Domingo, 15 de Mayo de 2005 | San Juan, República Argentina Registrar | Contáctenos | Ayuda
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La Enigma
La Enigma tenía la apariencia de una máquina de escribir. Venía en una caja de madera y era portátil. A pesar de su complejidad, los aliados pudieron descifrar su funcionamiento poco después de comenzada la guerra.
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LA MÁQUINA ENIGMA Y EL FIN DE LA SEGUNDA GUERRA
Secretos develados
Luego de la caída del muro de Berlín y del fin de la Unión Soviética, muchos secretos acerca de la Segunda Guerra Mundial salieron a la luz. Uno de ellos es el de la máquina Enigma, que los alemanes usaron para codificar sus mensajes, pero que los ingleses descifraron en su totalidad.
Por el profesor Edgardo Mendoza - DIARIO DE CUYO
El 8 de mayo se cumplieron sesenta años del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa. La llegada de las tropas soviéticas a Berlín llevó al suicidio a Hitler y a sus más estrechos colaboradores; de sus herederos, los que quedaron capitularon ante el conjunto de los oficiales aliados.

De todo el siglo XX, esta guerra es la que más interés ha despertado en el conjunto de la población mundial; los libros, films, programas de televisión, memorias y un largo etcétera se cuentan por millares. Claro que a medida que han ido pasando los años los relatos se han ido modificando, esto es así en parte porque con el transcurso del tiempo se ha reflexionado más en torno al suceso, y porque las obras tienen mayor madurez. En parte también porque fueron cambiando los condicionamientos políticos en estos últimos sesenta años. Es así que no era lo mismo escribir un artículo cuando existía la URSS y este país era un enemigo de los Estados Unidos debido a la guerra fría, que escribir el mismo artículo cuando la URSS ha desaparecido y Rusia, su heredera, busca transformarse en un país capitalista y democrático.

Cuando se daba la situación de enfrentamiento soviético-norteamericano los autores occidentales trataban de desmerecer el rol de los soviéticos y abundaban los trabajos para explicar que los alemanes perdieron la guerra debido al frío, el famoso "General Invierno", que causaba estragos en las filas germanas. Hoy ya no hay problema de desmerecer a los comunistas porque han dejado de ser peligrosos, y por lo tanto se admite que éstos contribuyeron en una gran medida a derrotar a los teutones.

Ultimamente por ejemplo han aparecido muchos libros sobre la batalla de Kurks, un gigantesco enfrentamiento de tanques que los soviéticos ganaron en agosto de 1943, es decir en pleno verano, cuando no había excusa de frío ni de General Invierno.

Lo que hoy se escribe de la Segunda Guerra Mundial aporta además otras novedades, porque se puede acceder a nuevos archivos, sobre todo ingleses, que estuvieron vedados a los historiadores por cincuenta años, es decir hasta 1995.

Debido a estas circunstancias hoy podemos reescribir la historia de este gigantesco conflicto y una de las cosas que más llama la atención es el descubrimiento que los ingleses lograron descifrar casi desde el comienzo de la guerra: los códigos secretos que utilizaban las distintas fuerzas alemanas, sin que los mismos tuvieran la más mínima sospecha. El manejo de esta información ultra confidencial y ultra secreta fue tan astuto que los alemanes no se dieron cuenta de nada hasta mucho después del último día en que hubo combates.

Para transmitir las órdenes a sus ejércitos, a sus barcos o aeronaves Alemania utilizó un aparato para cifrar los mensajes que se llamó máquina Enigma, y lo hizo desde antes del comienzo del conflicto. La consideraban una máquina superior, y estaban convencidos de que era imposible descifrar los mensajes que se enviaban por ella si no se conocían los códigos de descifrado.

La máquina Enigma era un dispositivo electromecánico, lo que significaba que utilizaba una combinación de partes mecánicas y eléctricas. El mecanismo estaba constituido fundamentalmente por un teclado, similar al de las máquinas de escribir, que controlaba una serie de interruptores eléctricos y un engranaje mecánico que consistía en varios rotores conectados entre sí.

