El papa Benedicto XVI expresó con sinceridad: "Cuando leo los escritos de San Agustín no tengo la impresión de que se trate de un hombre que murió más o menos hace mil seiscientos años, sino que lo siento como un hombre de hoy: mi amigo, un contemporáneo que habla, que nos habla con su fe lozana y actual'' (Audiencia Gral, 16 de enero de 2008).

Agustín nació en Tagaste, en el 354,  y murió un 28 de agosto del 430, siendo Obispo de Hipona, en el África Romana. Doctor de la Iglesia, pastor de almas, teólogo, exégeta, son algunos aspectos de su rica personalidad.

Fue el mismo Pontífice quien lo calificó como "el padre más grande de la Iglesia latina: hombre de pasión y de fe, de altísima inteligencia y de incansable solicitud pastoral''.

Buscador incansable de la Verdad, nunca vivió la la banalidad. La sed, la búsqueda inquieta y constante de esa Verdad ha sido la característica de su existencia. Si tuviésemos que elegir una palabra que resuma la vida de Agustín, podríamos escoger "Inquietud''. Y esa inquietud se trasluce en varias vertientes: inquietud de la búsqueda espiritual; inquietud del encuentro con Dios; inquietud del amor (Francisco, 2013).

La producción literaria del Obispo de Hipona ha sido numerosísima que "a duras penas un estudioso tiene posibilidad de leerlas y aprender a conocerlas'', dirá Posidio, su biógrafo. En sus obras se lo encuentra vivo. Ellas son fruto de su reflexión, de su oración, de su predicación y de su caridad pastoral, siempre centrado en la contemplación del amor de Dios y en la fe que viene de Cristo, Verbo eterno encarnado. Es conocida su expresión: "Tarde te amé, Oh Belleza tan antigua y siempre nueva, tarde te amé'' (Confesiones X)

En la Parroquia del Divino Salvador, del departamento Rivadavia, esta tarde apartir de las 19.30, el presbítero José Juan García ofrecerá una charla sobre el pensamiento, vida y obra de San Agustín, a la que han sido invitados a participar todas las personas interesadas en conocer aspectos de la vida de este Santo.

Si la inquietud implica siempre un movimiento, esta se refleja en la evolución del pensamiento que se madura desde la interioridad. No hay una sistematización del pensamiento agustiniano; él se encuentra repartido y reflejado a lo largo de todas sus obras. El mismo Agustín, al final de su vida, revisó sus obras y plasmó la evolución de su pensamiento en el libro Retractaciones, haciendo correcciones y añadiendo lo que la experiencia le había aportado. Siempre teniendo como fuente la Sagrada Escritura y desde la influencia de ciertos filósofos y desde su experiencia espiritual, el Hiponense fue adentrándose en el misterio de Dios, de Cristo, de la Iglesia y del hombre. La presencia de Dios en el hombre es profunda y al mismo tiempo misteriosa, pero puede reconocerse y descubrirse en la propia intimidad. Este "enigma'' y "abismo'' que es el hombre sólo se ilumina desde Cristo, que lo colma. De hecho fue el primero en escribir un tratado sistemático de la Ssma. Trinidad (De Trinitate).

Nos podríamos preguntar qué le aporta al hombre de hoy un hombre que vivió en una época distinta y tan distante de la nuestra, con cultura, costumbres y contextos tan diferentes. El mismo Agustín nos da la respuesta: "A mí me parece que hay que conducir de nuevo a los hombres (...) a la esperanza de encontrar la verdad'' (Carta 1,1). En este contexto de relativismo en el que vivimos, la búsqueda de la verdad siempre será el anhelo que habite en el corazón del hombre. En su libro más leído, Las Confesiones, está la experiencia de San Agustín; experiencia de este gigante que nos alienta siempre a seguir buscando y preguntando.