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EFEMÉRIDES / FUNDACIÓN DE SAN JUAN
Historias de la Fundación de San Juan
El 13 de junio de 1562, Juan Jufré de Louyza y Montese fundó "San Juan de la Frontera. "San Juan" fue puesto en honor al Santo Patrono de Jufré, San Juan Bautista.
Luis Eduardo Meglioli


Con ojos sanjuaninos en el pueblo natal de Juan Jufré, el joven castellano que esperó dos años para conocer a su esposa con quien sus padres lo casaron por poderes en Sevilla. Vino de muy lejos, y desde 1562 esta subido casi quijotescamente al pináculo de nuestro fasto familiar por el sencillo hecho de haber sido el primero en presentar aquí el pasaporte de esa civilización desconocida hasta entonces, que se integró al augusto pueblo ya existente y de cuya mezcla hoy somos San Juan.

Había nacido en 1518 en un rincón castellano que llaman "Corazón de Tierra de Campos" ó "Ciudad de los Almirantes", pero cuyo nombre oficial es "Medina de Rioseco". Una ciudad señorial, que ya en época romana era un importante nudo de comunicaciones por lo que también recibió el nombre de "La India chica", y declarada hace varias décadas Patrimonio Histórico-Artístico de la provincia de Valladolid, capital de la actual Castilla y León, una de las 17 comunidades autónomas en que hoy se encuentra dividida España.

Adentrarse por sus reposadas calles en cuyo cielo se perfilan viejas cornisas y antiquísimas fachadas que se enredan con la prudente modernidad de unos cuantos edificios de reciente construcción, permite descubrir brochazos del mismo paisaje que conoció Jufré antes de su partida a América. Cuando es un sanjuanino quien la visita, surgen sentimientos encontrados, entre la bruma secular que es necesario sacudirse pronto para asegurar que no es un sueño.

A las doce del mediodía la huella de un cocido castellano (nuestro tradicional puchero de carne, chorizo, garbanzos, tocino y verduras) escapa de más de una casa, galopando inclemente en los ocasionales estómagos paseantes. Mientras, las veredas, pequeñas, antiguas, algunas visiblemente torturadas por el tiempo, aprueban sumisas el insólito trashumar de estos extraños pasos de allende Los Andes.

El olor del aire que sopla suave, parece la sabia confusión de agrestes aromas calingastinos humedecidos por el reciente chaparrón, mezclados en una enorme pila medieval cuya súbita presencia sume al visitante en la extraña profundidad de los siglos. Además, el perfil de las esquinas recuerda de inmediato un rincón de la ciudad de Jáchal, con quien esta ciudad tiene otras cosas comunes en la historia como el arreo de ganado en pie que fue clave en la economía de aquel siglo XVI del joven Jufré. Hoy sigue siendo Medina de Rioseco tierra de labor no irrigada, que centra su actividad agrícola en los cereales, en la ganadería (ganado vacuno y ovino) y en la industria de fundición de hierro.

De aquellos días de 1538 cuando con sus juveniles 20 años Juan Jufré partió hacia América, hacia Perú, hacia Chile, hacia Cuyo y Tulum, aún permanecen, erguidos y soberbios, grandes monumentos, numerosas tradiciones, un bellísimo paisaje de llanura agrícola y ganadera, y un aire de tranquilidad y sosiego que sella el encanto del pueblo. La iglesia de Santa María de Mediavilla, entre otras, que data del siglo XV, a la que acudió Jufré de niño tantas mañanas con sus padres don Francisco Jufré de Loaisa y doña Cándida de Montesa, está ahí altiva abriendo sus puertas como todos los días de todos estos siglos pasados. Y se encarama sobre el vientre del pueblo riosecano con la misma gallardía de aquel Siglo de Oro contemporáneo de Jufré. En la plaza Mayor se alza el Ayuntamiento y el Centro de Salud más importante. Por la avenida de Juan Carlos I, a la vuelta del convento donde en diciembre de 1580 pernoctó Santa Teresa de Jesús, se percibe el exquisito aroma a anís de unas delicias recién hechas. Es la pastelería "Marina", famosa en Castilla desde 1858 por la fórmula secreta de los pastelillos (harina, anís y aceite secretamente mezclados). Es la fascinante e inagotable continuidad de la vida, del tiempo, de la historia, del mundo, en esa ciudad con sus títulos de Muy Noble y Muy Leal, de poco más de 5000 habitantes en la actualidad, de donde partió el fundador de San Juan de la Frontera y nunca más volvió.

