Una medida desfinanció a tomateros y vaticinan una merma en la calidad

Denuncian que las fábricas les han extendido los plazos de pago de la cosecha con precios predevaluación.

Cosechadora en acción: la producción tomatera en San Juan posee un alto grado de mecanización en todas sus etapas. Ahora, como otras producciones para mercado interno, está golpeada por la devaluación.

 

 

San Juan ha logrado posicionarse en la producción de tomate perita industrial por sobre el resto de provincias del país por el volumen y calidad, pero debido al desfinanciamiento que está sufriendo el productor primario luego de la devaluación advierten que el escenario cambiará en la cosecha que se avecina. En el sector tomatero se quejan de que los contratos con las fábricas se pactaron antes de la disparada del dólar, tras lo cual los precios que recibieron quedaron atrasados y para colmo, la industria les extendió los plazos de pago. Normalmente los pagos fueron en 4 meses, pero ahora se los han extendido a 9 meses, a pesar de que en el medio hubo una devaluación y la inflación sigue en alza. No es todo. Debido a que las fábricas tienen tomate de sobra porque el año pasado hubo una producción muy buena, pero las ventas y el consumo interno van en caída, están ofreciendo como adelanto de cosecha a sus productores asociados la misma plata que el año pasado para la misma cantidad de hectáreas, algo que los productores aseguran que será "imposible de sostener". Miembros de la Cámara de Producción, Empaque y Comercio Frutihorticola de Pocito (CPEC) informaron que ante esta situación los productores estarán en desventaja a la hora de negociar un precio por el kilo de tomate. "Los pagos se pactaron en mayo, a un precio de $1,75 por kilo lo cual fue bueno para un dólar de 18 o 19 pesos, pero nos han dado cheques a muy larga financiación, hasta enero, cuando en el medio hubo un estallido, el dólar se fue a $28 y hubo una devaluación del 40%", se quejó José Luis Martín, un reconocido productor pocitano. Agregó que los pagos que ofrecen las fábricas para la nueva campaña son para septiembre, fines de enero y febrero. ""Nos dejan desfinanciados para comprar nuevos insumos que cotizan todos en dólares", reclamó. Otras fuentes del CPEC advirtieron que muchos productores están evaluando reducir la superficie de plantación para la próxima temporada, para volcarse a otros cultivos menos exigentes como cebollas, zanahorias, pasturas y zapallos. De concretarse, afectará la meta que se había propuesto el sector de incrementar un 25% la superficie cultivada, pasando a las 2.500 hectáreas para el 2019, según se apuntó en las conclusiones del V Encuentro Argentino del Tomate. El productor Guillermo López, por ejemplo, cree que se reducirá la calidad de la próxima cosecha. ""Este va a ser uno de los años que más pésima calidad va a haber, porque el productor no va a poder lograr el cultivo con éxito hasta el final al estar desfinanciado", aseguró. Sostuvo que si bien las fábricas están sufriendo también la crisis del sector ""pretenden que podamos funcionar con el mismo grado de ayuda que tuvimos el año pasado, para hacer las mismas hectáreas que el año pasado; y eso es imposible con la devaluación". En el sector estiman que no se podrá usar el mismo nivel de insumos para garantizar una buena cosecha porque al ser importados, tienen precios dolarizados que se encarecieron bastante para el bolsillo del productor. A eso se suman los otros costos que se deben afrontar tales como energía -prácticamente la totalidad de la producción tomatera industrial tiene riego por goteo- y combustible, de alto impacto en los costos debido a la alta mecanización que tiene el sector.

 

Producción

38

por ciento posee San Juan del total de producción nacional de tomate industrial.

 

Los rindes

105

mil son los kilos por hectárea que se logran producir en esta provincia.

 

Viñateros, también en jaque

 

Los viñateros también sufrieron el impacto negativo de la devaluación en la venta de la cosecha, agravado porque los bodegueros no cumplieron con el precio que se había pactado inicialmente y les pagaron menos. Desde las entidades del sector denunciaron que se habían acordado operaciones a razón de 4,20 pesos por kilo y les terminaron pagando 4 pesos en el caso de las uvas comunes. A esto se sumó que a los pagos se los extendieron de cuatro meses iniciales, a seis meses. Obviamente esa situación los pone en desventaja más aún por la perdida que produce el efecto inflacionario. Incluso fuentes del sector culparon de esta situación a algunos bodegueros -especialmente las firmas grandes- que quieren aprovecharse de los críticos momentos que se viven tras la escalada del dólar. También denunciaron la especulación del sector industrial por la mayor cosecha que se ha registrado este año, con respecto al 2017. El problema que existe en la actividad vitivinícola es que en la práctica las operaciones se pactan de palabra entre el viñatero y el bodeguero, pero no hay ningún contrato que respalde la transacción. Y una vez finalizada la vendimia y de acuerdo a los kilos cosechados se hace la liquidación, estableciéndose un precio y plazos de pago.

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