Excavaciones que un grupo de arqueólogos en Pompeya, Italia, revelaron las condiciones de explotación en las que vivían los esclavos en los molinos harineros, hace dos mil años, donde se producía el pan, y pasaban sus días en condiciones de hacinamiento e insalubridad, junto a una tropa de burros, lo que aparece reflejado en obras del escritor Apuleyo, que vivió en el siglo II d.C.

El hallazgo arqueológico reveló que los esclavos pasaban sus días en un habitación de minúsculas ventanas atravesadas por barrotes de hierro, que dejaban pasar una luz muy escasa y no se abrían al exterior, sino a otra habitación de la vivienda, donde hombres y mujeres esclavizados y animales vivían para moler granos de distintos cereales para hacer el pan.

La incursión en este sitio, que quedó sepultado por la erupción del volcán Vesubio en el año 79 d.C, reveló que de acuerdo a las huellas encontradas, los burros debían caminar en círculo durante horas, de día y de noche, con los ojos vendados, para mover la piedra del molino, junto a una persona que, además de empujar al animal debía vigilar el proceso de molienda. Sobre el suelo, aún se observan las muescas que se realizaban para evitar que los animales se resbalaran y que, además, trazaban una especie de itinerario circular.

Autoridades del Parque Arqueológico de Pompeya señalaron que la brutalidad de las condiciones de trabajo en los molinos de la antigüedad ya fue documentada en la obra El asno de oro, también conocida como las Metamorfosis del escritor Apuleyo, quien en esta novela, el popular autor narra las aventuras de Lucio, transformado en asno y vendido a un molinero, y describe con horribles detalles las condiciones deplorables en las que vivían los esclavos de los molinos, “basándose evidentemente en el conocimiento directo de contextos similares”, señala un comunicado.


“Con su piel toda marcada con moretones oscuros, la espalda magullada por los golpes, sobre la que un harapiento trapo más que cubrir, hacía sombra; algunos sólo llevaban un trozo de tela fina tela alrededor de sus partes íntimas, y todas ellas y todos ellos estaban vestidos de tal manera que a través de esos harapos se podía ver todo, tenían la frente marcada con letras, sus cabezas rapadas por la mitad y sus pies encadenados, y estaban desfigurados por la palidez y con sus párpados consumidos por la brumosa oscuridad de aquel ambiente oscuro y lleno de humo y por ello veían muy mal”, se lee en la obra de Apuleyo. Y continúa: “Como boxeadores que pelean todos salpicados de polvo, estaban asquerosamente cubiertos del blanco de aquel polvo harinoso”.

El nuevo hallazgo permite conocer mejor el funcionamiento del molino, que, aunque estaba en desuso en la época de la erupción, “proporciona una oportuna confirmación del desconcertante cuadro pintado por Apuleyo”, agregaron desde el cuerpo de arqueólogos de Pompeya.

El descubrimiento revela además la compleja estratificación de la sociedad pompeyana, donde la mayoría de los ciudadanos pertenecía a las clases bajas. “Se trata de un espacio en el que hay que imaginar la presencia de personas de condición servil cuya libertad de movimientos el propietario restringía. Es la cara más chocante de la esclavitud antigua, la que carece de relaciones de confianza y de promesas de emancipación, donde las personas se veían reducidas a la violencia más brutal, una impresión que se confirma plenamente con el cierre de las escasas ventanas con rejas de hierro”, señala el director del Parque Arqueológico de Pompeya Gabriel Zuchtriegel, en un artículo científico.

En este sentido agrega que este tipo de espacios "también ayudan a entender por qué hubo quienes consideraron necesario cambiar aquel mundo y por qué en los mismos años un miembro de un pequeño grupo religioso llamado Pablo, más tarde santificado, escribió que es mejor que todos seamos siervos, douloi que significa esclavos, pero no de un amo terrenal, sino de uno celestial”, consigna el diario El País.

Los hallazgos

La panadería fue descubierta durante la excavación de una vivienda mayor en la que también se halló un fresco que parece mostrar una masa que se parece notablemente a una pizza actual. La panadería está detrás de la pared con el fresco.

En otra habitación de la vivienda, donde había una especie de altar doméstico, se hallaron una serie de inscripciones políticas, el equivalente antiguo de los manifiestos y carteles electorales actuales. Los textos invitaban a votar a Aulus Rustius Verus, candidato a edil, un cargo de la Antigua Roma que controlaba, entre otras cosas, las obras públicas. Los científicos creen que la vivienda pertenecía probablemente a un partidario del candidato. 

Las excavaciones realizadas sugieren que la casa estaba en medio de una renovación cuando se produjo la erupción del Vesubio, y que la panadería probablemente no estaba en servicio en ese momento, pero sí estaba ocupada por personas, ya que aparecieron los cuerpos de tres víctimas.

Las excavaciones iniciadas en el siglo XVIII, en Pompeya, sepultada por una erupción del Vesubio en el año 79 d.C. bajo toneladas de lapilli, ceniza y roca, han proporcionado valiosos datos sobre la vida y las costumbres de sus antiguos habitantes.

Télam