13/09/2004 REALIDAD
Aborto del anencéfalo
La vida del anencéfalo es vida humana, precaria y deficiente sin duda, y por ello merece el mejor trato de parte de la madre y de la sociedad misma. Pbro. Dr. José Juan García
En la Cámara de Diputados de la Nación fue presentado en 2003 el proyecto de ley que busca permitir la interrupción del embarazo para una madre cuyo bebé padece de la grave anomalía de anencefalia. Hubo además un fallo en 2004, de la Corte de Justicia Bonaerense, permitiendo a una señora que lo solicitó, la inducción de un parto prematuro a un bebé de ocho meses de gestación, al saberse que éste padecía anencefalia. La Legislatura porteña sancionó la ley 1.044, que reglamenta el procedimiento que ha de seguirse en estos casos de embarazos anencefálicos, posibilitándose la interrupción.
El debate está instalado. Hay opiniones diversas y muy contrarias. Hay quienes proponen el aborto del anencéfalo para que no sufra la madre. La abogada Perla Prigoshin escribió en la revista "Rumbos" del 29 de agosto pasado, que "me resisto a comprender la sinrazón de defender una vida sin proyecto, a expensas del inenarrable sufrimiento de mujeres "preñadas" de muerte" (p. 10).
Cierto es que el bebé anencéfalo sufrirá la muerte apenas nazca, pero ¿por qué acabar con su vida antes? Los sufrimientos síquicos de la madre embarazada, dicen, resultan intolerables. "Me atrevo a asegurar que, para ellas, el seguir "un día más" portando una panza sin esperanza, el diferir el duelo, el convivir con lo siniestro, es absolutamente deteriorante", expresa Prigoshin. Sinceramente no creo que deba anteponerse la tutela del bien de la salud síquica de la madre -ciertamente significativa-, a la vida del hijo que ella misma buscó -bien superior-.
Los que, por el contrario, proponemos la defensa de la vida humana en todas sus etapas, pensamos que nadie -ni siquiera el Estado- puede decidir cuándo tiene que morir una persona inocente, más todavía si es indefensa y débil. Ni la madre, ni el médico ni el juez pueden apropiarse esa decisión. Además en nuestro país está prohibida la pena de muerte, sin previo juicio, para un ser inocente e indefenso.
La vida del anencéfalo es vida humana, precaria y deficiente sin duda, y por ello merece el mejor trato de parte de la madre y de la sociedad misma. La minusvalía tiene que ser acogida en un contexto de respeto y dignidad.
Además, da la impresión que no se tiene en cuenta el sufrimiento síquico que puede sobrevenir a la madre que accediese a esta práctica: remordimientos, sentimientos de culpa, miedos futuros, pesares, etc.
Cabe decir que en ningún momento corre riesgo la vida de la madre embarazada, quien debería llevar adelante el embarazo hasta que la naturaleza decida cuándo muere el bebé con esta deficiencia, si antes o durante el parto. ¿Por qué privarse de conocerlo, aunque sea defectuoso o no tenga proyectos?.
Se percibe una regresión moral que convertiría al Estado y a los médicos en dueños de la vida ajena, como si fueran capaces de decidir cuál es su tiempo de duración.
El médico Juan José Dal Lago nos acerca una reflexión que viene al caso en el momento argentino que vivimos: "Si no matamos a los secuestradores ni a los violadores, ¿por qué vamos a matar a estos pobres santos inocentes?" ("Rumbos", p. 10).
La cultura de la vida está llamada a reconocer a todo ser humano en su integridad, por el hecho de ser persona humana, más allá de si es sano o fuerte, enfermo o débil, anencéfalo, rubeólico, ciego, sordo, mudo o down.
Pbro. Dr. José Juan García Centro de Bioética - Universidad Católica de Cuyo.



