Caótica situación en el Astillero Río Santiago

El conflicto del personal impulsado por uno de los sindicatos más combativos se basa en supuestos cambios en la ociosa empresa estatal, que no han sido confirmados.

La manifestación de los trabajadores del Astillero Río Santiago, frente a la Casa de Gobierno de La Plata, revela otro caso de intolerancia sindical basado en supuestos cambios en la empresa estatal que hasta ahora no se han concretado y, además, fueron desmentidos oficialmente. Como es habitual en el accionar de la izquierda combativa, la violencia eludió el diálogo que se esperaba con las autoridades gubernamentales desencadenando el caos.


Las versiones acerca de las decisiones de privatizar, vender o cerrar el astillero ubicado en el partido bonaerense de Ensenada, desataron un día de furia el martes pasado frente a la Gobernación, a la que querían acceder por la fuerza la patota de la movilización. Ante todo buscaban la confrontación para victimizarse por la represión que buscaban.


El referente del personal del astillero, Francisco Banegas, el secretario general de ATE a nivel nacional y legisladores del Frente de Izquierda y del kirchnerismo, encabezando los desbordes, indican los verdaderos propósitos del hostigamiento a los gobiernos nacional y bonaerense sin respetar los canales de petición que asisten a los trabajadores.


El resultado de la batalla campal fue de dos manifestantes heridos, doce efectivos policiales con diversas lesiones y una decena de movilidades destruidas entre policiales y particulares estacionadas en las inmediaciones del acceso a la gobernación. Todo se realizó en "defensa de los puestos de trabajo" según ATE, aunque todavía no hay decisión política para hacer competitiva a la compañía naval.


El Astillero Río Santiago, fundado en 1953, tiene una historia de realizaciones que en el siglo pasado se lo citaba como el de mayor importancia en América latina. De su época de esplendor se cuenta a la obra más emblemática, como es la construcción de la Fragata Libertad que ostenta el récord mundial de velocidad a vela en el Atlántico Norte entre Canadá y Dublín-Liverpool. También ha fabricado material ferroviario y componentes bélicos en su fructífera trayectoria.


La caída de la fábrica naval comenzó en las últimas décadas por la inoperancia de quienes la dirigían y los negocios políticos, como los tres barcos ordenados por Venezuela durante el gobierno de Hugo Chávez. A pesar del tiempo transcurrido, sólo una nave fue entregada en tanto no se sabe nada del estado de las restantes. Por eso la reconversión o modernización del astillero de 3.300 empleados debe comenzar cuanto antes.

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