luego es distribuida por tuberías y mangueras para el riego por goteo. El cauce del río San Juan no atraviesa poblaciones importantes, establecimientos ganaderos o explotaciones de otro tipo, por lo que no arrastra elementos indeseables y se mantiene en un pH neutro.

Cada rosal cuenta con su riego totalmente independiente de las viñas, con dos goteos continuos de hasta 12 litros por hora cada uno. En verano, cuando la temperatura es alta, se regula para que cada rosal reciba de 36 a 38 litros de agua por semana.

El pequeño equipo de rosicultores que formamos para realizar esta tarea nos sentimos orgullosos, pues en 350 rosales no tuvimos ninguna baja. Los resultados obtenidos indican la satisfactoria adaptación de la planta a su nuevo hábitat: en el término de seis meses ya estaban rustificadas totalmente. Esto se logró gracias a los siguientes elementos:

. La gran calidad de rosales, que con cuidada técnica y vocación reproduce la familia Rosauer.

. El conocimiento del suelo a través del análisis de tierra y teniendo en cuenta el clima con su amplitud térmica.

. El cumplimiento de un paso a paso meticuloso.

. El seguimiento permanente de la evolución del cultivo de cada rosal.

Otra característica sanjuanina es que hacemos los hoyos con forma de palangana 15 centímetros por debajo del nivel del suelo para poder recibir el agua de lluvia, que siempre es beneficiosa (si es que llueve). Esto es totalmente distinto a Buenos Aires y otros lugares muy húmedos, que hacen terrazas sobre el nivel del suelo para que el agua de lluvia corra y no se estanque.

Finalmente, los chips (trozos de madera) que usamos alrededor de los rosales constituyen "toda una paquetería". Son de roble francés y pasaron por ciertos tanques de vino tinto, y cuando el enólogo los desechó nosotros los juntamos: se los lavó a alta temperatura para sacarles el alcohol, aunque quedaron teñidos por el vino tinto, lo que nos pareció decorativo. Por si fuera poco su uso evita la aparición de malezas, y seguíamos una vez mas utilizando elementos de la finca y de la bodega, que era nuestro propósito.

Paso a Paso


El orujo agotado (izq) integra el 50% del compost usado en la plantación de los rosales. Estos llegan a raíz desnuda (centro), y se los planta en un hoyo al estilo palangana (der).


El rosal es cubierto con pasto seco y tierra para evitar los embates del clima (izq). Los primeros brotes aparecen a las tres semanas (centro). Los chips usados en el vino también se aprovecharon (der).

