¡Pasaron los Reyes!
Han pasado los tres Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltazar. Hoy son felices miles de niños argentinos. Este amanecer, que es para ellos el más maravilloso de todos los amaneceres concebibles, se han hecho realidad sus sueños, en la ventana, en su cama, o simplemente en el piso, en sus menudas zapatillas florecieron juguetes. Esta mañana, en todos los barrios de todas las ciudades no hay lugar para otra cosa que para la algarabía infantil. Millares de niños se han levantado con el alba y están ya en las calles exhibiendo, comparando, degustando orgullosamente, con alegría que les desborda, esos juguetes que fueron toda su ilusión y que les llegan como el mejor certificado de que los Reyes "saben” que han sido chicos buenos y se portaron bien. Fiesta maravillosa esta que es tan nuestra, tan cristiana y tan castiza. Fiesta de nuestra mejor tradición católica, fiesta de la ternura, de la inocencia, de la alegría, como que es fiesta de los niños y como que nos viene de nuestra estirpe hispana. Quedan para otros pueblos, el Santa Claus, el Papá Noel, la tradición pagana del árbol de Navidad. Nosotros tenemos ésta, la de los Reyes Magos, la que gozamos nosotros cuando niños, y nuestros padres, y nuestros abuelos, heredada de siglos. Como que es también auténticamente nuestra, por latina la Nochebuena de la Misa del Gallo; y lo son el pesebre y, para la esperanza, no la media en la chimenea, sino los zapatos en la ventana. Hoy, 6 de enero, fiesta de Reyes Magos, todos los niños de una Argentina llena de vaivenes, son felices. En donde costosas zapatillas o indigentes alpargatitas tienen el derecho a la vida y la oportunidad de ser felices, que no se hable de niños ricos o niños pobres, que se hable de la felicidad que un juguete o regalo de Reyes Magos ha llegado para todos los niños.