11/10/2013 REALIDAD

Democracia y absolutismo

María Antonia Sansó Santos (*)

     

Una desviación muy común en las democracias, es el desarrollo de actitudes absolutistas. Repasar la historia ayuda a conocer esos rasgos y capacita para saber elegir representantes comprometidos con los principios y valores democráticos.

El reinado de Luis XIV, Rey de Francia, se considera prototipo del absolutismo. Accedió al poder a mediados del siglo XVII con 5 años de edad, bajo la regencia de su madre. Pero el poder real lo ejercía un cardenal, al que la nobleza odiaba por ser italiano y por las políticas que impuso, al punto que los nobles se rebelaron y obligaron a la familia real a llevar una vida errante y con necesidades. Esta etapa marcó al pequeño, generando un gran resentimiento. Al asumir como Rey, tomó revancha de la nobleza, excluyéndola de los órganos de gobierno, con una metodología muy original. Trasladó toda la corte al Palacio de Versalles, incluidos los poderosos nobles de distintas regiones de Francia. Al alejarlos de sus territorios, se aseguró que no habría sediciones o intentos de derrocarlo. Para hacer frente a los ingentes gastos de la corte, controló la producción agraria y manufacturera y el comercio exterior y aplicó una dura política impositiva. A la burguesía afectada por esas políticas, la favoreció con los cargos de gobierno. Su verdadera intención fue buscar el poder omnímodo, con gentes más dóciles a sus deseos que los poderosos nobles, a los que domesticó haciéndolos partícipes de su vida ostentosa. Los eximió de impuestos y vivían de subsidios y subvenciones, compitiendo por ser invitados a cenar a su mesa ó tener el privilegio de llevar una vela cuando se iba a sus aposentos. O estar entre los 100 que asistían a su despertar, viéndolo asearse, peinarse, desayunar, de acuerdo a protocolos que regían esas ceremonias.

También sometió a la iglesia a su autoridad logrando que el clero francés aprobara su independencia del Papa, quien lo amenazó con la excomunión. Para congratularse con el Vaticano, unificó las creencias religiosas en el catolicismo. De hecho expulsó a los judíos y convirtió forzadamente a los protestantes. Su táctica era acallar primero y conquistar después las voces que desaprobaban su reinado. Poco a poco controló todas las actividades (económicas, teológicas, tradicionales etc.). Se lo conoce como el Rey Sol, pues en torno a él giraban los súbditos, cual objetos celestes que necesitaban de su luz para vivir.

A su favor tenía las cualidades de ser trabajador, organizado, meticuloso, responsable y perseverante. Permaneció en el poder durante 72 años, más que cualquier otro monarca francés. Tuvo la habilidad de rodearse de eficaces ministros y montar un enorme aparato estatal con el que llevó a Francia a ser admirada por toda Europa, por su cultura, por los adelantos científicos y tecnológicos, por las obras públicas. Creó Academias de Pintura, Escultura, Ciencias, Arquitectura y la Comedia Francesa. Debido a la protección que brindó al arte y la cultura, Moliére, pintores y músicos lo ensalzaron. Diseñó la Avenida de los Campos Elíseos y restauró Notre Dame. Organizó un Ejército permanente con el que, tras numerosas guerras, extendió y consolidó fronteras. Las fábricas reales, puestas al servicio del Rey, creaban productos exquisitos y de lujo para decorar los palacios. El de Versalles y muchos otros donde se encontraba con sus amantes, que fueron muchas. Se casó dos veces. Primero con una prima española a fin de sellar la paz con España y con la última, en secreto pues había sido una de sus amantes y tenía un oscuro pasado. Entre esposas y amantes tuvo 14 hijos, muchos no reconocidos.

En resumen, el resentimiento que le produjo su sufrida niñez, lo llevó a buscar el poder absoluto. Voltaire llamó "'Época memorable'' a su reinado. Y en cierto modo lo fue, por el enorme desarrollo económico y cultural. Pero su amor por la adulación constituyó, también, el germen que inició el camino hacia la Revolución Francesa.

Al final de sus días, ante tanto derroche, el país comenzó a agotarse. Su sueño de unificar España y Francia, y hacerse aún más poderoso, no se concretó. Quien había dicho "'El Estado soy yo'' y creía ser el Sol, sucumbió ante una gangrena senil.

El análisis de su historia permite deducir que aunque los países progresen económica y culturalmente, los rasgos absolutistas de un gobierno, lo inspiran a perpetuarse en el poder y buscar su propia gloria, menoscabando la soberanía del pueblo. Como consecuencia, la participación, el diálogo y el consenso, pilares de la democracia, se ven afectados y aumentan los riesgos de conflictos e injusticias.

Es importante que todos ayudemos a perfeccionar la democracia que hoy tenemos en nuestro país, ejerciendo con responsabilidad y conocimiento nuestros derechos y obligaciones.



(*) Licenciada en Bioquímica. MPn¦53

     

COMENTARIOS DE LOS LECTORES

Diario de Cuyo no tiene responsabilidad alguna sobre los comentarios de los lectores ni sobre las consecuencias derivadas de los mismos. Diario de Cuyo se reserva el derecho de no publicar comentarios que se consideren inapropiados u ofensivos.

Otras Noticias