13/02/2009 REALIDAD

Sarmiento enamoradizo

"Generó a su alrededor odios, pero también admiración, respeto y amores confesados se testimonia en su epistolario íntimo." Dra. Gladys Aballay Meglioli - Filología Hispánica

     

Haciendo honor a su nombre Valentín, si recordamos la leyenda de San Valentín, que dio origen al "Día de los enamorados", que se celebra mañana, Sarmiento (según acta de bautismo Faustino Valentín), fue un verdadero romántico, rebelde para su época, apasionado en la política y en todo su accionar público. Actitud que también llegó a reflejarse, como era de esperar, en su vida privada.

Generó a su alrededor odios, pero también admiración, respeto y amores confesados se testimonia en su epistolario íntimo. Su destino quizá lo llevó por latitudes diversas y este andar, a veces elegido y en otra ocasiones forzado, hizo que como exiliado en Chile, más precisamente en Valparaíso, en 1831, conociera a una joven de 20 años, María Jesús del Canto, con quien tuvo una hija, Ana Faustina, que luego fue traída a San Juan donde quedó a su cuidado y educada también por sus tías y su abuela Paula. Al fundar el Colegio Santa Rosa, Faustina estudió allí y en la Escuela de San Felipe de Aconcagua, donde Bienvenida y Procesa establecieron una escuela.

En 1845, nuevamente el prócer se encuentra en Chile, parte hacia Europa, Estados Unidos y Africa y a su viaje de regreso, a los tres meses, en Valparaíso, conoce a Benita Martínez de Pastoriza, una joven señora casada que enviudó y entonces, en 1848, se casa con ella y llega a adoptar como hijo propio a Dominguito, Domingo Fidel Sarmiento.

En el viaje por el exterior Sarmiento hizo amigos, conoció a un joven francés, Julio Belín, que instaló una imprenta en 1848, año en que éste también se casara con su hija Faustina, con quien tuviera 6 hijos, Julio, Emilia, Augusto, Helena, Luisa y Eugenia.

El libro de su vida sentimental incluye un capítulo apasionante. Cuando en 1855 Sarmiento vuelve nuevamente a su patria, nace un nuevo amor, Aurelia Vélez Sárfield, a quien conoció en Montevideo en 1840, cuando ella era una niña de 9 años, pero ahora descubrió a una mujer bella, inteligente, escritora. También política, tal vez la mujer ideal, sin contar que él todavía estaba casado.

Mientras Sarmiento se desempeñaba como concejal en la Municipalidad, además de ser jefe del Departamento de Escuelas, senador y periodista de El Nacional, en las noches disfrutaba de las tertulias que se llevaban a cabo en la casa de los Vélez Sárfield. Por su parte, su esposa Benita permanecía en Chile pero en 1857, viaja a Buenos Aires en busca de su esposo.

Domingo Faustino Valentín Sarmiento viaja a San Juan para desempeñarse como gobernador y escribe a su esposa, a Dominguito y a su amada Aurelia y una de éstas cartas llega a manos de Benita por lo que la crisis del matrimonio llega a la separación definitiva. La separación de Sarmiento con su esposa Benita se hizo por etapas, según lo comenta Lugones en su "Historia", y tuvo por causa inmediata "la publicidad de ciertos amores de Sarmiento con tal señora de alcurnia a quien consagraba por lo menos su simpatía intelectual".

Después de la caída de Rosas, la familia Belín Sarmiento se traslada a San Juan, donde los niños continúan sus estudios. Faustina queda viuda en 1865 y llegó a trabajar junto con su tía Bienvenida. Siempre prestó colaboración a las obras de bien social y participó en la fundación de la Sociedad de Madres Cristianas, precursora de la Sociedad de Beneficencia. Ayudó a las víctimas de la fiebre amarilla y en 1866, fue ayudante en la Escuela Modelo, donde Bienvenida era docente.

Luego de dejar su cargo como gobernador de San Juan, Sarmiento parte a Estados Unidos. Allí, como embajador, conoce a una profesora de inglés, Ida Wickersham, casada con un médico. Este romance duró bastante tiempo y siguió contactado por carta y una vez divorciada le pide a Sarmiento, ya como presidente de la República Argentina, que la traiga con el grupo de maestras norteamericanas. Pero Sarmiento llevaba en su corazón el amor de Aurelia, a quien le escribiera en una oportunidad: "Necesito de tus cariños, tus ideas, tus sentimientos blandos para mi".

Posteriormente, establecido en el Paraguay, a sus 77 años, le pide que "venga, juntemos nuestros desencantos para ver sonriendo pasar la vida". Aurelia viaja al Paraguay pero no llega a verlo con vida. Si estuvo uno de sus grandes afectos, su única hija, Faustina y sus nietos.

En 1924, falleció Aurelia Vélez Sárfield, hija de don Dalmacio y doña Manuela Velázquez, nacida en Buenos Aires y viuda de Pedro Ortiz. La Nación, en su nota necrológica decía: "Era una mujer de fuerte inteligencia. Poseía una cultura completa, conocía la política, los problemas americanos y compartía en la tertulia paterna las discusiones en las que participaban los estadistas y los publicistas, ante los cuales nunca faltaba, después de la caída de Rozas, Domingo Faustino Sarmiento".

Simplemente se trata de la vida de un hombre que se atrevió a descubrir en los horizontes del amor, sus matices de intensos encuentros, de soledades plenas, auténticas vivencias que no le fueron indiferentes, muy por el contrario.

     

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