El fin de una era

El tradicional rubro de la venta exclusiva de discos resiste la extinción con el último local sobreviviente. 

 

En plena crisis de la industria discográfica, la caída de ventas y el cambio en el consumo de los particulares (la preferencia de escuchar vía streaming o música online) ha llevado al Knock Out a otra pata importante del sector de la música: las disquerías. El rubro de la venta exclusiva de discos, se sabe, es uno de los negocios tradicionales que está en etapa terminal y que están destinados a compartir el mismo destino que los videoclubs o los cyber-café. Al menos, en las grandes ciudades del país, aun se mantienen algunos refugios, pero en provincias como San Juan, se evidencia el fin de una era. Hace pocos meses cerró lo que era la única disquería dedicada conocida como Musishop, ubicada en la Peatonal Rivadavia. Sin embargo, sus dueños, la familia Olmos, todavía tienen restos suficientes como para resistir y continuar con el negocio, definieron un nuevo local con otro nombre: "Alta Fidelidad" (Laprida 215 este) pero esta vez, las bateas que contienen unos 600 títulos (el resto del catalogo descansa en un depósito), deberán compartir lugar con otros productos como instrumentos musicales, accesorios y dispositivos electrónicos. Al igual que hacen otras firmas como Cúspide y Musimundo que diversifican ofertas y alternan discos con libros, películas y juegos (hasta electrodomésticos), la venta de discos se ha convertido en un negocio que ya no es rentable para nadie.

 

Una de las grandes. Elior y al igual, Scala Música, fueron pesos pesados en San Juan. Se organizaban grandes eventos con artistas para campañas de promoción. El público tenía un contacto directo con los artistas.


En otra época, la comercialización de la música pasaba por otro estándar muy diferente a la actual.


Durante los años 60 y 70, fue la era dorada de las disquerías. Juan Luis Olmos, co-propietario junto a sus hermanos Leonardo y Ricardo de lo que fue Musishop, rememora a grandes tiendas como Musical 88, Casa Postigo, Casa Lara y Dimensión 33 -que, según cuenta, su dueño era el locutor Roni Vargas- y a fines de los 70 hasta mediados de los 80, los pesos pesados en la ciudad eran Scala Música (por Laprida entre General Acha y Tucumán) y Elior (estaba a mitad de cuadra, por la misma Laprida antes de Tucumán).

La última disquería local. Sus dueños decidieron cerrar y continuar con la actividad con un servicio más reducido y un espacio más limitado para la venta de discos.


Al llegar la década del 90, hubo un punto de inflexión y la actividad comenzó a decaer. Elior y Scala fueron cerrando y apareció en 1993 Musishop con su primer local por Avenida del Libertador, antes de Tucumán, cerca de la pizzería La Regional. Con malos períodos económicos, la crisis del 2001 y la salida de la convertibilidad, la única disquería que logró sostenerse con dignidad durante más de 20 años fue la de Olmos, con clientes mayoristas que compraban grandes cantidades de copias para después alquilarlas en los departamentos como Rawson, Albardón, Caucete, Rivadavia, Pocito y Jáchal. Además, tenían contactos con las grandes compañías distribuidoras, internacionales como Sony, BMG (antes RCA Victor), EMI y Universal (ex Philips); y las nacionales como Líder, Magenta y Epsa Music. Sin embargo, la retirada del vinilo y del casette, la entrada del Disco Compacto y la apertura a la digitalización de la música, la estandarización del MP3, posteriormente, fueron marcando la gran debacle a todo el sector, en el que por esta geografía, no fue ajeno y no pudo escapar a ello. Gran parte de la culpa pudo haber sido la masificación de la práctica de la piratería, que paralelamente fue debilitando a toda la industria, pero por otro lado, las preferencias y las costumbres de los públicos fue también contribuyendo a empujar al mismo negocio al abismo.

Musimundo. Cundo inauguró en San Juan, fue todo un suceso, pero en la actualidad, las crisis económicas y el cambio del consumo lo llevaron a ofrecer otros productos y abandonó la venta exclusiva de discos.
 


En un estudio estadístico realizado por el Sistema de Información Cultural Argentina (Sinca) que depende del Ministerio de Cultura de la Nación, los últimos censos indican que hubo una significativa pérdida de ventas de unidades de fonogramas vendidos en formato físico. Por ejemplo, en 2014, en todo el país, se vendieron unas 8 millones 269 mil unidades; mientras que en 2016, la cifra cayó a 3 millones 792 mil copias, en base a datos suministrados por CAPIF (Cámara Argentina de Productores de la Industria Fonográfica). Por otra parte, el valor estimado de abonados al servicio de música por suscripción (streaming) creció de 41 mil millones (en 2014) a 97 mil millones (en 2016). Esto sin tener en cuenta, las prácticas de descarga y compra por Internet (mediante Amazon o Mercado Libre) de los consumidores particulares. Ni siquiera Musimundo, con su gran cadena de sucursales, pudo escapar al fenómeno. Por lo que también tuvo que alternar entre la venta de discos y productos de otros rubros. Al respecto, este medio intentó comunicarse con la gerencia de la firma y no obtuvo respuesta. Por su parte, Olmos manifestó que "con Musimundo, jamás tuvimos competencia. Imposible hacerlo. La diferencia que marcábamos era el formato de trabajo. Nuestra atención era personalizada. Hoy el soporte físico no es rentable. No sé hasta cuándo aguantaremos. Debemos mutarnos y meternos en otros rubros. Antes manejábamos un volumen de stock de 12 mil unidades. Exhibidores con más de 2 mil copias. Era más artesanal todo. El disco era objeto de colección, se apreciaba por el envase, el arte de tapa, se lo regalaba y dedicaba a algún ser querido. Todo lo que simbolizaba, se perdió, lo admito con tristeza". Y agregó: "Porque queremos esto, no lo podemos abandonar. Hacemos un trabajo solitario y silencioso. Estamos en un camino sin retorno a la desaparición o transformarnos en un museo".

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