Rosales y viñedos forman un ensamble de total armonía


La línea completa de productos Casa Montes y su asociación con diferentes variedades de rosas. Un trabajo exquisito que será expuesto ante el mundo en Vancouver.
Fotos
Pharaon Pharaon
Flor: Grande, doble, muy bien formada, de 40 pétalos.
Color: Rojo escarlata.
Pétalos: Carnosos y aterciopelados.
Vista: Impactante.
Fragancia: Delicada, a té y almizcle.
Cabernet Sauvignon
Color: Rojo violáceo.
Aroma: Huele a menta, pimiento dulce, grosellas, cassis y a frutas negras.
Boca: Es robusto y con buena estructura. Tiene taninos finos y dulces, con algo de chocolate.
Just Joey Just Joey
Flor: Doble y completamente redondeada.
Color: De un albaricoque intenso, con sombras de un cobre que palidece hacia los bordes.
Pétalos: Sedosos, rizados y ondulados.
Vista: Magnifica y asombrosa por su tamaño.
Fragancia: Dulce, profunda, con notas a frutas de verano, durazno y damasco.
Viognier
Color: Amarillo verdoso.
Aroma: Muy fresco, con definido damasco, durazno y frutas blancas.
Boca: Debido a la acidez que tiene es muy fresco, y la boca se tapiza rápidamente con un aterciopelado gusto de frutas intenso muy agradable.
Mister Lincoln Mister Lincoln
Flor: Grande, de 35 a 40 pétalos.
Color: Rojo oscuro.
Pétalos: Gruesos y aterciopelados.
Vista: Impactante.
Fragancia: Muy perfumada y persistente con toques de almizcle, miel y especies.
Syrah Roble
Color: Rojo rubí brillante con notas azules.
Aroma: Frutas rojas con destellos de ciruelas, uva y frutos negros como moras, entremezclados con un roble muy delicado. También se aprecian aromas de grafito o piedras mojadas.
Boca: Suavidad y a la vez persistencia, sin aristas y con un aterciopelado muy agradable para acompañar carnes asadas.
Victor Hugo Víctor Hugo
Flor: Doble apretada de 40 pétalos.
Color: Rojo rubí brillante.
Pétalos: Gruesos y aterciopelados.
Vista: Muy llamativa.
Fragancia: Intenso perfume de rosas, vino y manzanas.
Cabernet Franc
Color: Rojo intenso con destellos violetas.
Aroma: Un delicado aroma dulce a pimientos rojos asados con un toque de mentolado o eucaliptus acompañado con vainilla.
Boca: Es un vino poco común de encontrar, con una entrada muy intensa donde se descubren aromas nuevos que impresionan y nos lleva a beberlo nuevamente para descubrirlos. El final de boca es largo y delicado.
Don Juan Don Juan
Flor: Doble de 35 pétalos en forma de copa.
Color: Rojo carmesí.
Pétalos: Aterciopelados.
Vista: Seductora.
Fragancia: Intensa y embriagadora, con toques de almizcle y ciruelas.
Malbec Roble
Color: Púrpura intenso.
Aroma: Guinda, ciruela, fresas con aporte de vainilla y caramelo.
Boca: Corpulento, persistente y delicado.
Heidelberg Heidelberg
Flor: Doble de 32 pétalos. Crece en racimos.
Color: Carmesí brillante con reverso más claro.
Pétalos: Sedosos.
Vista: Llamativa por sus cargados ramilletes.
Fragancia: Delicada y dulce, con mezcla de especies.
Merlot Roble
Color: Rojo rubí.
Aroma: Delicado y fino con un dejo de pimiento, especies y frambuesas conjugados con vainilla.
Boca: Muy suave y redondo, de larga persistencia. Es un vino menos ácido y generoso en frutas, que se puede usar en diversas comidas e incluso en postres como dulces de membrillo o alcayotas con naranjas.
Gloria Dei Gloria Dei Peace
Flor: Doble grande redondeada.
Color: Crema matizado con amarillo, y en los bordes un pálido rosado que realza su elegancia.
Pétalos: Sedosos.
Vista: Muy llamativa.
Fragancia: Delicada mezcla de cítricos.
Chardonnay Viognier
Color: Amarillo verdoso con algunos tonos de dorado leve.
Aroma: Muy persistente, con notas de frutas maduras. Se entrelazan aromas a cítricos, también a durazno y manzana, con notas de vainilla y humo.
Boca: Muy untuoso. Hasta parece crocante por su frescura, con un final de boca largo y muy duradero.
Perle Noire Perle Noire
Flor: Doble grande, de muy buena forma con 38 pétalos.
Color: Rojo profundo negruzco.
Pétalos: Gruesos y aterciopelados.
Vista: Llamativa.
Fragancia: Delicada, con dejo de frambuesa.
Petit verdot
Color: Rojo muy intenso con tonos negros.
Aroma: Entremezclado de especies con madera.
Boca: Es un vino de boca amplia con gustos de mucha personalidad, lo que hace del Petit Verdot un vino único e ideal para acompañar carnes de caza o comidas muy especiadas o picantes, dado que con su estructura es capaz de combinarse con sabores fuertes.
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Fotos
María Ines Peñafort de Montes
María Inés Peñafort de Montes, Presidenta y Jurado de la Asociación Argentina de Rosicultura Filial San Juan.
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900 rosales

900 rosales crecen junto a los viñedos de Casa Montes. No sólo previenen a las vides de enfermedades, sino que además conjugan sus aromas y colores con los de los varietales vínicos.


Frase

Después de un exhaustivo estudio de rosas modernas, se buscó las que reunieran las condiciones de avisadoras de enfermedades y cumplieran con armonizar colores y aromas entre las rosas y las variedades de nuestras uvas.


Destacado

"La rosa es sin porqué, florece porque florece. No se preocupa por ella misma, y no desea ser vista"

Angelus Silesius (1624 / 1677). Poeta germano-polaco nacido en Breslau. Jorge Luis Borges tomó esta frase para definir la poesía.

 


Más Información
Los 10 mandamientos de las rosas
Acerca de la autora: María Inés de Montes
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