Evo Morales hace crujir el mapa de Bolivia

Por Claudio Fantini - Periodista y Politólogo

Evo Morales ya lideraba a los cocaleros del Chapare cuando gobernaba el padre del actual presidente de Bolivia. Jaime Paz Zamora logró cumplir su mandato tras surfear masivas y constantes protestas sindicales.

Las postales con los mineros marchando con sus cascos y haciendo estallar cartuchos de dinamita, con las columnas de la COB inundando La Paz y con los campesinos cocaleros cortando rutas colmándolas de rocas, fueron un paisaje cotidiano también en los gobiernos de Hernán Ziles Zuazo, Víctor Paz Estenssoro, Gonzalo Sánchez de Losada, Hugo Bánzer y Jorge Quiroga.

Incluso la breve y moderada presidencia de Carlos Mesa navegó las turbulencias sociales en las que crecía el combativo liderazgo de Evo Morales. Para el jefe de los cocaleros, sacudir gobiernos democráticos hasta que caigan sus presidentes no era golpismo sino una suerte de derecho natural que tenían los sindicatos.

Sin embargo, poco después de haber sido el propio Evo Morales quien firmó su renuncia a la presidencia como lo exigían masivas y violentas protestas callejeras, apareció diciendo que su caída fue producto de un golpe de Estado. Según el líder del MAS, ese golpe se había perpetrado a través de las multitudinarias y violentas protestas que estallaron tras lo que parecía un intento de fraude para seguir en el poder tras la elección del 2019.

Fue la única vez que vio golpismo en las protestas callejeras. Y a renglón seguido, cuando las marchas y protestas sociales sacudían al gobierno que encabezaba su ex camarada Luis Arce, exigiéndole la renuncia, a Evo Morales las agresivas manifestaciones que reclamaban la caída del presidente volvieron a parecerles algo normal que nada tenía que ver con el golpismo.

A esa altura, Evo y su ex ministro de Economía se disputaban fuertemente el liderazgo del MAS y ya se odiaban de manera visceral. Ahora, desde su guarida en el Chapare, el hombre que más tiempo duró en el cargo desde el siglo 20 hasta la fecha, trabaja con frenesí en la movilización del campesinado para tumbar a un presidente que asumió hace sólo seis meses con el 55% de los votos en el ballotage.

Paralizar las ciudades y reclamar la renuncia del presidente sólo es una actitud golpista si el destinatario de ese reclamo es el propio Evo Morales. Pero si son otros los presidentes puestos a tambalear para voltearlos, entonces no es golpismo sino legítima defensa de derechos atacados desde los gobiernos.

Que el ex líder del MAS sea un descarado desestabilizador que necesita el caos político para evitar el proceso judicial en el que está imputado por trata y violación de una menor, no significa que Rodrigo Paz sea sólo una víctima del salvajismo político opositor.

El actual presidente ha cometido demasiados errores en muy poco tiempo. Manejó torpemente el tema combustible en un país que, debido a su particularísima orografía, necesita que nunca haya escasez de nafta.

La circulación de combustible de mala calidad estropeó motores a granel y luego se produjo la escasez que está paralizando buena parte del país. Otro error del presidente fue conformar un gobierno que podría funcionar en un país étnica y geográficamente homogéneo. Pero ese no es el caso de Bolivia, cuyas complejidades exigen un gobierno en el que estén representadas las diversidades geográficas y étnicas del país.

Los errores del presidente Rodrigo Paz y las dificultades acumuladas en la economía atizan las protestas con las que el ex líder del MAS que gobernó durante quince años quiere derrocar al presidente centroderechista. Los errores del presidente Rodrigo Paz y las dificultades acumuladas en la economía atizan las protestas con las que el ex líder del MAS que gobernó durante quince años quiere derrocar al presidente centroderechista.

A ese error lo visualizó cuando ya estaba iniciada esta ola de protestas. Por eso introdujo cambios en su gabinete que apuntan a una mayor cercanía del Poder Ejecutivo con todos los rincones del país. Las torpezas de los primeros meses insinuaban que ese dirigente de centroderecha que ganó la presidencia venciendo al conservadurismo duro que lidera Jorge Quiroga, tomaría un rumbo similar al del presidente argentino. Pero las medidas que adoptó en el medio de esta crisis social vuelven a mostrarlo como un dirigente centrista.

Probablemente logre superar estos tembladerales y mantenerse en el cargo, pero ya no podrá mirar para otro lado frente a los problemas acuciantes. Uno de esos desafíos le implicará atravesar un territorio minado: lograr que la fuerza pública capture a Evo Morales y lo lleve al banquillo de los acusados, imputado por un delito sexual gravísimo y perverso, podría generar un movimiento secesionista en el Trópico de Cochabamba, donde Evo Morales tiene su feudo y donde la población no deja entrar a las fuerzas policiales y militares que quieran apresarlo.

El ex presidente está atrincherado en un territorio donde tiene un gran acompañamiento de la población. A las bandas narcotraficantes que abundan en el Trópico de Cochabamba los tienta la secesión y ya están financiando el traslado de multitudes campesinas a protestar en La Paz. El caos social y político es un buen escondite para los narcos y también para los prófugos, como Evo Morales.

Asumir el desafío de lanzar la captura del ex presidente implicará para Rodrigo Paz caminar al filo de un conflicto interno que haría correr sangre boliviana. Pero dejar que todo quede como está, implica aceptar que el estado plurinacional no controla la totalidad del territorio, y que existe una secesión de hecho.

El mapa de Bolivia se resquebraja como en los peores momentos de la tensión separatista en Santa Cruz de la Sierra, Beni y Pando.

Evo esgrime una tijera y amenaza con recortarlo.

LAS MAS LEIDAS