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Hoy en el Auditorio Juan Victoria

La Consagración de la Sinfónica

Por primera vez, la orquesta de la UNSJ ejecutará la emblemática obra de Stravinsky.
Por Colaboradores Diario de Cuyo 30 de abril de 2015 - 00:00

No es una obra sencilla. Y además requiere un gran despliegue de instrumentos. Tal vez sean algunas de las razones por las que no se hizo antes en la provincia. Pero el día llegó y finalmente, la Consagración de la Primavera estremecerá el Auditorio Juan Victoria (hoy a las 21.30, con entrada libre), ejecutada por la Orquesta Sinfónica de la UNSJ, con algunos refuerzos y bajo la batuta del Maestro Emmanuel Siffert, quien se manifestó "feliz" por este logro y alabó "la fuerza rítmica, las armonías místicas al comienzo de la segunda parte y la instrumentación" de esta verdadera joya moldeada por el ruso Igor Stravinsky.

"Ésta es la primera vez en San Juan y es muy importante para la Orquesta tenerla en el repertorio", comentó a DIARIO DE CUYO el director, quien confirmó que es "una obra difícil de trabajar, ya que es muy compleja rítmicamente". Para su interpretación, además y tal como señalaron desde la formación, se necesita un orgánico muy grande. Y si bien se optó por hacerla con una versión reducida, lo mismo tuvieron que contratar refuerzos: violines, cornos, clarinete, contrafagot y flauta.

Integrante de una serie de ballets (junto a El pájaro de fuego y Petrushka) creados para la compañía de Serguéi Diaghilev, con el majestuoso Nijinsky a la cabeza; aborda una historia anclada en la Rusia antigua, donde una doncella es raptada y debe realizar al inicio de la primavera un sacrificio para que el pueblo obtenga la benevolencia de los dioses: bailar hasta su muerte. Augurios primaverales, Juego del rapto, Cortejo del sabio, Adoración de la tierra, El sacrificio, Glorificación de la elegida y Danza sagrada son algunos de los pasajes de esta magnífica pieza, que debutó con el pie izquierdo. "Una sucesión estruendosa e incomprensible de sonidos y ruidos", fue el palazo prácticamente unánime que recibió La Consagración…, por su innovación en ritmo, melodía, armonía y orquestación. Transgresión que le deparó el cartelito de "rupturista" a Stravinsky, quien exploró todos los registros de los instrumentos (uno de los ejemplos más claros es el altísimo fagot de la apertura) y usó instrumentos poco frecuentes en una sinfónica, como el güiro o la trompeta piccolo. Cuentan que cuando la partitura original de La Consagración… (que en San Juan subió a escena con gran éxito, de la mano de Violeta Pérez Lobos y su Estudio Coreográfico Argentino) volvió a las manos del compositor ruso, él escribió en la última página: "Ojalá quien quiera que escuche esta música jamás experimente la burla a que fue sometida y de la cual fui testigo en el Théâtre des Champs Elysées, en París, primavera de 1913". Había nacido el mito.

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