El enorme potencial económico del postergado continente africano comenzará a gravitar en el universo del comercio mundial con la creación de una de las zonas de intercambios de bienes y servicios más poderosas gracias al acuerdo alcanzado por 55 países, con más de 1.200 millones de habitantes, alrededor de tres billones de dólares de PBI en conjunto y una unión aduanera con libre circulación de capitales e integración de negocios.


El Tratado de Libre Comercio Africano, cuyo primer paso se concretó el viernes último, es la culminación de un largo proceso lleno de obstáculos por las asimetrías de las naciones que integran la Unión Africana, pero el convenio avanza en forma sostenida. 


Desde que se acordó en enero de 2012 hasta el 30 de mayo último, han pasado más de ocho rondas de negociaciones para aprobarse la integración continental.


Todas las naciones se comprometieron en eliminar los aranceles en un 90% para bienes de consumo, lo que implica un aumento del 52,3% del comercio continental y se calcula que a medida que caigan las barreras arancelarias se duplicará el intercambio actual. 


El tratado es también muy atractivo para la inversión extranjera ya que los productos fabricados en cualquier país africano por empresas de China, Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia o Turquía podrán circular a un costo sensiblemente inferior al actual. 


Esto fomentará la industrialización y la diversificación económica según los observadores.


No obstante las metas fijadas para este gigantesco mercado común, que transformará la vida de los africanos, de acuerdo al proyecto, uno de los mayores problemas lo plantea la diversidad de países con economías muy sólidas y otros muy debilitados que hacen difícil armonizar la legislación común. Es el caso de Sudáfrica, Kenia, Egipto o Marruecos con gran capacidad de fabricación de bienes, que se beneficiarán rápidamente con el Tratado, mientras otros más postergados productivamente, caso de Guinea Bissau, Togo o Uganda, difíciles de compatibilizar en los primeros momentos.


También son disímiles la capacidad del sector productivo y la infraestructura en general de África con zonas muy bien abastecidas de suministro energético u otras carentes de servicios básicos para ser competitivos. Todas las asimetrías estarán en medio del debate de la cumbre de jefes de Estado que se reunirá en julio venidero en Niamey, la capital de Nigeria, ante la mirada del mundo desarrollado por un nuevo contrincante en el plano internacional.