La experiencia de un sanjuanino en aquellas tierras representa zambullirse en la sempiterna luz castellana, creyendo descubrir de pronto un tácito romance entre Castilla y Tulum probablemente el mismo que envolvió a Jufré en su breve viaje a nuestra tierra de huarpes en aquel 1562. Algunos documentos existentes en el cercano Archivo castellano de Simancas muestran que, como conquistador, Jufré "no cifraba su éxito en la explotación de los indígenas sino en el trabajo personal (à) y trataba con gran humanidad a los indios en oposición de otros españoles que dejaron mucho que desear." Desde el 26 de octubre de 1552, cuando se casó por poderes con Costanza de Meneses, mientras él se encontraba en Perú, sintió confusas nostalgias y padeció pasmosos silencios, más allá de quienes le atribuyen, en ese lapso, alguna furtiva relación con cierta desconocida nativa. Pero el día llegó y Juan y Costanza (que había sido elegida para este matrimonio por los padres de Jufré), se vieron por primera vez en 1554 en Santiago de Chile, ciudad donde murieron ambos y reposan sus restos. Así comenzó la relación conyugal, ocho años antes de llegar a San Juan y fundar esta ciudad el 13 de junio de 1562.

El mundo mientras San Juan nacía

Mientras Jufré fundaba San Juan, en el mundo conocido se abría una época de gran originalidad, alejándose de las formas medievales de sentir y pensar.

Fuerte actividad artística y literaria. La última moda era la ropa de vivos colores. El vino era un alimento. Había movimientos mesiánicos que promovían la cercanía del Apocalipsis. El beso de una pareja en público solía terminar con la decapitación del varón. Nació la costumbre de tocar las copas antes de beber en señal de brindis. Archimboldo, antecesor del surrealismo creaba cuadros con frutas y legumbres. Nacía Lope de Vega, y al decir de García Márquez, "el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo". Cuando San Juan cumplía cinco meses de vida, en noviembre de 1562, nacía Lope de Vega, en ese gran villorrio llamado Madrid, centro geográfico de la España original de Juan Jufré. La imprenta se desarrollaba mucho, y Sevilla era uno de los principales centros financieros, ya que a su puerto llegaban flotas de "Indias", cargadas de metales preciosos y de exóticos productos. (1).

Mientras se producía un proceso de decadencia política y económica, la creación artística y literaria alcanzaba sus cotas mas elevadas. El lujo y la ostentación fue una constante entre las clases acomodadas. Toda casa rica utilizaba objetos de plata. Tanto para la vajilla como en la decoración los españoles prefirieron el color negro para sus vestimentas. Se usaban los "gregüestos", que eran "pantalones cortos y holgados como sacos, formados con telas de vivos colores. para el campo y los viajes se seguía utilizando la bota alta de ante, con espuela, llamada de pato, muy generalizada en el siglo XVI, pero para el uso cortesano se prefería el zapato negro (à) muy flexible, sujetado con lazos amplios en forma de roseta (à)". En el mismo siglo XVI de Jufré se usaba "el pelo corto y luego en el XVII se dejaban crecer los cabellos" (2) por otra parte, "al igual que el hombre, la mujer usaba camisa o alcanfora como prenda interior. Y fue característica de la moda española la presencia de bordados en las camisas, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo" (3).

La comida de un campesino europeo se componía de pan (base de la alimentación en las clases populares), con cebolla, ajos o queso. Apenas consumían pescado o carne, que no eran de buena calidad. En las mesas acomodadas la carne era fundamental, y se utilizaba en guisos con muchas especias y condimentos. El vino era considerado como un alimento que servía, sobre todo en el campo, para completar el aporte calórico en sustitución de la carne, cuyo consumo no estaba al alcance de todos. Y en el "Libro de guisados, manjares y potajes", de Ruperto de Nola, de 1520, se daban recetas de "arroz con caldo de carne" y "arroz en cazuela al horno" (4), y en ésta ya se coloreaba con azafrán. En los países europeos "hasta el siglo XVI eran muchos los que comían juntos con una sola cuchara en un solo plato. Y en todos los tratados medievales dicen que es descortés poner el pan que ya se ha mordido en el plato común. También (à) podían bañarse en comunidad, sin sentir vergüenza por su desnudez" (5).

