La familia siria está más tranquila y ya empezó a tomar clases de español

Llegaron el martes pasado. Ya están instalados en un departamento.

Más tranquilos. A pocos días de haber llegado al país, la familia está contenida por el pastor Carlos Lira (derecha) y toda la comunidad religiosa.

 

En pocas horas, a la familia de Mustafa Ali, la vida le cambió de cuajo. De pasar de estar en un campo de refugiados en El Líbano, ahora están instalados en un departamento de Rawson. Se animan a comprar verduras y ya empezaron a aprender algunas palabras en español. Se trata de la primera familia de refugiados sirios que llega a la provincia. Ahora están siendo contenidos por la comunidad de la iglesia cristiana Renacer, que es la institución que los recibió y está ayudando a su reinserción. La familia está compuesta por Mustafá, su esposa Cefin y su pequeña hija de un año. Llegaron a San Juan el martes pasado en medio de un clima emotivo.

 

Están más tranquilos y de apoco comienzan a entender que este lugar es seguro. Sin conocer el idioma, ya que sólo hablan árabe, una intérprete les ayuda a "traducir" el mundo. Lo que más les llamó cuando empezaron a conocer la provincia luego de su llegada es el verde de la Circunvalación. "Se sacaron fotos. Estaban sorprendidos de que en medio del desierto hubiese ese paisaje", dijo Carlos Lira, el pastor de la comunidad religiosa que los alberga y que los asistirá para que puedan incluirse sin inconvenientes en el seno de la comunidad sanjuanina.

En la semana que entra comenzarán los trámites para la residencia.

Salen a caminar, aunque nos se alejan mucho del departamento que está en Rawson. Les gusta el clima y están fascinados por las fuentes de las plazas.


Hace un par de días comenzaron a tomar clases de español. Según explicó Lira, la profesora está enseñándoles las palabras básicas para que se puedan movilizar e iniciar la comunicación. Tanto así que ya tenían planificado para este fin de semana comenzar a andar en colectivo para familiarizarse con el transporte de pasajero y les iban a sacar hasta una tarjeta SUBE.


Lo más complicado hasta ahora, además de la barrera idiomática, es el tema alimenticio. Les está costando conseguir menta fresca en las verdulerías, una hierba aromática que suelen utilizar con frecuencia para cocinar. Además de extrañar el pan árabe. Sin embargo, Cefin ya empezó a ingeniarselas y contó que lo hará ella misma.


La adaptación es lenta y todo va paso a paso. Ya asistieron a la iglesia y allí encontraron rápidamente contención a sus angustias e intranquilidades. Mientras tanto, Mustafá ya está viendo en qué trabajará. Si bien el hombre era sastre en su país, está dispuesto a realizar cualquier tarea para llevar el sustento a su casa.


Que esta familia siria llegara al país y luego a San Juan, no fue una tarea fácil. Demandó más de dos años de tareas y un exhaustivo trabajo por parte de los miembros de la iglesia cristiana. Por otro lado, el proceso para conseguir su aceptación también fue extenso. Se conoció el origen de la pareja, entrevistaron a sus familiares y con pastores de otras iglesias para recibir recomendaciones. Así se logró generar un nexo.


Según explicó Lira, en los campos de refugiados hay gran cantidad de personas que necesitan ayuda y contención. Es por eso que hicieron una selección de 40 familias que estuvieran dispuestas a vivir en la Argentina. San Juan fue una de las primeras en recibir estas familias.


 

Recibimiento emotivo

 

El partes pasado, de manera sorpresiva, Mustafá Ali, su esposa y su beba de un año llegaron al Aeropuerto Domingo Faustino Sarmiento. Fue una tarde histórica porque fueron los primeros refugiados sirios que llegan a la provincia. Pasada las 16 llegó el avión y la familia descendió temerosa. Pero a la vez, se sorprendieron por el recibimiento que tuvieron. Primero bajó Mustafá (33) y luego, Cefin (23), con la beba.


Ni bien ingresaron al edificio del aeropuerto, la sorpresa fue más grande porque se encontraron con carteles de bienvenida que estaban escritos en árabe. Esto hizo que la famlia se emocionara porque no esperó el recibimiento tras una larga lucha por huir de Alepo, una de las ciudades más golpeadas por la guerra en Siria. Mustafá saludó uno por uno a sus anfitriones, mientras que su esposa, más tímida, se limitó a transportar a su hija en brazos.


Integrantes de la comunidad religiosa acompañaron a la familia para que se instalaran en el departamento que por dos años será solventado por la iglesia hasta que Mustafá pueda insetarse laboralmente en la provincia. Desde ese día todo fue diferente para estos refugiados.

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