En esta fecha tan especial, el recuerdo para los papás que ya no están y el saludo para todos los que cumplen esta maravillosa función de padres.


Para recordar a papá, y decir lo mucho que lo quiero, lo mucho que le debo, lo mucho que lo extraño y los muchos perdones que le pedí, y pido aunque ya no esté, necesito algo más que este espacio. Mejor dicho, no cabe en ningún espacio lo que el "autor de mis días" supo generar, y que lo sigue haciendo ante tal o cual acontecimiento de mi vida. Porque me sigo comunicando, interrogándole para que me aclare las ideas como cuando nos daba sus consejitos. 


"Desde que no estás papá"

Eso tan sutil y sublime que introdujo Mario Zaguirre en "Desde que no estás papá" y que dice, pleno de añoranzas, "qué tibio fue aquel tiempo, papá, qué seguro el camino". 


Exacto, después de perderlo tomé conciencia del valor de su mano en mi mano, guiándome camino a la escuela, o a ver a Del Bono, o a Elio Ripoll. Referir la canción de Mario, con tantos sabores a infancia, no significa una prelación sobre las varias del cancionero cuyano que hablan de la figura de "papá". Así, de instante, se me vino, en ese recorrido amoroso que concluye "qué tristes son los días, desde que no estás papá". 


"Al gaucho de mi viejo"

El vals de Raúl Rubilar y Ernesto Villavicencio, "Al gaucho de mi viejo", nos aproxima a la imagen del padre gaucho, asociado a la guitarra. Ese que se fue "justo en el momento que más lo precisaba". "Siempre tengo presente que cantaba tonadas, su mano acariciando la sonora guitarra", y abarcándolo todo, el complemento, la razón de sus afanes "si me parece verlo, cerquita de mi madre, esa viejita santa que veneró mi padre". También Zaguirre hace referencia a la infaltable compañera, cuando dice "contarte la tristeza de mamá, cuando a solas te llora". Real, absolutamente real.


Mi madre, recuerdo, solía esconderse a solas y gemía un llanto quedo, silencioso, que me entristecía. Y si me aparecía, callaba y hasta ensaya un canto como que "aquí no ha pasado nada". ¡Qué valiente mi viejita querida! Tan linda, tan joven y tan sola. Hoy nos consuela saber que están juntos, otra vez, como en "aquellos tiempos en que te acurrucabas junto a su pecho". 


"Mi tata era criollazo y angaquero"

Rodolfo Páez Oro le canta al padre, guitarrero, cantor, pero además tonelero, viejo oficio de antaño. "Mi tata era un morocho criollazo y angaquero. Cantor y guitarrero, buen tonelero allá en San Juan". Y agrega la figura del abuelo, que suele superponerse y como me pasó, no fueron pocas las veces que a mi abuelo le dije "papá", tal era la fuerza de esa simbiosis que se potenció tras la ida de mi viejo.


Canta el recordado "Gordo" Páez Oro, incluyendo al vino en este paisaje lleno de sentimientos, "mi abuelo era un morocho, criollazo y pocitano, no le negaba un trago nadie en el pago allá en San Juan".


"Romance de mi niñez"

Raúl de la Torre, en "Romance de mi niñez", también reúne a sus progenitores, en versos íntimos y profundos. "Mi padre contaba de Carpintería, donde fue labriego, leyenda y gorrión. Mi madre zurcía sus horas de sueño, y nada sobraba juntito al fogón". E interroga con preguntas que vienen de lejos, desde las raíces, "¿Dónde está, mi niñez?", "y los sueños de mis padres jóvenes, ¿adónde irán"?


"Papá querido viejo"

Y el "Turco" Abdala me hizo "moquear" cierta tarde, con los versos de "Papá querido viejo", que puso en boca de mis hijos (fue un golpe bajo, "Turco"). "Papá querido viejo, muchacho amigo mío, si al fin soy el reflejo de tu escuela de ley. Papá querido viejo, que suerte de tenerte, vení pensemos juntos, te invito yo un café".


La cita de estas canciones de nuestro rico acervo cuyano, es por supuesto limitada. Pero sería injusto para mí, abandonar esta redacción sin una mención a esa canción de 1969, de Piero, "es un buen tipo mi viejo, que anda solo y esperando. Tiene la tristeza larga, de tanto venir andando". Más que canción, una leyenda. 


Papá, en este tu día he salido en tu búsqueda por cada estrella, sobrado en cuyanías, y mi voz, astral, te dirá los muchos "¡te quiero, viejo!", que más de una vez se me atragantaron mirando el cielo.

Palabras que brotan en los corazones de hijos

"Mi padre contaba de Carpintería, donde fue labriego, leyenda y gorrión. Mi madre zurcía sus horas de sueño y nada sobraba juntito al fogón". "Qué tibio fue aquel tiempo, papá. Qué seguro el camino. Sentirme adolescente y enfrentar, de tu mano el destino". "Papá, querido viejo, qué suerte de tenerte, vení, pensemos juntos, te invito yo un café".

Por Orlando Navarro
Periodista