Ya desde el siglo XV y bien avanzado el XVI, surgen en Europa intensos movimientos milenaristas y mesiánicos. Presentan entre si numerosos puntos comunes: nacidos en el corazón de la ola protestante, preconizan un igualitarismo cristiano basado en una lectura literal de los Textos Sagrados; violentamente intolerantes, reclaman la guerra santa e imaginan vivir los últimos tiempos que preceden al Apocalipsis y la parusía o segunda venida de Cristo al mundo (en el Nuevo Testamento). Mientras tanto, tuvo una gran explosión de crecimiento la vida universitaria europea, con una gran influencia de la Compañía de Jesús en el ámbito educativo peninsular. Y según la escritora sanjuanina Leonor Paredes de Scarso, las primeras marchas musicales tradicionales ejecutadas en el Río de la Plata fueron las que trajeron los españoles.

A su vez, Carlos II, en 1769, ordenó hacer una recopilación de "Toques de guerra", que databan del siglo XVI al XVIII. A esto agreguemos por nuestra parte que la vihuela llegó a ser un instrumento estrella en España en tiempos en que nacía San Juan. Para él se escribe "una música íntima pero también muy virtuosa, expresiva, casi mágica, pura representación de la España del siglo XVI en que vivió Juan Jufré, en muy variados aspectos: su colorido, su misticismo, sus tradiciones populares", según reza el pequeño libreto del cd "Canto del Cavallero", de José Miguel Moreno (6), que cualquiera puede adquirir en el Museo del Prado de Madrid, y cuya reproducción original está en San Juan. Era la música que, sin dudas, llegó a escuchar Juan Jufré (con su padre tan cercano a la Corte del rey Felipe II), previo a su partida de Medina de Rioseco.

A su vez, el espectáculo por excelencia fue el teatro. Una comedia en Madrid, podía ser visitada por 3000 o 5000 personas, y ya había, desde un siglo antes, el XV, corridas de toros. Pietro Lando, después duque de Venecia, en el mismo siglo XVI que nos ocupa, ordenó decapitar a su propio hijo natural por el delito de haber besado en público a una joven de quien estaba enamorado. Sin embargo, en Francia, el ensayista Miguel Eyquem de Montaigne (1533-1592) observó que en su país era privilegio de algunos grandes señores besar a casi todas las mujeres que les viniera en ganas. El abrazo de la danza proporcionaba una excelente ocasión para ello. Diez años antes de la fundación de San Juan, en 1552 y en ese Viejo Mundo del que hablamos, "apareció la primera evidencia de que se había incorporado la costumbre de tocar las copas antes de beber, cuando el escritor Rebalais descubre el ritual en uno de su escritos" (7). Mientras tanto, el pintor Arcimboldo, antecesor del surrealismo, en el mismo siglo XVI creaba cuadros con bananas, duraznos, lechugas, peras, lenguados y cigalas. En síntesis, en el siglo XVI, se abre una época de gran originalidad, alejándose de las formas medievales de sentir y pensar. Y los que escribían lo hacían por razones de utilidad o porque aspiraban a unos pocos minutos de famaà como en la actualidad. Pero hubo también muchas miradas desde aquí, a aquella realidad lejana, tras la llegada de los conquistadores. Será por eso que, en 1992, ante la cercanía del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, Gabriel García Márquez llegó a decir en Madrid: "el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo". (8)

Referencias: (1) "Madrid y la economía española, 1560-1850", David R. Ringrose, Alianza Editorial, Madrid, 1985); (2) "Cuadernos Historia 16", "La vida en el Siglo de Oro", Ricardo García Cárcel; (3) "Introducción a la historia de la indumentaria en España", Francisco de Sousa Congosto, Ediciones Istmo, S.A. Madrid, 2007); (4) (5) "La vida cotidiana en el Siglo de Oro español", Néstor Luján, Editorial Planeta, Barcelona, 1992; (6) José Miguel Moreno, Vihuela, Lourdes Oncilla-Moreno, San Lorenzo del Escorial, Patrimonio Nacional, 1987. (7) Dereck Foster, en revista "Magazín", Madrid, 27/08/00). (8) "Así que pasen 5 siglos", Jesús Díaz, El País, 15/08/1988.
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