BLANCO & NEGRO
La otra cara del circo
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| Nilda Riveros (*) - DIARIO DE CUYO |
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Los circos tradicionales tienen payasos, lentejuelas y muchos actos de acrobacia. Algunos son espectaculares, como los contorsionistas y los valientes que caminan en la cuerda floja. Otros son tristes, como cuando los protagonistas son los animales.
Los circos son una diversión humana pero un sufrimiento animal. En la pista, su recompensa son las humillaciones y castigos. Cuando no están delante de los focos, estas hermosas criaturas diseñadas para vivir en libertad junto a sus congéneres, permanecen encerrados con grilletes en oscuros vagones. Sus vidas de reclusión y soledad los envejece prematuramente.
En los circos se suele mantener a los animales confinados en pequeñas jaulas o transportados en vehículos, la mayoría del tiempo se les proporciona alimento, agua y ejercicio de forma esporádica. A muchos se les quita las garras y los colmillos y son mantenidos amordazados, encadenados y sedados. Látigos, collares estrechos, pinchos eléctricos y otras herramientas son usadas para forzarles a realizar actos dolorosos y antinaturales.
Los circos no pueden, por sus propias características, atender ni de lejos las necesidades naturales de los animales que presentan. En el caso de los circos itinerantes, a lo largo de sus interminables giras, no hay otro remedio que mantener a los animales encadenados por una pata delantera y otra trasera.
Conservación y educación son dos razones por las que los circos con animales intentan justificar su continuidad en un mundo que ya les cierra sus puertas. Por supuesto, al igual que en otros lamentables espectáculos, la simple tradición no puede justificar las miserias infringidas a seres sensitivos. Muy al contrario, no sólo los circos no tienen ninguna función conservacionista que desempeñar, sino que constituyen una causa más de extinción de especies salvajes.
En cuanto a educación, los circos enseñan precisamente la peor actitud posible hacia los animales, despojando a unas magnificas criaturas de su dignidad a base de forzarlas a realizadas trucos estúpidos y dolorosos.
Debemos enseñar a los niños a respetar y apreciar el mundo y sus demás habitantes. Por ello es preciso recordar una de las conclusiones de la conferencia de 1981 de la Asociación de Profesores Tutores de España en la que se recomienda que: "a los niños se les debería disuadir de asistir a cualquier tipo de exhibición o atracción que involucre a animales en manifestación indigna, alojados en habitáculos no satisfactorios, o sometidos a sospechosos métodos de entrenamiento".
Concluyendo, circos ¡si!... pero sin animales.
(*) Llastay, entidad para la defensa del medio ambiente. |
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