Un último mensaje quedó en el teléfono satelital del guía Ignacio Lucero (50), quien murió con otros dos amigos pampeanos en el intento de ascenso al volcán Marmolejo (6.108 msnm) de la Cordillera de los Andes, en el límite entre Chile y Argentina, a la altura del Valle de Uco mendocino.

“Estoy emprendiendo mi viaje”, escribió el experimentado andinista pocos minutos antes de morir, posiblemente congelado, cuando intentaba el ascenso a la cumbre, en medio de un temporal de viento y polvo blanco, a 5.800 metros de altura .

Para su pareja, María Fernanda Martínez Thierry, el mensaje hace referencia al vuelo final, a salir del plano terrenal. “Nacho siempre me decía que quería volar, amaba su trabajo en las cumbres, aunque cada vez le costaba más irse de casa porque extrañaba a Salvi”, dice la mujer.

Salvi es Salvador, el pequeño de 2 años, hijo de Ignacio y Fernanda. “Nacho nos preparó para su muerte. Nos enseñó a no tener miedo, a ser libres, a cumplir sueños”, comenta Fernanda, quien el domingo por la noche decidió viajar a Chile, en pleno operativo de búsqueda.

Fernanda cuenta que Salvi reza por las noches la oración al Ángel de la Guarda, que ella le enseñó poco antes de que su papá emprendiera el último viaje a la Cordillera. “Es la manera que el nene siente que está cerca de su papá”, dice esta joven, que trabaja como asistente de una clínica odontológica en Mendoza.

La pareja del guía habló con Clarín, mientras espera al pie de la montaña que – posiblemente mañana miércoles– el equipo de rescate de Carabineros descienda el cuerpo de Ignacio y de los otros dos expedicionarios, el intendente de la localidad pampeana de General San Martín, Raúl Espir, y del escribano Sergio Berardo.

Los tres argentinos y dos chilenos, Mauricio Montero y Pablo Buchbinder, llevaban meses planeando esta expedición a la cumbre del Marmolejo.

El 22 de noviembre, Lucero, Espir y Berardo, se encontraron en el complejo de montana Los Penitentes, en la cordillera mendocina y a 30 kilómetros de la frontera con Chile.

Allí los pampeanos dejaron su camioneta, y los tres subieron a la camioneta del guía mendocino para trasladarse hasta las proximidades del cerro Marmolejo, ubicado al final del Cajón del Maipo, un valle entre caminos mineros, a dos horas en auto de la ciudad de Santiago de Chile.

Otros guías que han ascendido el Marmolejo, dicen que antes de alcanzar la cumbre hay que atravesar unos tres kilómetros de glaciar, que tiene grietas y requiere de ir encordado. El riesgo de la cuerda es que si uno cae los otros compañeros pueden ser arrastrados.

Hasta ahora la del accidente era la principal hipótesis. Pero aún no está claro cómo murieron los andinistas y eso se sabrá recién cuando se lleven a cabo los exámenes de autopsia. Otra posibilidad que cobró fuerza en las últimas horas es que pueden haber muerto por el viento frío, lo que coincide con el relato del piloto del helicóptero que divisó los cuerpos: “Los tres escaladores estaban boca arriba y separados entre sí, en una zona plana donde ya no iban amarrados a la cuerda", dijo.

Un factor que condiciona el ascenso a la cima del Marmolejo son los vientos de más de 80 kilómetros por hora y el polvo blanco en suspensión.

La familia de Ignacio Lucero sostiene que, por cómo encontraron los cuerpos, pueden haber muerto de frío arrasados por una violenta ráfaga de viento.

“Nacho falleció el jueves 30 de noviembre porque el miércoles fue el último día que tuvimos comunicación. Nos avisó que ya estaban en el campamento 3, (a 4.800 metros de altura), que había sido un ascenso difícil y no volvió a escribirme”, recuerda Fernanda.

El último beso que el guía le dio a su mujer fue el 22 de noviembre. “Esa mañana nos despedimos en casa, iba a darle un fuerte abrazo, pero no quería que se sintiera angustiado y solo lo despedí con un beso, porque pensaba que iba y volvía”, dice su pareja.

Un rato más tarde, cuando ella estaba en su trabajo, recibe un mensaje de Ignacio que le dice que estaba abajo, que había ido a dejarle la llave. “Volvió a despedirse, una vez más, nos abrazamos y nos dimos un beso, le deseé suerte”, dice Fernanda con la voz entrecortada.

