REALIDAD
Oportuna mediación papal
"En San Juan, por razones obvias, se vivió un alarmante clima de operaciones castrenses. Se constituyeron nuevos destacamentos de soldados, especialmente en los departamentos fronterizos".
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| Edmundo Jorge Delgado - MAGISTER EN HISTORIA. |
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Hace treinta años, Argentina y Chile estuvieron a escaso tiempo de iniciar una conflagración cuyas consecuencias, más allá del resultado, hubieran sido imprevisibles. El punto en controversia fue la potestad de tres islas (Picton, Lennox y Nueva), emplazadas sobre el Canal de Beagle, en el extremo austral del país, cuya posesión implicaba el control de este paso y la consecuente proyección geográfica sobre el Continente Antártico.
La zona en disputa había sido objeto de un arbitraje en 1971, confiado a la Corte Internacional de Justicia de la Haya. Como sucedió en otros casos. la soberanía de nuestro país fue mancillada ya que en 1977 y después de un largo proceso, este organismo se expidió a favor de Chile. A fines de enero de 1978, el gobierno de facto de Argentina rechazó este laudo declarándolo "insanablemente nulo".
Cabe decir, independientemente de quienes gobernaban, que la posición acordada históricamente por ambos países, decía que los problemas limítrofes del sur se solucionarían con la aplicación del siguiente principio: lo que se encuentra en el Atlántico es de Argentina y lo que está sobre el Pacifico de Chile, principio establecido en los tratados de 1881, 1893 y 1902. Por su parte el gobierno chileno esgrimió una nueva teoría, según la cual el Arco Antillano Austral es el límite entre los océanos Pacífico y Atlántico. De aquí en más la situación entre ambos estados se fue tornando cada vez más difícil, se comenzó a vivir en la población un clima pre-bélico, tenso y extremadamente angustiante.
Fue también a comienzos de 1978 que el entonces presidente de Chile, "el Calígula del Pacífico", expresó desafiante en un reportaje a un semanario porteño que "Argentina hace rato que nos arrastra el poncho". Como última instancia sobrevinieron una serie de reuniones de carácter bilateral. Los dictadores se reunieron en el Plumerillo, en Mendoza y en Puerto Montt. en Chile, abriendo un corto período de negociaciones que no tuvieron éxito. De aquí en más se vivió en cuenta regresiva, un poco interrumpida por el Mundial de Fútbol 78. Por estos días de noviembre de aquel año el movimiento de tropas ya era notable y para diciembre la guerra era ya inminente, los analistas hacían todo tipo de cálculos sobre el potencial bélico de ambas naciones. Se hablaba que las Fuerzas Armadas Argentinas poseían el doble de soldados que las chilenas. También se supo de la visita de observadores militares israelitas al vecino país, lo que generaba todo tipo de cavilaciones e hipótesis.
Comenzó la movilización de tropas y se citaron algunas "carnadas" de reservistas. Nuestros medios de comunicación controlados por el Estado, con el objeto de concienciar al pueblo de la justicia de sus reclamos, proyectaron en canales televisivos el filme "Bajo el signo de la Patria", película de carácter épico acerca de las luchas protagonizadas por Manuel Belgrano y el heroico "éxodo del pueblo jujeño".
En San Juan, por razones obvias, se vivió un alarmante clima de operaciones castrenses. Se constituyeron nuevos destacamentos de soldados, especialmente en los departamentos fronterizos. En la zona de Guardia Vieja se emplazó el Batallón de Ingenieros de la Rioja, el cual obstruyó el camino por Agua Negra. Comenzaron los ejercicios de oscurecimiento, los techos de hospitales fueron señalados con pintura ante un eventual bombardeo y la Villa Mariano Moreno o "Villa de los Chilenos", en Chimbas, permanentemente fue sobrevolada por helicópteros del ejército.
La operación o el "Día D", fue programado para el 22 de diciembre. Ese día la Marina de Guerra se apoderaría de las islas en disputa. Finalmente una luz apareció en el túnel: la noticia de la intervención del flamante Papa Juan Pablo II como mediador, llegó a la cancillería de ambos países y los altos jefes de sus fuerzas armadas dieron la respectiva contraorden y decidieron esperar.
El 26 de diciembre arribó a Montevideo el vicepresidente de la Comisión Pontificia para América Latina, cardenal Antonio Samoré, quien luego de arduas reuniones en Buenos Aires y Santiago de Chile, logró detener aquella densa situación. Comenzó la mediación pontificia la cual dio sus frutos recién en 1984, ya durante la restauración democrática argentina en el gobierno del doctor Raúl Alfonsín. |
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