El evento de presentación se llevó a cabo en las instalaciones de la Casa del Vino, en un cálido e imponente marco de amigos, colegas, referentes del sector y personas invitadas especialmente para la ocasión. La velada giró en torno a una exclusiva cata dirigida para degustar cada matiz del nuevo producto, un momento largamente postergado que el especialista decidió materializar tras encontrar la inspiración justa.
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"Nada que ver", el vino que fusiona Pedernal, Calingasta e Iglesia con estética surrealista
Bajo el sugerente nombre "Nada que ver", el especialista vitivinícola concretó un anhelado proyecto de autor. El vino combina la frescura, el color y la riqueza frutal de tres valles extremos de la provincia en una propuesta que rompe los moldes de la industria.
Con una trayectoria consolidada en el desarrollo de grandes marcas dentro de la industria vitivinícola, el reconocido enólogo sanjuanino Pedro Pelegrina dio el gran paso y presentó en sociedad su primer vino de autor, bautizado bajo el sugerente y disruptivo nombre de "Nada que ver".
Luego de postergar el proyecto durante varios años, el especialista encontró la inspiración justa para materializar un anhelo personal. "En la industria tengo un tiempo muy largo trabajando y desarrollando otras marcas, así que hoy llegó el momento de hacer un vino para mí", expresó Pelegrina a Diario de Cuyo sobre este lanzamiento que promete dar que hablar en el mercado local y nacional.
Un blend de altura: la fusión de tres terroirs únicos de San Juan
El concepto detrás de Nada que ver es tan original como su nombre. El vino nace de la combinación de uvas provenientes de tres valles sanjuaninos con identidades geográficas y climáticas muy marcadas: Pedernal, Calingasta e Iglesia.
Lejos de buscar homogeneidad, el enólogo apostó a potenciar las particularidades de cada región:
- Valle de Pedernal: aporta una frescura única y un color vibrante.
- Valle de Calingasta: suma notas con una marcada impronta vegetal y frutal.
- Valle de Iglesias: completa el perfil con una gran concentración cromática y frutas en su punto justo de madurez.
“La etiqueta está inspirada en la unión de tres valles muy diferentes Pedernal, Calingasta e Iglesia que se unen y forman un vino totalmente distinto, por eso 'Nada que ver'. El enólogo se inspira en esta marca para mostrar que las diferencias siempre existen, pero también hay un punto de unión donde todo confluye a través de distintos animales en un concepto de estilo surrealista”, detalló la diseñadora gráfica Valeria Diumenjo, especializada en estética vitivinícola.
Con una propuesta descontracturada y pensada para romper moldes, Nada que ver se posiciona como una etiqueta de autor que combina la excelencia técnica de la viticultura sanjuanina con una fuerte impronta conceptual, invitando a los consumidores a descubrir un viaje sensorial a través de los rincones más extremos y fascinantes de la provincia.