El paisaje que circunda al escritor, se concreta en la resonancia de su canto. Por tal motivo, deseo compartir con los lectores, distintas expresiones poéticos, como la del poeta paraguayo José Luis Appleyard cuando dice:

"Hay un sitio en el mundo donde vivo,
pequeño y singular,
un sitio mío,
un pedazo de tierra con olor a madera,
con gente como yo,
de diminuto, sangrante y triste
corazón cautivo".

En la obra de los escritores el texto surge testimonial brindando la identidad regional de cada autor. La relación paisaje y literatura se enmarca plena de matices. Muchas veces el poder de la naturaleza se amalgama con la propia interioridad para plasmar un paisaje intimo y reflexivo. Recordemos a Buenaventura Luna, Eusebio Dojorti con voz emocionada:


"Cuando me doble el cansancio
de mis afanes perdidos
he de tornar a la sombra 
de tus viejas arboledas,
al frescor de tus aleros,
a la paz de mis sembrados,
al oro de tu poniente
cuando prolonga la tarde
tu agonía entre las lomas".


Sin proponérselo, los escritores nos brindan su itinerario poético. Esteban Echeverría había incorporado el paisaje en "La cautiva". José Hernández presentó amplia visión del panorama pampeano. Sarmiento con su prosa en "Recuerdos de Provincia" y "Facundo" mostró la realidad local. Por su parte, el escritor santafesino Lisandro Fierro expresó:


"Amo al río y al estero,
las costas donde el ceibal 
con sus galas sin igual,
chispas de fuego el color,
es en la fronda su honor 
el ser la flor nacional".



La palabra de Jaime Dávalos vibra en Canción del Jangadero:


"Río abajo voy llevando la jangada,
río abajo por el alto Paraná.
Es el peso de la sombra derramada
que buscando el horizonte bajará".


La extensión y diversidad de climas de nuestro país justifica plenamente la existencia de intérpretes regionales. A veces el texto se aúna con acordes generosos de guitarras. Muy conocidos son los versos de Atahualpa Yupanqui cuando dice:


"Con esperanza o con pena
en los campos de Acheral,
yo he visto la luna buena
besando el cañaveral".



La urbe de cemento con los arrabales se reitera en la palabra de Jorge Luis Borges:


"Patria, yo te he sentido en los ruinosos
ocasos de los vastos arrabales
y en esa flor de cardo que el pampero
trae al zaguán".



Los localismos, la flora, la fauna, se incorporan al mapa regional que brindan los poetas. En cada obra la ubicación geográfica queda reflejada. Las referencias a vegetación y vientos zonales dan identidad propia. Vibra el paisaje con el paso de las estaciones y se recrea a través de los versos. Esas descripciones se enriquecen con la proliferación de metáforas y nutrida adjetivación. El paisaje del terruño es telón de fondo de la emotividad de Ofelia Zúccoli Fidanza:


"Nací de tus entrañas.
Soy raíz de tu surco, San Juan mío.
Mi cuna es Calingasta, la montaña
donde Dios se detuvo siendo niño.
Y dibujó con trinos ese valle,
y lo cubrió de azul con el rocío
y de verde en las viñas
y de rojo en la jadeante pulpa
del durazno
que se abre en el estío".



Hay una mirada sensible al espacio circundante, esa mirada se amalgama con la propia interioridad y el verso surge cromático y profundo. El escritor Antonio de la Torre nos conmueve con "Caminos de Tulum".


"Caminos de Tulum, alas del valle,
alabados de acequias y de trinos,
caminos enroscados a los cerros
entre vertiginosos laberintos,
por donde el zonda, enloquecido arrastra
las flores de los quiscos.
¡Caminos de esta tierra y de mi vida,
y de mi corazón que va contigo;
caminos de mi tierra que es mi canto,
mi justificación y mi destino!".


El poeta siente su terruño y lo elogia con devoción filial. El paisaje ingresa en su poesía y fluye armónico y vital, dejando testimonio de su paso por la vida.

Por Fanny Escolar de Siere
Profesora en Letras