La higiene en la cocina es la piedra angular para prevenir enfermedades transmitidas por alimentos. Por esa razón, muchas personas tienen la costumbre automática de sacar el pollo crudo del envase y lavarlo bajo el chorro de agua de la canilla para "limpiarlo" antes de cocinarlo. Pese a las buenas intenciones, infectólogos y expertos en seguridad alimentaria advierten que lavar el pollo crudo es una de las prácticas más peligrosas de la cocina doméstica.
Por qué recomiendan no lavar nunca el pollo crudo bajo la canilla
Este hábito tan común en las cocinas familiares no elimina bacterias y propaga gérmenes por toda la mesada.
El fenómeno de la contaminación cruzada por salpicaduras
El pollo crudo suele contener bacterias patógenas en su superficie, como la Campylobacter o la Salmonella. Al colocar la presa bajo el agua corriente, la presión del chorro genera microgotas invisibles de agua contaminada que salpican en un radio de más de un metro, depositándose sobre la mesada, platos limpios, utensilios, repasadores o verduras listas para consumir crudas.
Cómo manipular el pollo crudo de forma segura
-
No lo laves: el agua no mata las bacterias. La única forma eficaz de destruir los gérmenes es la cocción al fuego, alcanzando más de 74°C en el centro de la pieza.
Secar con papel absorbente: si el pollo trae exceso de jugo o humedad, pasale toallas de papel de cocina descartables y tiralas a la basura de inmediato.
Tabla exclusiva: usá una tabla de picar exclusiva para carnes crudas y lavala con agua caliente y detergente inmediatamente después de usarla.
-
Lavado de manos: lavate las manos con abundante agua y jabón tras tocar la carne cruda antes de manipular cualquier otro ingrediente.