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UN CIENTÍFICO CLAVE
Se fue el Gringo de los Huesos
El paleontólogo William Sill, corazón de Ischigualasto, falleció de neumonía en EEUU.
Diego Castillo - DIARIO DE CUYO


Estaba lejos y enfermo. Las defensas seguían bajando, la vieja lesión en la cadera le impedía moverse. Y una pulmonía le terminó de robar el aliento, en un hospital de Nevada, en EEUU. El sábado pasado murió el geólogo y paleontólogo estadounidense William Sill, una persona clave en el desarrollo científico y el posicionamiento de Ischigualasto en el mundo. Sill, a quienes todos conocían como el Gringo de los Huesos por sus exploraciones en el Valle de la Luna en busca de fósiles de dinosaurios, dejó una lista interminable de amigos de San Juan. Fue a algunos de ellos que la esposa del Gringo, la albardonera Nélida Salinas Poblete, llamó desde el Norte para transmitirles la dolorosa noticia.

William Sill era un científico que combinaba perfectamente la precisión del laboratorio con la aventura en el campo. Casi siempre vestía camisas y pantalones caqui, un pañuelo al cuello y un sombrero oscuro. Recorrió cada palmo de Ischigualasto y fueron sus constantes investigaciones (entre ellas, la que lo llevó a descubrir el fósil más antiguo encontrado en el mundo) lo que abrió la puerta a dos hitos fundamentales: la creación del Parque Natural Ischigualasto en 1971 y, 29 años después, la declaración de Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco.

El paleontólogo había llegado a San Juan con una misión muy distinta a la de encontrar fósiles y clasificar eras geológicas. Su tarea, en realidad, era difundir la fe como misionero mormón. Así vino en 1959, a los 22 años, para volver a EEUU y regresar después a la provincia, en 1961, para trabajar como geólogo para YPF. Conoció a Nélida, se casó, tuvieron un hijo y partieron otra vez a Norteamérica, para expandir horizontes. Sill se doctoró en Geología y Biología en Harvard, con especialización en paleontología de vertebrados. Aunque todavía no lo sabía, era una bisagra en su vida. Llegaron los trabajos académicos y de investigación en universidades como Harvard y Yale y en países como Kenia, Inglaterra, Francia, Alemania y España. Y lo mejor estaba por venir.

A finales de los '60 volvió a San Juan con una obsesión: explorar ese Ischigualasto virgen. Era el camino de ida a sus mayores logros, que le dejaron en el currículum vínculos con la creación del parque, la declaración de Patrimonio, cientos de hallazgos y una herida en la cadera, producto de una rodada de su mula.

Las cosas siguieron hasta que en el 2002, en pleno estallido socioeconómico argentino, a Nélida le diagnosticaron Alzheimer y William tomó la decisión de llevársela a EEUU para hacerla tratar. Cosas del destino, ella mejoró y él empeoró. La vida los volvió a unir en la postración y el padecimiento. Y la muerte no pudo borrar una historia marcada con tanta fuerza.
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Un gaucho. Aunque Sill nació y murió en Nevada, la parte más importante de su vida transcurrió en San Juan. Por eso fue reconocido como un verdadero gaucho, mote que él siempre asumió con gusto.
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Sanjuanino

William Sill siempre se autodefinía como "un sanjuanino nacido en EEUU". Cada tanto repetía que su corazón estaría siempre en San Juan, donde había conocido a su esposa y había logrado una plena realización profesional, en el Valle de la Luna.


Despedida

Cuando Sill y su familia se fueron definitivamente a EEUU, en octubre del 2002, el entonces director de Turismo, Jaime de Lara, le organizó una despedida en el edificio de Sarmiento y Libertador. Allí la Confederación Gaucha lo nombró Gaucho Argentino.


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