22/03/2005 REALIDAD

Significado del arte

"En el arte se supone que hay una experiencia personal... pero al transmitirla en la obra de arte la universaliza, al hacerla comprensible a cualquiera". Manuel Castillo

     

En el caso que se discutió últimamente, los símbolos religiosos exhibidos en la exposición efectuada en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires, que tienen un significado y un ámbito propios en el que pueden provocar emoción religiosa, estuvieron mezclados con suciedad y con lo que se entendió como blasfemia y agravio. Ante eso, se dio la oportunidad de pensar acerca del verdadero arte, esa reflexión ayuda a rescatar el significado del signo, particularmente del signo religioso, en una época en la cual la imagen es usada a veces en forma desmedida, pero en el caso de ser bien usada es un aporte valioso para trasmitir sentimientos y emociones.

La actitud fundamental hacia la vida contiene en sí misma un sentido estético. Los griegos se fijaron en la belleza inteligible, inmutable. Esa actitud busca el disfrute ante la belleza, eso es posible porque lo bello está en la esencia del ser. San Agustín, heredero de ese pensamiento, entendió ese disfrutar como un placer ante una realidad que nos satisface en razón de sí misma, no por su referencia a otra cosa a la cual representa o significa. Así lo expresa en De Civitate Dei, libri XXII: "Decimos que una cosa es un placer cuando tal cosa nos deleita por sí misma y no en relación con otra". Sin embargo, los platónicos, frente a realidades inefables (ideas); los agustinianos, frente al Sumo Bien, único que puede causar el verdadero disfrutar; disfrutan ante las cosas eternas, inmutables. En ambos casos, el gozo se entiende como la adhesión a una cosa que es digna de ser amada en sí misma, y ese gozar es entendible con más facilidad en el aspecto estético, porque la belleza es propia del ser; lo digno de ser amado, el ser, aparece como lo armónico, lo bello.

Frente al gozar está el uso, usar medios para acceder a lo que se ama, por eso se dice que usamos una cosa cuando la buscamos para, por medio de ella, lograr otra cosa distinta. En lenguaje agustiniano y platónico, el gozo se da frente a las realidades eternas e inmutables, en cambio, el uso es el comportamiento adecuado que tenemos con las otras cosas, lo cual es un medio para lograr la delectación.

De ahí se puede concluir, como hizo Agustín en De diversis quaestionibus, que la perversión humana consiste en querer usar aquellas cosas de las que se debe gozar, y en gozar ante lo que sirve para ser usado; al contrario, la virtud es gozar de lo que debe gozarse y usar lo que debe ser usado. También se concluye que en el verdadero goce se está frente a la belleza (pulchritudo), entonces frente a la verdadera delectación hay un correlato objetivo, la belleza, hay un momento estético en la sana actitud frente a la vida.

En el arte se supone que hay una experiencia personal, el artista ve o vive una experiencia singular, pero de tal manera que al poder transmitirla en la obra de arte la universaliza, al hacerla de algún modo comprensible a cualquiera. En esa experiencia, sobre todo en su transmisión artística, se encuentra ante símbolos, los cuales tienen un doble significado, uno externo, la materia que se usa en la expresión artística, una pintura, o en la complejidad del arte moderno, una variedad de expresiones simbólicas, y el símbolo necesita ser interpretado, para descubrir su significado oculto detrás de su expresión material. En nuestro tiempo, el pensador francés Ricoeur ha escrito "El símbolo da que pensar".

El símbolo nos da algo importante, nos hace pensar, porque hay que interpretar un misterio que está en el origen del símbolo y, desde ese misterio, respetándolo como fundamento, el pensamiento avanza iluminado por la luz que le da lo misterioso, lo que Ricoeur llama "sus luces y sus lecciones". El símbolo promueve una interpretación por el contenido que tiene, el artista por su sensibilidad estética capta de un modo singular un sentido, y lo puede expresar desde su propia situación, con sus deseos, emociones y sentimientos, sin que el símbolo diga lo que no dice, pero recreándolo desde su vivencia, al tiempo que puede mostrar lo que hay en su interior frente a un objeto estético o sacro. No debe malograrse la oportunidad para crecer que tiene la experiencia humana en el arte.

Manuel Castillo Profesor en Filosofía de la UNSJ.

     

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