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MINERÍA

Gualcamayo pasó en tres años de ser una mina que iba al cierre a un proyecto con tres décadas de horizonte

A tres años de la compra por parte de AISA Group, Gualcamayo dejó atrás el escenario de cierre y avanza hacia una nueva etapa, con una inversión de 665 millones de dólares bajo el RIGI.

Por Redacción Diario de Cuyo 21 de septiembre de 2026 - 18:26

Hace tres años, el futuro de Gualcamayo parecía encaminado al cierre. La mina de oro ubicada en la precordillera de Jáchal llevaba 15 años de producción comercial, había superado los tres millones de onzas extraídas y contaba con un plan de cierre presentado ante la provincia. Los recursos conocidos rondaban entonces los 1,4 millones de onzas.

En septiembre de 2023, ese escenario cambió con la compra de Minas Argentinas por parte de AISA Group, el holding de origen familiar fundado por el empresario español Juan José Retamero. La operación se concretó en un contexto de restricciones cambiarias, dificultades para importar insumos y pocos meses antes de las elecciones presidenciales.

La nueva conducción decidió revisar el futuro de la operación a partir de una premisa: aprovechar la infraestructura, los permisos, los equipos y el conocimiento acumulado durante años, pero también volver a mirar el potencial geológico del distrito.

“Donde otros veían final de ciclo, vimos infraestructura instalada, permisos y licencias. Vimos caminos, energía, campamento, equipos, conocimiento minero, producción y un distrito que todavía no había sido entendido en toda su escala”, explicó Retamero.

2024: producir con el mineral que ya estaba extraído

El primer gran cambio llegó en 2024, cuando la empresa revisó la estructura de costos de Gualcamayo. El análisis determinó que extraer el mineral que permanecía en los rajos y en la mina subterránea no resultaba económicamente conveniente.

En abril de ese año se detuvieron el minado, la trituración y el transporte hacia la pila. La operación se redujo y concentró en recuperar el oro contenido en el mineral que ya había sido extraído y depositado en el valle de lixiviación.

Para sostener ese proceso fue necesario reconstruir la pila, rediseñar el sistema de riego, incrementar la capacidad de flujo por hora y realizar ajustes metalúrgicos para mejorar la recuperación.

Así, Gualcamayo dejó de extraer mineral nuevo, pero mantuvo la producción a partir del material acumulado.

2025: baja de costos y recuperación económica

Los primeros resultados de esa transformación se reflejaron durante 2025. Sin procesar mineral nuevo, Gualcamayo produjo 43.700 onzas equivalentes de oro, mientras que el costo por onza vendida descendió desde unos 2.400 de dólares en 2023 hasta cerca de 1.150 de dólares.

A ese cambio operativo se sumó el incremento del precio internacional del oro, que mejoró la ecuación económica del proyecto.

Según los datos presentados ante la Comisión Nacional de Valores (CNV), el resultado económico pasó de terreno negativo en 2023 a 116 millones de dólares antes de impuestos en 2025. En paralelo, la inversión anual se multiplicó por diez y actualmente se ubica en torno a los 60 millones de dólares.

La continuidad de la actividad también tuvo impacto en Jáchal. Durante 2025, el Fondo Fiduciario de Gualcamayo permitió avanzar con obras como la red de agua potable de San Roque, la impermeabilización del Canal del Norte, la reconstrucción de seis puentes de agua y un pozo de refuerzo para la planta potabilizadora de Villa Mercedes.

La compañía también impulsó rondas de negocios entre contratistas y proveedores sanjuaninos, además de programas de vinculación con estudiantes y docentes de universidades y escuelas técnicas.

Carbonatos Profundos, el proyecto que cambió el horizonte

El principal eje de la nueva etapa es Carbonatos Profundos (DCP), un cuerpo mineralizado ubicado debajo de las áreas históricamente explotadas de Gualcamayo.

Después de más de 80.000 metros de perforaciones diamantinas y de la recategorización de los recursos bajo los estándares internacionales NI 43-101 y JORC, el depósito suma más de 4,8 millones de onzas de recursos.

Si se considera todo el distrito, la compañía informa más de 7 millones de onzas en recursos, mientras que las reservas probadas y probables certificadas alcanzan las 3,36 millones de onzas.

