La crisis económica golpea con dureza a la empresa Vaspia, una histórica fundición de metales ubicada en Lanús, provincia de Buenos Aires. En medio de un severo conflicto salarial que afecta a unos 60 trabajadores, la firma decidió apagar su último horno en funcionamiento y, ante la imposibilidad de afrontar las deudas, les propuso a los empleados llevarse sobrantes de bronce para venderlos y conseguir dinero.
Metalúrgica ofreció material sobrante a sus empleados como parte de pago
La metalúrgica Vaspia de Lanús apagó su último horno tras paralizar la producción y acumuló una deuda que incluye los salarios de julio y agosto, el aguinaldo y aportes sociales.
La planta, fundada en 1960 y situada sobre la avenida Eva Perón, ya había paralizado su producción semanas atrás por la faltante de insumos. Sin embargo, la situación llegó a un punto límite tras la última audiencia mantenida este martes ante el Ministerio de Trabajo bonaerense.
Una propuesta insólita: cobrar en metal
Ante la falta de respuestas financieras, la compañía intentó saldar parte de sus obligaciones con una alternativa poco convencional. La propuesta consistió en que los propios operarios retiraran el material sobrante de la fundición para luego buscar un comprador por cuenta propia y transformar el metal en efectivo.
“Nos dijeron que volquemos el horno porque hay 300 kilos de material”, relató Pablo, delegado gremial de los trabajadores, al exponer la precaria situación en la que quedaron tras el cese de actividades.
Salarios caídos y incertidumbre laboral
El reclamo principal de los operarios —muchos de ellos con una extensa trayectoria dentro de la compañía— se centra en el cumplimiento de las obligaciones alimentarias y de seguridad social. Actualmente, la deuda acumulada incluye:
- Los salarios correspondientes a los meses de julio y agosto.
- El pago del medio aguinaldo.
- La regularización de los aportes previsionales y de la obra social.
El apagado definitivo de los hornos no solo profundizó el malestar por los haberes impagos, sino que encendió todas las alarmas sobre la continuidad de los puestos de trabajo y el futuro de una fábrica con más de seis décadas de historia en la región.