El pensamiento propio es un principio de libertad individual del ser humano. Mientras que el adoctrinamiento es colonizar la mente de las personas para manipularlas políticamente.

La anulación, o postergación, de la capacidad de pensar, es uno de las agresiones más aberrantes que pueden cometerse contra los educandos. Iniciando por los padres, primeros educadores, y siguiendo con la escuela y autoridades educacionales, son quienes tienen el deber de despertar en los aprendices, el hábito del razonamiento, del pensamiento crítico sobre cualquier materia, que les permita utilizar a pleno las herramientas que posee en su cerebro. Así, "darle'' lo que tiene que aprender, ya pre-elaborado, listo para consumir, cual comida chatarra, se convierte en un ejercicio direccionado o adoctrinador, por parte del educador, que falazmente sustrae al niño de la posibilidad de deducir, de analizar, de comparar, de resumir y, finalmente, elaborar sus propias hipótesis sobre tal o cual circunstancia. Los mayores debemos enseñar a pensar, no a dar servido qué pensar. Por supuesto que esto, tan elemental, tan de sentido común, viene a cuento de la creciente ola de adoctrinamiento que se revela en los tres niveles educativos de la enseñanza. Basta tomar los contenidos de cualquier plan de estudio, manual o materia, para darse cuenta de qué manera se enfatizan determinados hechos históricos, geográficos, o culturales, así como se ocultan otros, o se los tergiversa, para que al final el alumno termine creyendo como "verdad'', lo que se les quiere hacer creer.

Que por supuesto va en correlato con las creencias políticas, religiosas, económicas, sociales o lo que fuere, del educador. ¿Habrá alguna dificultad en enseñar a pensar? No es una ciencia oculta. Se puede y se debe hacer. Es condenable la actitud del que retacea o niega esa posibilidad. No soy un experto, pero hurgando en la profusa lectura que existe, rescato este trabajo de Louis E. Raths quien sostiene que el carácter incompleto del pensamiento, se ve reflejado en ciertas conductas como la impulsividad, la excesiva dependencia del profesor, la incapacidad para concentrarse y captar significados, la extrema falta de confianza, etc., que tenderían a disminuir si se brindan suficientes ocasiones para practicar el sublime acto de pensar. Los docentes, dice, deben propiciar conductas auto-dirigidas en sus alumnos, donde estos asuman su propia responsabilidad, incluso la de corregirlas o cambiarlas por completo. Sugiere una lista de operaciones del pensamiento, que si bien no es completa, dan una idea hacia dónde se deben enfilar los esfuerzos de la educación. Ellos son: enseñar a observar, comparar, clasificar, hipotetizar, suponer, criticar, imaginar,organizar, resumir, codificar, interpretar, resolver problemas, tomar decisiones, proponer y argumentar. Cada uno de estos puntos orientados a una mejor educación, merecen un desarrollo que intentaremos en próximas notas. Todo depende de que el educador esté dispuesto a impulsar en su educando, el apasionante reto de descubrir las capacidades de su pensamiento.