A comienzos de 2026, Carbonatos Profundos fue aprobado para ingresar al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). El proyecto contempla una inversión de 665 millones de dólares y, según las proyecciones de la compañía, exportaciones por 26.500 millones de dólares entre 2030 y 2055.

Actualmente avanzan los estudios de prefactibilidad. El diseño contempla una nueva mina subterránea y una planta de oxidación a presión, tecnología que, de concretarse, no tendría antecedentes en Sudamérica.

La construcción demandaría entre 1.000 y 1.500 trabajadores. Con los recursos identificados hasta ahora, sin considerar nuevos descubrimientos derivados de futuras campañas de exploración, la compañía proyecta una producción cercana a las 166.000 onzas anuales durante al menos 17 años.

Ya comenzaron las obras para preparar la nueva etapa

La expansión dejó de ser solamente un proyecto de papeles. En agosto comenzaron trabajos por más de 15 millones de dólares destinados a ampliar la planta actual, los almacenes de reactivos y los campamentos.

Los principales trabajos civiles fueron adjudicados a una empresa sanjuanina, que incorporó 230 trabajadores. Con esas contrataciones, cerca de 1.000 personas quedaron vinculadas a la actividad de Gualcamayo.

“Vamos por un nuevo Gualcamayo”, resumió Gabriel Corvo, CEO de Minas Argentinas, al describir el objetivo de la compañía.

“No se trata solamente de extender la vida de la operación que conocemos, sino de construir una nueva mina, con otra escala, nueva tecnología y un horizonte de largo plazo”, agregó.

Un distrito minero que todavía tiene áreas por explorar

La apuesta de AISA no se limita a Carbonatos Profundos. La compañía busca transformar Gualcamayo en un distrito minero de casi 40.000 hectáreas, ampliando la exploración hacia sectores que todavía no fueron estudiados en profundidad.

Los actuales recursos y reservas certificados surgieron de trabajos realizados sobre apenas el 4% de la propiedad, según los datos difundidos por la empresa.

“Estamos pensando Gualcamayo como un distrito, no solamente como una mina. Todo lo que conocemos hasta hoy proviene de haber explorado en profundidad una porción muy pequeña de la propiedad”, señaló Nicolás Bareta, Head of Mining de AISA Group.

En ese marco aparece el Programa G50, cuyos lineamientos fueron presentados por Retamero en junio ante el presidente Javier Milei durante un encuentro con empresarios españoles en Madrid. El programa contempla inversiones por 1.500 millones de dólares y la compañía analiza presentarlo como un segundo proyecto bajo el RIGI.

La primera etapa prevé entre 24 y 36 meses de evaluación de recursos remanentes, mientras continúan los trabajos exploratorios en otros sectores con potencial para oro y metales industriales.

De acuerdo con la empresa, los geólogos ya identificaron áreas de alto potencial que abarcan más de 15 kilómetros cuadrados, donde confluyen anomalías geofísicas y valores de superficie considerados relevantes.

Empleo, proveedores y nuevos desafíos

La nueva etapa de Gualcamayo también implica mayores demandas en materia ambiental, social y energética. Minas Argentinas sostiene sus operaciones bajo estándares como ISO 14001, ISO 45001 e ISO 26000, además de programas de monitoreo de aguas superficiales y subterráneas y mecanismos de participación comunitaria.

Según los datos aportados por la compañía, el 96% de los trabajadores son de San Juan, mientras que más del 69% de los bienes y servicios contratados tienen origen provincial.

La eventual construcción de Carbonatos Profundos ampliará esa demanda y abrirá oportunidades para contratistas, proveedores y empresas de servicios vinculadas a la actividad minera.

Tres años después de la adquisición, el cambio en el escenario es sustancial: Gualcamayo pasó de tener un plan de cierre presentado a contar con un proyecto de nueva mina, una inversión aprobada por 665 millones de dólares y un programa de exploración que busca ampliar considerablemente los recursos conocidos.

La mirada de AISA, además, ya no está puesta solamente en sostener la operación existente, sino en desarrollar un distrito minero con un horizonte de varias décadas.

“Hace tres años compramos una mina que tenía presentado su plan de cierre. No vinimos a administrar ese cierre: vinimos porque estábamos convencidos de que Gualcamayo tenía mucho más para dar. Hoy decidimos construir una nueva mina, explorar un distrito de casi 40.000 hectáreas e invertir pensando en las próximas décadas”, sintetizó Retamero.

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