Recuerdos del Chimbas de antaño

Aquella Chimbas de 1960-1970 era una zona totalmente distinta a la actual. Fue una franja rural, con parrales y chacras, colmada de acequias, compuertas, y todo lo que hace al sistema hidráulico, corriendo por sus canales agua cristalina. Imaginando que transitamos calle Salta -entonces Urquiza- hacia el río, pasando la rotonda en Av. Benavídez, la arteria era de tierra, se pavimentó en la década del 60. Numerosos árboles adornaban tal camino, como frondosos eucaliptos. En la esquina de Salta y Benavídez hubo dos sitios emblemáticos, uno el cine Urquiza, luego transformado en pista de baile, la famosa "Cuyana", propiedad de Francisco Guerrero. El otro, un negocio muy elegante conocido como "Chamberín". Continuando hacia el norte, mano izquierda, se erigía el Barrio Laprida, en una época llamado Barrio Coronel Perón, en reconocimiento a la ayuda recibida por el secretario de Previsión Social, durante el terremoto de 1944. También ahí cercano a este barrio había un tambo, perteneciente en un tiempo a la familia Vatteroni.

 

Chimbas guarda en algunas de sus calles reminiscencias de una época pasada.

 

 

A esa altura uno que otro negocio o almacenes le otorgaban vida comercial a la zona, como el famoso almacén y corralón de una familia española de apellido Picón. Hacia el Este concluía la Villa El Salvador. Llegando a calle Neuquén, existían dos negocios y carnicerías que hicieron fama, uno de ellos era de don Sixto Salomón Díaz, llamado "El Triunfador", el otro del nombrado Francisco Guerrero, que en una cierta época hizo gala de lugar de encuentro nochero, de la famosa "barra del porrón". En esa esquina, hacia el Oeste, vivía en una gran casa la familia Ahumada, la vivienda se engalanaba con un gigantesco eucalipto que concedía sombra y belleza. Continuando hacia el Norte, vivieron familias de antiguo linaje chimbero, ahí estaba la familia Saavedra, Zabaleta, Oro, Linares, Alcucero, Gian, Merenda entre tantas otras. Todas ellas en general poseían una huerta, un gallinero y la clásica destiladera, aún no había agua potable, pues recién se instaló un surtidor público, en la década del 70, en la aludida esquina de Salta y Neuquén. Siguiendo el derrotero de la otrora calle Urquiza, antes Las Tapias, luego de esta esquina, varias cuadras hacia el Norte, había una pronunciada curva, entonces ya el paisaje cambiaba algo, aparecían los primeros parrales, como el de la familia Sanguedolce, una bodega de la familia González-Cabello, (actualmente Huarpes). A continuación la casa de quien escribe, y justo enfrente la de "las niñas Delgado", luego parrales y más parrales como la finca de don Manuel López. Llegamos a calle Saavedra, conviene aclarar que el nombre de esta arteria se debe a una pobladora que donó parte de sus tierras para trazar la calle, doña Carmen Saavedra. Esta esquina tiene sus historias, por ejemplo, hasta antes que pavimentaron la actual calle Salta, existieron grandes piedras lajas, una de ellas con una inscripción aludiendo al paso de Cabot en 1817, por la antes calle La Tapias. Esta inscripción fue colocada por alguna institución o persona memoriosa en 1917, cuando se cumplió el centenario del Cruce de los Andes. Luego la calle se pavimentó y Vialidad Provincial se llevó estas piedras lajas, nunca se supo de ellas. Para concluir este recorrido histórico, en esta confluencia de calle Salta y Saavedra, en febrero 1941, asesinaron a Félix Rocier Quiroz -el carrerito- muerte pavorosa que originó un culto popular.

 

 

Por el Prof. Edmundo Jorge Delgado      Magister en Historia 

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