EDITORIAL
La violencia contra niños
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Uruguay es el primer país en seguir los lineamientos de la Unicef para pasar de un concepto cerrado de patria potestad a uno de responsabilidad parental, en la relación familiar entre padres e hijos. La nueva ley que prohíbe pegarle a los hijos modifica el Código de la Niñez, vigente en el vecino país desde 2004, e impide cualquier trato considerado humillante como forma de corrección a los chicos, aunque no establece sanciones concretas ni dispone formas de control.
La ONU hizo una recomendación, el 29 de agosto de 2006, al presentar el Estudio Mundial de Violencia contra los Niños. El texto aconseja a los países que modifiquen aquellas leyes que otorgan poder correctivo a los padres por sobre sus hijos. Si bien la ley uruguaya es un avance legislativo importante, no producirá por sí misma cambios en materia de violencia contra la infancia. La recomendación de Unicef es que se avance no sólo en lo normativo sino también como política de Estado más amplia para promover condiciones que protejan a los niños. En realidad, la peor violencia es invisible y eso no puede ser regulado por una ley.
En Argentina, según el artículo 278 del Código Civil, "los padres tienen la facultad de corregir o hacer corregir la conducta de sus hijos menores. El poder de corrección debe ejercerse moderadamente, excluyendo los malos tratos, castigos o actos que lesionen o menoscaben física o psíquicamente a los menores". Desaprobar el castigo físico no significa rechazar los castigos en general, ni tampoco que, aunque los niños sean sujetos de derecho, los padres deban tratarlos como adultos. Parte de los males de los hijos se debe a que en muchos casos los padres los dejan solos y sin elementos para crecer responsablemente.
Un informe elaborado el año pasado por Unicef Argentina, revelaba que la violencia contra chicos y adolescentes es un hecho cotidiano en el país. Si bien sostiene que comprende a todos los sectores sociales, remarca que se nota especialmente en el ámbito familiar e íntimo. Agrega que la violencia no sólo es física, sino también psicológica a través de la discriminación y el abandono. La situación es sumamente compleja y compromete el futuro de un gran sector de la población ya que, según Unicef, tanto en el caso de la violencia física como psicológica dejan una cicatriz emocional y profunda que afectará su capacidad de aprendizaje y desarrollo.
Reducir la violencia sólo a lo físico significa mutilar la misma identidad de la persona humana que abarca también los aspectos psicológico y espiritual. |
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