20/08/2008 REALIDAD

Cruel batalla de Angaco

lic. Julio César Siri - Docente y Jefe de Asesoramiento y Difusión del Instituto de Economía Agropecuaria.

     

PRIMERA PARTE

Por estos días, todos los años, recordamos la tristemente célebre batalla de Angaco, quizás la mas sangrienta de todas las de nuestras guerras civiles y, aparentemente, el origen que motivara que una de nuestras calles principales lleve el nombre del general Mariano Acha.

Habiendo tantos sanjuaninos merecedores de que una calle los recuerde, se sigue manteniendo absurdamente un nombre que con intención o sin ella, fue un desacierto.

Paz, en sus memorias recuerda la batalla como un gran triunfo de un puñado de hombres contra fuerzas cuatro veces superiores, claro que no hacia ningún análisis y Acha era de los suyos.

Mariano Acha había nacido el 11 de noviembre de 1799, abrazó la carrera de las armas y en 1818 era alférez de los Dragones de la Patria, estuvo en Cepeda, cayó prisionero en Gamona (1820), fue oficial de los Húsares de Buenos Aires y bajo las órdenes del general Rauch luchó contra los indios, en 1828 era sargento mayor y formaba parte de la línea contra "el salvaje". Después de la derrota de Navarro, Dorrego, su compadre se refugia en el fortín de Salto, donde estaba Acha quien lo envía al campamento de Juan Lavalle que luego lo asciende a coronel por su "hazaña" y hace fusilar a Dorrego.

Derrotados los unitarios de Buenos Aires, pasa a Córdoba para unirse al Gral. Paz; estuvo en La Tablada y Oncativo. Fue derrotado en Capayán y en La Ciudadela. Derrotó a Quiroga en Manantiales pero debió emigrar a Bolivia donde vivió por 10 años.

Al formarse la Liga del Norte contra Rosas volvió al País y se dedicó a entrenar al ejército salteño de Sola con el cual invadió Santiago del Estero pero fue derrotado por Ibarra.

Lavalle y Lamadrid financiados por la corona francesa y con escuadra en el Paraná reciben la adhesión de Acha que vuelve a invadir Santiago del Estero pero nuevamente es aplastado por Ibarra quien aprovechó la deserción de gran parte de sus fuerzas. Desbandado pasó a Catamarca donde es derrotado por Aldao en Machigasta. Se une nuevamente a Lamadrid y en La Rioja rearma sus fuerzas agregando una poderosa artillería dejada por Quiroga y frente a novecientos hombres se lanza a San Juan por la vía de Mascasín.

Lavalle había iniciado sus movimientos impulsado y financiado por la escuadra francesa al mando de Dupotet, avanzó a Martín García, pasó a Entre Ríos, entró a Corrientes dejando tras sí ríos de sangre, se embarcó con los franceses y desembarcó en San Pedro pensando atacar a Rosas; en su periplo y como repudio no se le agregó ni un solo hombre.

Paralelamente en San Juan se habían ido dando los siguientes hechos: Formada la Liga del Norte, en la región, se forma el Ejército Federal del Oeste con el mendocino fraile general José Félix Aldao como jefe y el general gobernador de San Juan Nazario Benavidez como segundo jefe. Salidos hacia el norte quedó en San Juan como gobernador subrogante el Presbítero Dr. Timoteo de Bustamante.

Cuando Acha apareció en Caucete frente a una tropa de 520 hombres (habían desertado 380) en San Juan había una población sin hombres de lucha (solo viejos, mujeres y niños) y con solo utensilios de cocina para defenderse.

Con palabras ostentosas, Acha intimó a rendirse con una exigencia que bien traducida significaba: "si durante mi ocupación suena un solo tiro. Los mato a todos".

Unos días antes, el 7 de agosto, cuando Bustamante vio los polvos de Acha en el horizonte llamó a Benavidez que en el Arroyo del Toro en La Rioja esperaba que se le mandaran 300 caballos desde San Juan. Recibido el aviso, separó 400 soldados y adelantándose a Aldao se vino por la senda del Bermejo para acampar en Punta del Monte.

Ya en funciones y sabiendo de la venida de Benavidez, Acha salió a esperarle y antes de Angaco se encontró sorpresivamente con él en el campo de Don Daniel Marcó. Los recién llegados federales estaban desmontados, carneando, trasnochados y rendidos por la galopada desde La Rioja. La atropellada de Acha produjo en dos horas un desbande que lo dejó como dueño del campo y con un incremento de armamento.

Trabajos de riego habían dejado un zanjón por el que deberían entrar Aldao con sus 2.297 hombres que venían presurosos. Acha montó su poderosa artillería a ambos lados de la zanja; al llegar Aldao mando a su caballería a dar el pecho a las descargas de la artillería. El choque cuerpo a cuerpo, a bayoneta calada fue terrible, unos por recuperar sus casas, su ciudad, su gente y los otros porque si perdían también perdían la vida. De 700 infantes federales murieron 543. Los muertos de infantería y caballería eran jóvenes sanjuaninos y mendocinos que volvían de una guerra civil absurda desatada por Lavalle y pagada por los franceses.

Benavidez dejó el campo de batalla y galopó a la ciudad de San Juan evitando que lo apresaran. Entró a todo galope y antes que llegara la noticia de su derrota gritó la venida de Acha, pidiendo que lo atajaran. En el acto reunió unos 400 dispersos y tras un trote por Desamparados y hasta La Rinconada se encontró con Ramírez que venía desde Mendoza con 300 y se asentaron en la casa "El buen retiro" de Krause en Pocito.

     

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