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CONFLICTO

La palabra de Darío Giordano tras el testimonio de Valentín Yankelevich: "Esos hechos nunca ocurrieron"

En un comunicado fechado el 12 de octubre, el viudo de Romina Yan rechazó los episodios denunciados, recordó que fue sobreseído en 2018 en una causa judicial y aseguró que no discutirá públicamente con su hijo.

Por Redacción Diario de Cuyo 13 de octubre de 2026 - 08:18

Darío Giordano, padre de Franco y Valentín Yankelevich y viudo de Romina Yan, respondió por escrito al relato que Valentín había dado dos días antes en una entrevista con Infobae, donde contó la violencia física y psicológica que dijo haber sufrido en su infancia. En un comunicado de prensa fechado este lunes 12 de octubre, el productor rechazó de manera categórica las acusaciones y adjuntó documentación judicial de una causa en la que fue sobreseído.

El texto arranca con un tono personal. Giordano se definió como una persona simple, criada en un barrio y rodeada de afecto, y recordó que formó familia con Romina siendo muy joven: aprendieron juntos y atravesaron alegrías y dificultades “como cualquier familia”. Sobre la muerte de Romina, el 28 de septiembre de 2010, dijo que destruyó el mundo que conocía, pero que no tuvo tiempo de detenerse porque tres chicos habían perdido a su mamá y lo necesitaban.

Contó que, viudo a los 36 años, muchos quisieron ayudarlo y opinaron sobre cómo debía criar a sus hijos. Él agradeció el respaldo, pero tenía claro que quería seguir siendo su papá. En ese contexto, sostuvo que además del duelo debió defender su lugar como padre en conflictos que nunca imaginó atravesar, y que lo hizo en desigualdad de condiciones: según planteó, hay personas poderosas que pueden instalar su versión de los hechos, mientras que otros, como él, solo cuentan con su palabra. Agregó que la exposición, los contactos y el poder no vuelven verdadera una versión.

Giordano admitió que seguramente cometió errores y que nunca pretendió ser un padre perfecto, pero marcó una diferencia entre reconocer fallas y aceptar una imagen que no reconoce como propia. Dijo que hoy enfrenta acusaciones públicas de enorme gravedad que le causan un profundo dolor.

El eje del comunicado es el rechazo a las denuncias: afirmó que ni antes ni después de la muerte de Romina hubo episodios de violencia en su familia. Recordó que el tema fue materia de una causa judicial en la que fue sobreseído en 2018, y sostuvo que los hechos denunciados nunca ocurrieron y, por lo tanto, nunca se comprobaron. Según los documentos que acompañan el escrito, el sobreseimiento fue total en una causa por lesiones leves agravadas por el vínculo; el hecho investigado databa de octubre de 2015 y la causa prescribió antes de llegar a juicio.

También se refirió a sus otros dos hijos, Azul y Dante. Aseguró estar convencido de que no reconocen haber vivido situaciones como las que se escuchan en los medios. Y deslizó una crítica a quienes sacaron a dos de sus hijos de una casa supuestamente violenta: le resulta extraño que se dejara allí a una niña de siete años. Hoy, dijo, Azul es una mujer de 20 años que estudia en el exterior y, cada vez que vuelve al país, regresa a la casa familiar.

Pese a la firmeza de su descargo, evitó la confrontación directa con Valentín. Prometió no discutir en público con él, no responderle a través de los medios, no cuestionar sus sentimientos ni exponer detalles de la intimidad familiar. Afirmó que lo ama “con toda el alma” y, aunque reconoció que en el duelo pudo no haber estado a la altura de lo que sus hijos necesitaban, les pidió perdón y dijo entender su angustia.

Explicó además por qué decidió hablar ahora: no puede seguir aceptando que su silencio se lea como una confirmación de lo que otros dijeron sobre él. Durante años eligió preservar su vida familiar y no convertir el dolor en espectáculo, y admitió que, entre otras cosas, nunca pudieron entender con claridad qué pasó aquel 28 de septiembre de 2010.

Giordano subrayó que sus hijos tienen derecho a sus propios recuerdos y sentimientos, y que él también guarda su historia y sus dolores por respeto. Lo que le resulta profundamente injusto, planteó, es que una historia familiar tan dolorosa se convierta en una disputa pública en la que parece tener la razón quien tiene más poder para hacerse oír. Aseguró que nunca buscó cámaras ni titulares ni lucró con el dolor de su familia, y que por el bien de sus hijos resignó cuestiones personales y hasta materiales.

En el cierre, advirtió que su decisión puede tener un costo enorme y que habrá quienes lo condenen sin escuchar su versión, pero prefirió asumirlo antes que iniciar una batalla mediática. Dijo que no pide compasión ni pretende ganar una discusión pública, sino defender su nombre y su lugar como padre, y que conserva la esperanza de poder hablar algún día con sus hijos “sin intermediarios y sin cámaras”. Terminó con una definición: más allá de cualquier acusación o diferencia, es el papá de sus hijos y los va a amar siempre.

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