Un nuevo estudio elaborado por el Observatorio Humanitario de la Cruz Roja Argentina puso bajo la lupa la percepción, el acceso y la confianza de la ciudadanía en torno a las vacunas. El informe arrojó una paradoja clave para la salud pública: mientras los niveles de aceptación teórica sobre la importancia de la inmunización se mantienen altos, crecen los factores de reticencia y desinformación que explican la caída en las coberturas del calendario nacional.
Vacunas en Argentina: un informe de la Cruz Roja revela alta valoración positiva pero enciende alarmas por la desconfianza
Un relevamiento del Observatorio Humanitario de la institución detalló que, a pesar de que la gran mayoría reconoce la eficacia de las dosis, persisten mitos y barreras que impactan en las tasas de inmunización en todo el país.
El gran obstáculo: la desconfianza por encima de la logística
Uno de los datos más salientes del relevamiento —que abarcó a casi 4.000 casos en 16 provincias— indica que el principal escollo para sostener la vacunación ya no pasa por problemas logísticos o de falta de stock en los vacunatorios. De hecho, el 97% de las personas que intentaron vacunarse en su última oportunidad lo consiguió.
Sin embargo, el 54% de los encuestados señaló que la mayor dificultad radica en la desconfianza hacia los inmunizantes. Entre los temores más frecuentes, el miedo a los efectos adversos encabeza las dudas con un 42%, seguido de mitos arraigados vinculados a la efectividad o la necesidad real de aplicarse los refuerzos.
La brecha entre el discurso y la conducta
El estudio refleja una marcada contradicción en la sociedad:
- El 91% de la población considera que las vacunas son clave para la salud pública.
- El 79% las percibe como seguras y eficaces.
No obstante, conviven ideas que restringen su aplicación personal: un 23% prefiere adquirir inmunidad de manera "natural" y un 19% confiesa creer que no es necesario vacunarse si la gran mayoría de la población ya está protegida.
Esta distancia entre el acuerdo simbólico y la acción concreta se cruza además con el impacto de las redes sociales, espacios donde la desinformación suele circular con fuerza y generar dudas —especialmente en los sectores más jóvenes— en cuatro de cada diez personas expuestas a contenidos falsos.