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Espectacular

La noche que la Catedral de San Juan se volvió una sala de concierto sinfónico al ritmo de Mozart

En el marco de la conmemoración al martirio de San Juan Bautista, la Orquesta Sinfónica de la UNSJ realizó un concierto ante una Catedral totalmente repleta. Desde adentro, la experiencia musical única.

Por Celeste Roco Navea 27 de agosto de 2026 - 15:35

“Demos gracias a Dios. Pueden ir en paz”, se escuchó desde lo alto del altar en el interior de la Catedral San Juan Bautista al culminar la misa de la tarde del miércoles 26 de agosto. Sin embargo, pocos fueron los que se movieron de su lugar en las bancas. Fue solo cuestión de minutos para que el interior de la iglesia se colmara de sanjuaninos que se arrimaron hasta el lugar para ser testigos de un acto artístico único: el concierto de la Orquesta Sinfónica de la UNSJ.

El concierto, además de realizarse en un escenario tan único como atípico para este tipo de eventos culturales, tuvo un condimento religioso especial. Sucede que se realizó en el marco del día del martirio de San Juan Bautista, una celebración que se extiende por tres jornadas y que inició este miércoles. “Hoy en el atrio sagrado de esta Iglesia Catedral convergen trazos finales de dos grandes historias. La de San Juan Bautista, el patrono de los sanjuaninos, y la genialidad y la entrega de el gran músico de la modernidad, como es Mozart”, dijo el Padro Andrés Riveros ante decenas de personas en la previa al concierto.

La misa culminó unos quince minutos antes de las 21 horas, el horario previsto para el inicio del concierto, y ya para entonces había gran cantidad de sanjuaninos esperando para ingresar a la Iglesia, respetando el momento de la celebración litúrgica. Una vez que finalizó la misa, se abrieron las puertas de la Catedral y el espacio libre que había en los bancos comenzó a ser ocupado por niños, adolescentes, jóvenes y adultos que se habrían enterado por las redes o los medios del concierto. También se podía observar entre el público a files seguidores de la orquesta que este año maneja una temporada itinerante debido a que el Auditorio Juan Victoria de encuentra en obras.

Previo a la primera interpretación contemplada en el programa, el Padre Andrés Rivero subió al atrio y dedicó unas palabras a los presentes. “Por un lado, el martirio de San Juan Bautista, la obra cumbre de su existencia, que no fue la de una decapitación con un fin trágico, sino la del sello definitivo de una voz que clamó en el desierto, y la entrega total de que no dudó en entregar la vida por la verdad y por la justicia. El Bautista culmina su misión entregando la carne para que la luz prevalezca convirtiendo su propia partida en un monumento de coherencia y de fe. Por el otro lado, las notas finales de Wolfgang Amadeus Mozart, plasmadas en su sinfonía número 41, la monumental Júpiter que escucharemos esta noche. Al borde de la penumbra de su propia vida, el maestro de Salzburgo no compuso un lamento, sino una arquitectura musical ostentosa, luminosa y grandiosa. El fugado de su movimiento final no es más que la victoria de la forma sobre la muerte. Una afirmación rotunda de orden, belleza y trascendencia divina”, destacó el sacerdote en su alusión.

En otro fragmento detalló que tanto el martirio del profeta como Júpiter de Mozart son “en el fondo la misma cosa, un triunfo”. Para el Padre Riveros, reflejan el triunfo sobre la oscuridad. “Ambas nos recuerdan que los grandes actos de la humanidad no mueren con el último aliento, sino que resuenan para siempre cuando se entregan con verdad”, destacó.

Posterior a las palabras de bienvenida, el altar de la Iglesia Catedral se llenó de músicos de una calidad excepcional. Instrumentos de cuerda y vientos confluyeron en interpretaciones cargadas de emoción que se siguieron bajo la atenta y respetuosa escucha del público que se dividió entre las bancas y a los laterales de la iglesia, siguiendo cada instante del concierto de pie.

La primera pieza interpretada fue la Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta en Mi Bemol, que contó con la participación del dúo integrado por el profesor Daniel Sánchez en viola y Rosana Migani en violín, quienes con una exactitud digna de la calidad orquestan ejecutaron cada pieza de la composición. El escenario y la acústica que brindaba la iglesia hicieron que la interpretación tuviera un condimento especial.

Tras un breve receso que no excedió los diez minutos se dio continuidad al concierto con la segunda parte, obra Júpiter, sinfonía N° 41 en Do Mayor, una pieza que destaca por la majestuosidad que se refuerza con la presencia de trompetas y timbales, brindando un carácter radiante y ceremonial.

El concierto en su totalidad estuvo bajo la dirección de Wolfgang Wengenroth y su contexto no buscó llevar la música de Mozart al relato religioso, sino exhibir la afinidad poética, llevando luz a la oscuridad.

El aplauso del público que acompañó hasta cerca de las 22:30 horas reflejó sin duda el apoyo que estas propuestas artísticas tienen en la provincia. Incluso uno de los comentarios que más se dieron en las puertas de la Catedral era de parte de personas que se habían acercado por lo atractivo de la propuesta: escuchar un concierto sinfónico en un escenario tan icónico como simbólico, como es la Catedral de San Juan.

El próximo concierto será el viernes 4 de septiembre, a las 21 horas, en la Sala TES, en Rivadavia, donde se estará presentando el concierto para violín y orquesta de vientos de Kurt Weill, con la presencia del solista Alexander Zuzuk; y la Serenata N°2 de Johannes Brahms.

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