Una joven de 35 años, encargado de un local comercial de San Martín, fue condenado a 8 meses de prisión en suspenso por el delito de abuso sexual simple en perjuicio de una empleada, a la que toqueteó en distintas oportunidades. El caso resulta inusual para el fuero penal provincial y la condena, un llamado de atención a ciertas relaciones dentro del ámbito laboral.

 

Durante el juicio en los tribunales de San Martín, el muchacho (identificado en esta nota por sus iniciales MG), confesó su condición de gay y aseguró que por ello “los juegos y chistes”, tal como él los definió, “no tenían ningún interés sexual”; sin embargo, el tribunal entendió que sí existió delito, ya que nunca hubo consentimiento de la mujer a ser tocada.El caso ocurrió en 2010 en un comercio de San Martín, que es sucursal de una conocida firma con locales en distintos puntos de la provincia.

 

“Pasaba por detrás y me tocaba la cola, otras veces los pechos, a veces me pellizcaba por debajo del mostrador sin que el cliente se diera cuenta e incluso, llegó a meterse al baño cuando yo estaba adentro”, contó durante el juicio la víctima, de 32 años, a quien llamaremos TG. Ella aseguró que esa situación se prolongó por casi tres años.

 

 

 

-¿Usted cree que la tocaba a modo chiste? -le preguntaron durante el debate-.

 

-Para él quizás fueron chistes, pero para mí no. Estaba cansada de trabajar así; hablé con él, le dije que esos chistes no me gustaban pero me respondió: “Si te estoy jodiendo, es un chiste”.

 

El juicio fue presidido por la jueza María Victoria Franano, y los vocales Eduardo Orozco y Salvador Arnal (voto en disidencia); la condena a 8 meses fue la misma pena que había solicitado el fiscal, Oscar Sívori, en sus alegatos.

 

A la hora de la sentencia y entre otras cosas, el tribunal tuvo en cuenta la relación de poder que se daba entre el encargado y la empleada, como también el miedo a perder el trabajo por parte de la víctima.

 

-¿Por qué no se le creyó al imputado cuando dijo que solo eran chistes de trabajo? -preguntó Los Andes al juez Orozco, tras la sentencia.

 

-Porque la víctima nunca tomó como chiste el ser tocada en sus genitales. Los dichos de la joven se corroboraron y además, tres psiquiatras y un psicólogo constataron las consecuencias que sufrió en su salud, a raíz de los actos abusivos y humillantes que sufrió. 

 

Orozco subrayó además la relación de poder entre víctima y victimario: “En este caso, la variedad de agresiones sexuales y psicológicas actuadas por el agresor siempre las llevó a cabo en el trabajo, lugar donde él era la máxima autoridad. También es cierto que su ejercicio abusivo de poder estuvo facilitado por la imperiosa necesidad de trabajar de la mujer”.

 

Así las cosas, lo que para MG y para los empleados que declararon durante el juicio eran sólo “juegos y chistes”, para la mujer se volvió un drama que la llevó primero a visitar al psicólogo, luego a pedir licencias de trabajo e incluso, a solicitar a los patrones el cambio de sucursal, traslado que nunca consiguió. Finalmente, la mujer puso la denuncia penal por abuso sexual. 

 

-¿Por qué se minimizan, por qué se naturalizan estas agresiones? -se le preguntó a Orozco.

 

-En este caso, porque esto le permitía al imputado seguir haciéndolas impunemente. Y en el caso de los empleados de la empresa, que declararon diciendo también que eran “chistes”, todo indica que lo hicieron por temor o conveniencia -respondió el magistrado y reconoció que es el primer caso en su tipo que tiene dentro de la Cámara: “Tengo la impresión de que se recurre directamente a la justicia laboral. Tal vez porque allí la figura del ‘acoso’ está más reconocida desde el punto de vista cultural”.

 

Fuente: Los Andes