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Minería y comunidad

Calingasta y la minería, acciones en territorio apostando a las nuevas generaciones y el crecimiento de la comunidad

El desarrollo local para evitar trabajadores o empresas “golondrinas” en Calingasta es uno de los puntos que más progreso está teniendo en la previa del boom minero. Lograr beneficios para la comunidad a largo plazo e impacto en otras actividades son parte de los escenarios que se proyectan.

Por Celeste Roco Navea 4 de octubre de 2026 - 08:00

Calingasta registra actividad minera desde mediados del siglo XIX. Actualmente, la actividad sigue presente y se entiende, será uno de los principales motores de crecimiento en el departamento. Ante ese escenario, y apuntando a que no sea una temporada óptima pero pasajera es que las acciones de privados se enfocan en profesionalizar las nuevas generaciones y en que los beneficios de la minería se materialicen en cada localidad.

Articulación entre cámaras, empresarios y proyectos mineros dan lugar a distintas capacitaciones orientadas a formar calingastinos ante el inminente crecimiento de la demanda de mano de obra capacitada. Esto, para que cuando surjan las vacantes laborales no tengan que llegar trabajadores de otras zonas porque no cuentan con personal formado e idóneo en el departamento.

Sin embargo, para capacitar hay que tener una noción sobre cuáles son las actividades o rubros en donde es necesario reforzar los conocimientos y las formaciones. Ante ese escenario, hay proveedores locales que recorren cada una de las localidades de Calingasta, incluso las más rurales y poco pobladas, para conocer los perfiles de sus habitantes, antecedentes laborales, formaciones y en base a ello abrir una puerta a oportunidades. Otros que, ante la escasez de personal a la hora de realizar contrataciones enfocan las propuestas como cursos o talleres hacia esas áreas, como conducción de 4X4, transporte de carga o manejo de maquinaria específica, por mencionar algunos ejemplos.

El avance de los proyectos mineros que se encuentran en el departamento, como Los Azules o Altar, obligan al sector a elevar el nivel de preparación de los habitantes, más que nada de los jóvenes. Así lo señalaron desde la Cámara de Servicios Mineros de Calingasta (CASEMICA), quienes trabajan junto a los socios para concretar capacitaciones en base a necesidades detectadas. Pero la formación va más allá de los individuos, ya que surge la necesidad de formar también a los proveedores.

Pocas son las empresas departamentales con capacidad suficiente para cumplir con las demandas o los requisitos que establecen los proyectos mineros para sumarse a la cadena de proveedores de manera particular. El asociativismo comienza a aparecer como una figura fundamental, y es algo que desde la cámara están impulsando no solo entre los asociados, sino también con todos los actores de actividades privadas en el departamento, entendiendo la oportunidad que genera la minería para impulsar actividades como el turismo, comercio o la agricultura.

Al asociativismo se suma la voluntad de empresarios que alcanzaron estándares internacionales y abren las puertas de sus proyectos a quienes estén interesados en profesionalizar sus prestaciones. Esto, aseguran desde la CASEMICA, es para evitar que lleguen empresas de afuera, se instalen, saquen todo el provecho que puedan de la situación y, culminado el trabajo, se retiren del departamento, sin colaborar en el progreso de la comunidad.

La apuesta de los privados en Calingasta no está solo enfocada en la formación de personal y contar con mano de obra calificada y registrada, sino que va más allá, buscando un impacto en la comunidad. El propósito de todos los actores involucrados es que el departamento cordillerano no se vuelva en un “pueblo fantasma”, es decir, una zona que pierde empleo, actividad e incluso su población por no haber planificado un desarrollo sustentable para la zona una vez que la minería deje de ser protagonista.

Para que eso suceda tienen que pasar varias décadas. Sin embargo, la historia de Calingasta juega en contra al ver localidades como Hilario que pudieron haber crecido con el desarrollo de la minería y no lo hicieron, quedando solo ruinas y vestigios de una población que no prosperó.

Parte de las estrategias para evitar el peor escenario se orientan al desarrollo de otras industrias, la materialización de obras de infraestructuras que se puedan concretar en conjunto con proyectos mineros y una participación activa en materia de regalías. Sobre este punto, proveedores de Calingasta ponen el ojo en la necesidad de contar con esos fondos para que el municipio pueda trasladarlos a obras públicas y planificación de impacto comunitario a largo plazo.

Lejos quedaron las conversaciones y pasaron a la acción en territorio. Talleres, cursos, encuentros, reuniones de puertas abiertas y dialogo constante entre distintos actores involucrados en la actividad minera evidencia el compromiso que tiene el sector en Calingasta para sacar el mejor provecho de la situación sin poner en riesgo la prosperidad de la comunidad.

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