No es cuestión de fe

 

Confianza significa algo muy sencillo: tener fe en algo o alguien. Desde el gobierno nacional se dice que hace falta restituir la confianza. Tienen razón. En lo que se equivocan es en creer que con nuevos anuncios se puede avanzar en el restablecimiento de la confianza. Seguramente será lo que están analizando en el seno de FMI. ¿Será esta gente capaz de llevar a cabo lo que se propone? El esquema aritmético cierra: sumo aquí, resto allá. Es como cuando se prepara un partido de fútbol en el vestuario. Vos corrés para allá, vos te hacés el distraído, vos tirás el centro, vos cabeceás y convertimos el gol. Fácil en el pizarrón, no tanto en la cancha. Esta gente viene de empresas del sector privado con estructuras claramente verticales en las que es mucho más fácil tomar una decisión y hacer que se cumpla. La calle es otra cosa. Por ejemplo el miércoles conocimos que el fiscal Di Lello (foto) ha creído que hay elementos suficientes para procesar penalmente tanto al Presidente como al Jefe de Gabinete y el Ministro de Hacienda, por firmar el acuerdo con el Fondo Monetario sin autorización previa del Congreso. También ha pedido al juez Julián Ercolini una medida cautelar para que se suspenda la ejecución del acuerdo hasta que se sustancie la causa o colecten las medidas de prueba. Una locura. Corten el agua mientras se aviva el incendio. Pero en la política es así, las variables de la ecuación son infinitas y a veces hasta juega su papel el clima, como en la última sequía o catástrofes como el terremoto de Chile apenas asumido Piñera. Nota al margen: no quisiera estar en la piel del juez quien, con su fallo podría desatar una catástrofe de consecuencias previsibles, como dar la orden de que se mantengan bajo llave los botes salvavidas hasta ver quién tuvo la culpa de que el barco se esté hundiendo. Pero puede pasar. Más al margen, es aquí donde la ideología de los denunciantes prevalece sobre el interés general y, sobre todo, de los que ya están sintiendo en su estómago el furor de la crisis. La bronca contra Macri y las ideas "neoliberales" es superior a cualquier otra cosa ¿Se imaginan qué pueden pensar los prestamistas sobre la cuestión? Encima de prestar plata nos metemos en un lío. Puede que todo no pase a mayores, que Ercolini no atienda el pedido del fiscal o que demore la decisión hasta que resulte abstracta o que directamente continúe el proceso pero sin la cautelar. Pero, volvamos al comienzo. El plan cierra en los números, pero en el medio hay gente, grupos afectados que seguramente resistirán aun sabiendo que no hay otro remedio. Un ex gobernador de San Juan apremiado por la necesidad fue al ministro de Economía de la Nación a pedirle plata prometiendo ajustes en la administración. Perfecto, le respondieron; andá, hacé lo que debas, volvé que te damos la plata. No basta con intenciones y buenos planes, hace falta capacidad política, acordar, amenazar, pedir, humillarse, castigar si es necesario con tal de conseguir el resultado, lidiar hasta con la oposición de aquellos que serán futuros beneficiarios porque hay mucha gente que no piensa en el futuro, quiere soluciones ya, en el presente. ¿Mañana? En eso piensan solamente los ricos, los que tienen asegurada la cena de esta noche. ¿Para mis hijos? No, dame a mí, mis hijos se arreglarán a su tiempo. Pelea con los propios aliados, porque para colmo, si bien todavía en ese sentido no ha aparecido ningún problema serio, puede aparece. Hay que ganar llegando al quinto set o a los 60 minutos suplementarios, aguantar hasta que el partido termine.

 

Por ahora el gobierno viene mostrando una aceptable capacidad defensiva ante sí mismo. Hasta parece sorprendido de que no le intenten clavar el puñal desde enfrente. Hasta parece necesitado del llamado "efecto poxipol", que un ataque externo sirva de motivo de unión para las partes internas que están desconcertadas. ¿Puede pasar al ataque? Siempre se puede hacer un gol a último minuto, más aun cuando el otro equipo está paralizado, pero a medida que pasa el tiempo y se acaban los instrumentos se es más dependiente de condiciones que están fuera de control, una buena cosecha, buenos precios, liquidación de divisas, sosiego con el tipo de cambio, se pasa a necesitar que todo salga bien y a la vez. Del otro lado las amenazas son fieras: de los problemas de tipo de cambio se pasa a los financieros, luego a los económicos, sigue el descontento social, la pérdida de respeto a la autoridad, la inestabilidad política, la violencia callejera y así. No son soluciones pero la secuencia se da inexorablemente. Estamos viviendo solo la primera fase y a punto de pasar a la segunda. Como comentamos en nota anterior, estamos aun solo en una avalancha por dólares y en el arranque de una recesión. Todos, no solo el gobierno, debemos luchar para que la secuencia no siga. Los dos últimos días de la semana hábil, el dólar pareció tocar su techo bajando ya sin intervenciones del Banco Central. Pocos días para considerarlo una tendencia pero buena señal de que es posible que todo termine en un susto y una advertencia para que el gobierno entierre el gradualismo.

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