Este mecanismo permitía que si, por ejemplo, se escribía la letra A, ésta se transformaba en otra y así con cada letra de cada palabra de un mensaje. Quien lo recibía poseía la clave que permitía a otra máquina Enigma transformar el signo en la letra A y así con cada letra de cada palabra. De esta manera se podía leer el mensaje.

Además había diferentes máquinas según las áreas del estado nazi, cada una con una clave de descifrado que cambiaba cada día. Es así que existió una Enigma para la Gestapo, las SS, las SD, los Ministerios berlineses, la Armada, la Fuerza Aérea y, por supuesto, el Ejército.

Si de algo estaban seguros los alemanes era de la eficacia de esta máquina superior, por lo que con toda confianza trasmitían con ella sus mensajes más importantes. El problema para ellos, aunque no se dieron cuenta, es que el espionaje británico logró descifrar la Enigma en todas sus versiones y con todas sus claves diarias. Los ingleses compartieron este secreto únicamente con los norteamericanos, por lo que ambos pudieron conocer siempre con antelación y con rigurosa minuciosidad las fechas e importancia de las ofensivas germanas, el volumen de sus derrotas, los proyectos político-militares y hasta los mensajes de felicitación que cada regimiento enviaba a Hitler para el día de su cumpleaños. Y sin lagunas, con fantástica precisión.

Para lograr el descifrado los ingleses reunieron a un conjunto de matemáticos polacos e ingleses y los pusieron a trabajar al comienzo de la guerra en una localidad al norte de Londres llamada Bletchley Park. A través de complejísimos cálculos matemáticos y desarrollo de la teoría de las probabilidades lograron ir avanzando. Inclusive tuvieron que desarrollar una primitiva computadora, la primera en el mundo según los ingleses, a la que llamaron Coloso.

Con la ayuda de Coloso pudieron leer lo que transmitía Enigma, y de sus distintas versiones la primera que pudieron descifrar fue la de la Fuerza Aérea alemana y la última la de su Marina. Cuando en el verano europeo de 1940 se produjo el masivo ataque aéreo de Alemania contra las Islas Británicas, los ingleses podían conocer con antelación y precisión día, hora y altura a la que se produciría el ataque, por lo que los pocos aviones británicos se concentraban en el lugar y desde gran altura caían sobre las aeronaves germanas, que eran abatidas por centenas.

En los años sesenta se filmó "La batalla de Inglaterra", donde emocionados pudimos ver el coraje y valentía de los pilotos británicos, lo que le permitió decir al Primer Ministro inglés "nunca tan pocos hicieron tanto". Hoy no sabemos si la frase estaba dirigida a los aviadores o a los matemáticos. Seguramente a ambos.

Ahora la película que tenemos que ver se llama "Enigma", filmada hace poco en coproducción del Reino Unido y Estados Unidos bajo la dirección de Michael Apted (el mismo de "Gorilas en la Niebla"), donde entre otros actúa la bella Kate Winslet y trata precisamente de la tarea de descifrado que se hizo en Bletchley Park.

No toda la información disponible era utilizada por los ingleses, porque de lo contrario los alemanes habrían terminado por darse cuenta; la utilizaban en momentos precisos pero no siempre. Claro que los golpes que pudieron dar gracias a ella fueron demoledores. Por ejemplo, luego que descifraron la Enigma de la Marina prepararon en marzo de 1943 un gigantesco convoy de buques mercantes en el que iban más de 10.000 tripulantes y lo enviaron a cruzar el Atlántico. Decenas de submarinos alemanes fueron tras él y cada uno de éstos transmitía a Berlín su posición día tras día. Los dejaron acercarse, hasta que los destruyeron uno por uno. El convoy llegó a destino prácticamente intacto y la fuerza de submarinos alemanes no pudo reponerse del golpe.

Por supuesto que ahora cabe reinterpretar cada aspecto del accionar anglo-norteamericano, y seguramente sabremos que lo que muchas veces era considerado suerte y eficiencia militar era también buena información del enemigo.

Para conocer más basta leer un libro publicado en el año 2000 titulado "Los códigos secretos", de Simon Singh, doctor en Física por la Universidad de Cambridge. Allí hay muchísimos más detalles para redescubrir estas historias que esperan ser contadas.
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