16/09/2013 EDITORIAL

Más violencia en la escuela

Es obligación básica del Estado no sólo garantizar la enseñanza sino también la seguridad de docentes y alumnos.

     

El recrudecimiento de los hechos de violencia escolar en nuestro país parece enmarcarse en el clima de inseguridad social que encabeza las preocupaciones de los argentinos desde hace tiempo, no obstante las diferentes acciones emprendidas por las autoridades para combatir el delito contra las personas y la propiedad.

El problema se potencia al alcanzar ámbitos como el escolar, que parecía un espacio inmune frente a la intolerancia porque es allí donde se aprende a socializar al educando para la convivencia y el respeto al prójimo, basamento de la sana formación del individuo a través de la educación básica.

Pero la realidad muestra a la escuela como una caja de resonancia donde repercuten conductas de la inestabilidad disociante que nos agobia, ya sea en establecimientos educativos ubicados en los grandes centros urbanos o en los ubicados de zonas menos pobladas. Es decir, los acontecimientos que se suceden cada vez más graves, no diferencian niveles socioeconómicos ni tampoco un colegio de prestigio garantiza la tranquilidad que los padres reclaman.

Esto se ha comprobado en el maltrato psicológico, verbal o físico, conocido como "bullying'', entre los alumnos, algunos de extrema gravedad, como el reciente ataque a una joven en un colegio privado sanjuanino, o la adolescente golpeada por ser "linda'' en Quilmes, hecho documentado con imágenes televisivas impactantes. Peor todavía ha sido la salvaje agresión de una madre y su hija, alumna de una escuela de Chimbas, contra la maestra que buscaba dialogar por la inconducta de la chica, lo que terminó en una batalla campal frente a la Escuela Paso de Valle Hermoso, y la intervención policial.

La ley contra el maltrato escolar, sancionada la semana pasada, está destinada a prevenir la violencia en las escuelas a través de la promoción de la convivencia y el abordaje de la conflictividad en las instituciones educativas. Ofrece una visión que no se enfoca en el individuo como víctima o victimario, sino que pone el acento en el contexto en que se dan las interacciones. Esto implica promocionar los diálogos de participación de docentes y alumnos para trabajar la convivencia en las escuelas, pero también deben buscarse otras herramientas de prevención que comprometan a las familias, cuyas conductas se reflejan en el aula.

     

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