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EDITORIAL
La ciencia por una vida mejor
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El avance de la ciencia en favor de la vida es siempre un soplo de esperanza para la humanidad y de modo especial para aquellos que sufren la llaga de la enfermedad. Desarrollado a comienzo de la década del '90 por el psiquiatra pediátrico Stanley Greenspan, docente de la Universidad George Washington, un nuevo método terapéutico intensivo ayuda a que los chicos con autismo suban escalón por escalón la escalera del desarrollo hasta alcanzar niveles óptimos de interacción, comunicación y pensamiento. La técnica de este nuevo camino acaba de ser presentado en nuestro país para el tratamiento del autismo infantil y juvenil.
Este síndrome, que se manifiesta antes de los 3 años de edad y es de dos a cuatro veces más frecuente en los varones que en las mujeres, impide que quienes lo padecen puedan relacionarse y desarrollar una inteligencia normal para su edad, además, los hace comportarse de manera compulsiva y ritual. De cada 100 autistas, 15 alcanzan autonomía para realizar las actividades diarias (estudiar, trabajar y vivir solos, mientras que 35 logran una independencia relativa, con una vida en sociedad limitada. Otros 30 no pueden trabajar o estudiar por sí solos y se relacionan con dificultad, a pesar de que pueden higienizarse o hacer ciertas tareas simples sin ayuda. Los 20 restantes tienen problemas de conducta y necesitan atención médica permanente y educación especial.
El nuevo método establece seis etapas del desarrollo que el chico autista debe ir subiendo a medida que avanza la terapia. La primera es la atención y en ella los especialistas evalúan si el chico puede mantener la concentración y la calma durante una actividad que le gusta hacer y si puede mantenerlas cuando se le pide cambiarla. A ésta le sigue el compromiso o capacidad del chico de llamar la atención de sus padres. En la tercera etapa aparece la habilidad para comunicarse con intención y gestos. La cuarta ya incluye interacción en la comunicación que el chico inicia con cierto propósito. En la quinta aparece la elaboración de ideas y símbolos, mientras que en la última se ubica el desarrollo del pensamiento superior, que permite unir esas ideas.
El fruto de estas investigaciones es lo que alienta a seguir confiando en la capacidad de los hombres y mujeres de ciencia a favor de una cultura que reconozca que la vida es un don y una tarea de la que nadie puede desinteresarse.
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