Cuyo Minero

Iglesia y la minería: la visión de la juventud, la articulación de la "mesa de tres patas" y una necesidad que se vuelve urgencia

Desde hace más de 20 años se desarrolla la actividad minera en Iglesia de la mano de Veladero. Aprender de los errores del pasado, la visión de las nuevas generaciones y fortalecer la mano de obra forman parte del escenario local.

Por Celeste Roco Navea 8 de noviembre de 2026 - 08:00

Iglesia se convirtió en el departamento minero por excelencia en San Juan durante las últimas décadas. Desde el inicio de las operaciones de Veladero, en octubre de 2005, la actividad adquirió un papel central en el territorio y posicionó al yacimiento entre los principales desarrollos mineros del país. Durante años hubo cuestionamientos hacia gestiones pasadas por el uso de las regalías mineras y la falta de obras que reflejaran el impacto de la actividad en la comunidad. Sin embargo, el panorama presenta cambios y el trabajo articulado entre distintos sectores aparece como un factor clave para el crecimiento del departamento y sus habitantes.

En la actualidad en Iglesia hay varios proyectos en instancia de exploración como explotación, lo que lleva a una demanda creciente de mano de obra capacitada y profesionalizada. Su desarrollo más importante en actividad es Veladero, hoy la mina de oro y plata más grande del país. Pero su potencial es enorme: en su territorio se encuentra Vicuña, que se encamina a ser la mina de cobre más grande del país, y otras exploraciones tempranas pero que ya asoman con fuerza como Lunahuasi o TMT.

El desafío para este departamento es el de incorporar escala y poder lograr más desarrollo local ante lo que será una revolución minera que los tendrá como protagonistas. Ante ese escenario, el trabajo en conjunto entre empresas e instituciones educativas de nivel secundario; como las propuestas que surjan tanto de las cámaras de proveedores como desde el municipio apuntadas a la formación de los vecinos es indispensable para responder a las necesidades que plantea el sector.

La apuesta de las nuevas generaciones no es solo un cliché que se utilice en el departamento. Dentro del universo de cámaras de proveedores que existen hoy en Iglesia, siendo seis en total, una de las que destaca es la CADEMI (Cámara de Proveedores Mineros Jóvenes). La mayoría de sus integrantes no superan los 35 años, algunos de ellos herederos de negocios familiares, mientras que otros identificaron oportunidades y apostaron por proyectos que luego vincularon a la actividad minera. Si bien es un espacio relativamente nuevo, su presencia en el territorio es más que notable.

Con una fuerte intención a fortalecer el rol de la juventud en la minería, de sumar profesionales y ser cuna de oportunidades para aquellos jóvenes que por distintos motivos no pueden dejar Iglesia para formarse fuera de sus fronteras, la CADEMI propone ser un espacio de contención, formación y oportunidades; además de nexo con los proyectos mineros.

El desarrollo se sostiene en una mesa de tres patas, aseguran en el departamento. Los actores son los proveedores, nucleados en distintas cámaras, las empresas operadoras y exploradoras mineras que deben aportar apertura y disponibilidad, y el municipio, que tiene la responsabilidad de gestionar y ejecutar obras que fortalezcan la infraestructura del departamento. Durante años las inversiones en infraestructura, tanto las mínimas como las de mayor envergadura fueron relegadas, despertando las críticas de algunos sectores que acusaban a gestiones pasadas de “despilfarrar las regalías”. No obstante, aseguran que hoy la realidad en Iglesia es otra.

El Municipio muestra como ejemplo de estos cambios la nueva cara del departamento. Sus históricas calles de tierra hoy están pavimentadas. Construcciones de edificios públicos postergados durante tiempo actualmente son espacios de encuentro y contención para los vecinos o están en vías de serlo. Incluso obras menores como cunetas o veredas han cambiado la cara de las distintas localidades iglesianas.

Trabajadores municipales de Iglesia realizan tareas de manteniemiento en una plaza departamental

Pero no todo avance ha logrado resolver las demandas que hoy tiene el departamento. Hay una necesidad que se está volviendo una urgencia, donde los tiempos no coinciden entre los requerimientos y las disponibilidades. Se trata del esperado Parque Industrial de Iglesia, un proyecto que generó grandes expectativas cuando se anunció, en el 2012. El tiempo pasó y aquel terreno destinado a albergar a distintas empresas que buscan asentarse en el sitio sigue sin registrar cambios.

Esta infraestructura es clave para que se instalen nuevas industrias o servicios asociados a la minería. El objetivo final es que se generen nuevas unidades de negocios de forma local y para eso requieren no solo del espacio, sino también de los servicios asociados para que esto sea posible.

El proyecto fue relanzado en enero del 2023 y desde entonces se están realizando las distintas presentaciones para obtener las habilitaciones y los avales necesarios para el funcionamiento del predio que comprende unas 400 hectáreas. Pese a ello, el terreno no muestra transformaciones que permitan concretar el objetivo de reunir allí a las empresas interesadas en instalarse en Iglesia.

Hoy, las empresas que buscan instalarse en Iglesia con miras a sumarse a la actividad minera no tienen un espacio físico que las nuclee. Los dueños de distintos terrenos ven la oportunidad de vender y eso conlleva a un eventual conflicto territorial que se pueda dar en el futuro. “Tenemos una empresa de grúas que está en medio del pueblo y es notable. Así como esa empresa van a venir más y la gente que es dueña puede hacer lo que quiera con el terreno. Con un parque industrial eso no pasaría”, sostienen vecinos que advierten sobre la importancia de preservar la identidad de las localidades mientras se desarrolla la actividad minera.

Cuentas pendientes quedan por resolver en un departamento que no desespera. Todos los actores involucrados entienden que el progreso de la mano de la minería es una realidad, aunque los tiempos de concreción de las iniciativas no siempre coinciden con las necesidades reales. Pese a ello, todas las acciones y voluntades están puestas en lograr que Iglesia continúe avanzando, dejando en la mano de las futuras generaciones la prosperidad iglesiana.

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