15/01/2012 REFLEXIÓN DOMINICAL

Buscar es encontrar

Pbro. Dr. José Manuel Fernández

     

Estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: "Este es el Cordero de Dios''. Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. El se dio vuelta y viendo que lo seguían, les pregunto: "¿Qué quieren?'' Ellos le respondieron: "Rabbí, que traducido significa Maestro, ¿dónde vives?''. "Vengan y lo verán'', les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde. Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías'', que traducido significa Cristo. Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: "'Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas'', que traducido significa Pedro.

Este relato narra la vocación de tres discípulos y responde a tres preguntas: 1) ¿Quién es Jesús?, 2) ¿Quién es el discípulo?, 3) ¿Adónde conduce el seguimiento? El centro de la atención es siempre Jesús. Juan mira a Jesús que pasa. La verdad se hace camino para conducirnos a la vida. Llama la atención la mirada con la que el Precursor contempla a Jesús y dice: "'Este es el Cordero de Dios''. El verbo griego significa: "'mirar con intensidad y de modo penetrante''. Dos discípulos siguen a Jesús, comenzando la aventura del seguimiento. De discípulos de la voz se convierten en apóstoles de la Palabra. No se dice de dónde viene ni hacia dónde va. Se da vuelta y pregunta a estos dos seguidores: "¿Qué cosa buscan?''. No "¿a quién buscan?'', sino "¿qué quieren? El interrogante puede parecer genérico, pero es provocativo. ¿Qué esperan obtener de mí? Coloca la pregunta para inducir a tomar conciencia del verdadero objeto de la propia búsqueda. Ellos desean hablar con él, con calma y saber algo más de su persona. El diálogo comenzó con una pregunta ("'¿qué buscan?''). Continúa con un imperativo ("vengan'') y una promesa ("verán''): buscar, venir y ver son las etapas del camino hacia Cristo. Por su naturaleza el hombre es pregunta, búsqueda y apertura al infinito. "Venir'' hacia Jesús significa adherir a él, hacer su propio camino. "'Ver'' es un verbo que en el evangelio de Juan tiene un denso significado: es la iluminación para conocer. Los ojos son siempre las ventanas del corazón y se dirigen a lo que éste ama. Ellos fueron y se quedaron con Jesús ese día. Juan emplea aquí el verbo griego "menein'' ("quedarse en'', "estar en''), indicando la unidad mística entre Cristo y el discípulo; una manera de estar el uno en el otro: Dios en el hombre y el hombre en Dios. Es lo que expresa san Juan de la Cruz en su obra "Llama del Amor viva'': "¡Cuán manso y amoroso recuerdas en mi seno, donde secretamente solo moras, y en tu aspirar sabroso, de bien y gloria lleno, cuán delicadamente me enamoras!''. En la Encíclica "Divinum illud munus'' de León XIII sobre la inhabitación se afirma que ésta difiere "sólo gradualmente, no esencialmente, de la visión beatífica''. Lo que da sentido a la inhabitación es la amistad que se establece entre Dios y el hombre, ésta implica una donación personal, una relación, una comunión vital, una relación amorosa, recíproca, mutua y duradera. Dios no se encierra en sí mismo, sino que se dona en un movimiento de amor extrovertido y la criatura se abre para acoger ese don.

"Era alrededor de las cuatro de la tarde'' ¡Cómo los habrá marcado este encuentro, que hasta recuerdan perfectamente la hora del mismo! Las cuatro de la tarde equivale a la hora "décima'', según el horario romano. Diez es el número del cumplimiento. La ansiedad de quienes buscaban se transforma en gozo pleno por haber encontrado. Andrés era uno de los dos que habían estado con Jesús. Encontró a su hermano Simón y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías''. Es que quien habita "con'' y "en'' Dios, encuentra y crea fraternidad. La evangelización es comunicación de la Palabra que origina intercambio de palabras. A su vez éstas generan comunicación que es comunión. Pero la evangelización concluye en el encuentro: Andrés lo llevó a Simón a donde estaba Jesús y allí se da ese cruce de miradas cautivantes que destruyen la indiferencia. Le dijo a Simón: "Te llamarás Cefas, que traducido significa Pedro''. Dentro de cada uno hay un nombre secreto que sólo el Señor conoce y revela: es la identidad de la persona, su "'vocación'' que se transformará en "misión''. Cefas significa "piedra'', "roca''. Dicho de una persona, tiene un valor ambiguo: indica una personalidad tenaz y estable, pero también un testarudo que entiende poco. Es lo que demostró Pedro en su vida. Nuestro nombre tiene una parte de luz y otra de sombra. Sólo cuando con humildad acercamos nuestra sombra a la luz de Jesús, quedamos iluminados y, sin arrogancia, iluminamos sin encandilar.

     

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