Ella ya estaba acostumbrada a despedirlo por largas temporadas, como es habitual en la vida de un guía de montaña. Ignacio había estado más de dos meses, entre julio y septiembre, en Rusia, Francia, Suiza, en distintas expediciones con clientes extranjeros. "Cada vez le costaba más irse porque no quería dejar a Salvi, su hijo. Modificó lo que más amaba en su vida que era trabajar en la montaña".

Ignacio escalaba cerros y disfrutaba de la montaña desde los 13 años. A los 22 se recibió de guía de montaña y realizó 45 ascensos a la cumbre del Aconcagua. Era un apasionado de la lectura y egresó de la carrera de profesor de Literatura en la Universidad Nacional de Cuyo, a donde recurría cada tanto para participar de alguna clase o capacitación.

En 2011, vivió un episodio que lo marcó para siempre: un infarto masivo y ACV en Nepal a poco de alcanzar la cumbre del Manaslu. Eso le provocó un daño neurológico que le afectó al habla y con rehabilitación logró recuperarse.

Siguió adelante con la asistencia de un perro guía, quien lo acompañaba en sus ascensos. En julio del 2019, hizo cumbre en el cerro El Gasherbrum II, de 8.034 msnm, la decimotercera montaña más alta del mundo, ubicada en Pakistán.

La tragedia

El pasado miércoles 29 de noviembre, cuando el guía mendocino y los dos pampeanos perdieron toda conexión, acababan de bajar los otros dos compañeros que desistieron del camino a la cumbre.

Los chilenos Montero y Buchbinder decidieron no continuar con el ascenso y regresar cuando se encontraban a 3.000 msnm, por la bravura de las condiciones del tiempo.

Luego, fueron estos amigos quienes avisaron de la emergencia al cuerpo de rescate de Carabineros y quienes financiaron el primer día de búsqueda en helicópteros, hasta que intervinieron en el rescate los gobiernos de Argentina y Chile.

Ignacio Lucero nunca había escalado el Marmolejo. Según su mujer, era muy cuidadoso con todos los detalles, incluida su condición de salud y no poner en riesgo la vida de otros, pero cuando algo se le metía en la cabeza no era fácil de desistir.

Y cuando los dos chilenos decidieron abandonar, Ignacio quiso seguir y detrás de él los dos amigos pampeanos: “Veían, por sus ojos, que tenían mucha admiración y confianza en Nacho”, contó Fernanda sobre los clientes amigos de su pareja.

El guía mendocino Gerardo Castillo, experto escalador que conoce la dificultad del Malmorejo, contó en una entrevista con radio Nihuil la dificultad de este volcán: “Una vez estuve allí y empezó a soplar un viento que no estaba pronosticado. Las ráfagas nos rompieron todas las carpas y tras esperar 12 horas refugiados como podíamos, logramos encarar el descenso”.

Y explicó que toda esa zona de montañas, que están entre Argentina y Chile, a la altura del Valle de Uco, tiene grandes formaciones glaciares, con tormentas poderosas que precipitan mucho. “Hay tramos que todavía son un misterio, y la ayuda más cercana está a varios días de caminata”, dijo Castillo.

“Un viento muy fuerte y frío los congeló. Habían subido encordados, pero ya no estaban sujetos a la cuerda cuando una ráfaga los volteó. Nacho se acurrucó en el piso y ahí quedó”, dice la pareja del guía, sobre la posible causa de muerte.

Fernanda junto a la madre, la sobrina y la hermana de Ignacio, y otros 7 compañeros de andinismo que han viajado desde Mendoza a Chile, aguardarán este miércoles en la zona de Los Baños Morales, a la entrada del cerro Marmolejo, que los rescatistas bajen los cuerpos.

Dijo la mujer que tenía el carnet de autorización para que Ignacio pudiera ascender esta temporada el Aconcagua. "Estaba todo listo. El 3 de diciembre debía ingresar con tres clientes, dos brasileños y un mexicano, al parque Aconcagua, para intentar la cumbre del cerro más alto de América", recordó.

Con enorme tristeza, en la vigilia en medio de las montañas, Ferndanda confiesa: “Tengo que verlo por última vez, soltarlo, porque sino no podrá volar como él quería”.